El espíritu de Jonás

Por Wilfrido González

De acuerdo, la Biblia no habla del “espíritu de Jonás” sino del “espíritu de Elías”: He aquí, yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Jehová grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres: no sea que yo venga, y hiera la tierra con destrucción. (Malaquías 4:5-6).

Entendemos que esta profecía se refiere en parte a Juan el Bautista: Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas. Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista. (Mateo 17:11-13).

Y otra escritura que nos ayuda a ver que la profecía de Malaquías se refiere a Juan el Bautista es Lucas 1:17: Y el mismo irá delante, en su presencia, con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y los desobedientes a la sensatez de los justos, a preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. Pero por lo que estos pasajes implican tenemos que concluir que esta profecía no se cumplió completamente con el ministerio de Juan el Bautista porque obviamente él no “restituyó todas las cosas” ni tampoco preparó para el Señor un pueblo bien dispuesto (A los suyos vino, y los suyos no le recibieronJuan 1:11). Pero así como Juan el Bautista predicó antes de la primera venida de Jesucristo de la misma manera es la misión de la Iglesia en general “preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto” antes de su segunda venida, anunciando las BUENAS NOTICIAS – la verdad que liberará al mundo. Y, sin profundizar mucho en el alcance teológico de este asunto, esta es una forma en que generalmente podemos entender lo que significa la venida del espíritu de Elías: Que el Espíritu que movió al profeta Elías es el mismo Espíritu que movió a Juan el Bautista, y es el mismo Espíritu que mueve a la Iglesia en su proclamación del Evangelio.

Se predicen fechas para la Gran Tribulación,
para el Rapto Secreto, para el Armagedón…
Y los “verdaderos cristianos” siguen esperando que llegue el “grande y terrible Día del Señor” para que todos los pecadores reciban su merecido mientras ellos son raptados al cielo.

Sin embargo, veo con tristeza que hay otro espíritu que mueve a muchos creyentes cristianos; un espíritu diferente de aquel que busca hacer “volver los corazones de los padres a los hijos”, un espíritu diferente de aquel que busca “restituir todas las cosas” y “preparar un pueblo bien dispuesto” para el Señor. Yo llamo a este espíritu el “espíritu de Jonás”, y les voy a explicar a qué me refiero.

Cuando Dios llamó a Jonás, le dijo: Levántate, y ve a Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí. (Jonás 1:2). Jonás sabía que Nínive era una ciudad llena de maldad, y Dios mismo lo confirma, y le dice “pregona contra ella”. Jonás podría haber pensado: “¡Por fin! Ya era hora de que Dios castigara a esos malvados, ¡y yo mismo se los voy a anunciar! ¡Claro que si!” Pero eso no fue lo que Jonás pensó… ¡prefirió huir! Pero uno de los aspectos mas relevantes de la historia de Jonás es el motivo por el cual Jonás no quería predicar contra Nínive. Leamos lo que pasó después de que Jonás huyó hacia Tarsis en un barco, y que fue tragado por un “gran pez”, y que después de tres días y tres noches el pez lo vomitó a la orilla del mar:

Jonás 3:3-4: Y se levantó Jonás, y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad sobremanera grande, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, e hizo el recorrido de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Hoy en día también se anuncia destrucción: Y vi otra señal en el cielo, grande y admirable, que era siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas es consumada la ira de Dios (Apoc. 15:1). El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová (Joel 2:31).

Y se predicen fechas para la Gran Tribulación, para el Rapto Secreto, para el Armagedón… Y los “verdaderos cristianos” siguen esperando que llegue el “grande y terrible Día del Señor” para que todos los pecadores reciban su merecido mientras ellos son raptados al cielo o llevados a las cavernas de Petra mientras pasan las calamidades… (Yo mismo pensaba así).

No me complazco en la muerte del
malvado, sino que se vuelva el malvado
de su camino y viva (Ezequiel 33:11).

Esa actitud es lo que yo llamo el “espíritu de Jonás”. Jonás quería que Nínive fuera destruida, por eso huyó de Dios (como veremos más adelante). Pero para desgracia de Jonás ocurrió algo insólito: Jonás 3:5-9: Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y pregonaron ayuno, y se vistieron de saco desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su trono, se despojó de su vestido, y se cubrió de saco, y se sentó sobre ceniza. E hizo pregonar y anunciar en Nínive, por decreto del rey y de sus nobles, diciendo: Hombres y bestias de carga, bueyes y ovejas, no prueben bocado, no se les dé alimento, ni beban agua sino cúbranse de saco hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente, y conviértase cada uno de su mal camino, de la violencia que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y arrepentirá Dios, y se apartará del furor de su ira, y no pereceremos?

Y seguramente Jonás también se preguntaba que habría de pasar: ¿Cumpliría Dios la profecía que le mando pregonar en Nínive o tal vez perdonaría a toda esa ciudad llena de maldad? De la misma manera muchos cristianos esperan que Dios cumpla la destrucción que fue profetizada desde hace muchos siglos. Y no dan lugar a la posibilidad de que el mundo se arrepienta como lo hizo Nínive.

Pero yo veo alrededor y, sí, veo extrema maldad en el mundo pero veo también que la obra del Evangelio crece como el proverbial grano de mostaza. Cada día hay más personas que creen el Evangelio y responden positivamente. Déjenme darles solo unos ejemplos:

– El presidente de nuestra denominación reporta lo siguiente:

“La Comunión Internacional de la Gracia continúa llegando a otros con las buenas noticias de nuestro Salvador. Durante la última década la Iglesia ha crecido de 40,000 a 47,000 miembros en todo el mundo. En los últimos tres años, muchas nuevas congregaciones se han levantado en las Filipinas, Bangladesh y África.” (La Mayor Demostración de Amor, Joseph Tkach, 23-Dic-09). Y por medio de las publicaciones en varios idiomas son muchos miles más los que reciben el mensaje del Evangelio por medio de esta iglesia. Y en realidad somos una organización relativamente pequeña pero somos uno de los medios que Dios está usando para llevar el Evangelio al mundo.

– Entre otras organizaciones que están proclamando exitosamente el Evangelio quiero mencionar el ministerio de Luis Palau. Su página Web reporta que ese ministerio alcanza a “más de 800 millones de personas en 112 países a través de la radio y la televisión”

– Y también está el ministerio (solo en idioma inglés) de Perichoresis, cuyo director, Baxter Kruger, ha sido entrevistado algunas veces en la serie Tú estás incluido de esta revista – Odisea Cristiana. El ministerio de Perichoresis comenzó en los Estados Unidos y se ha extendido a Australia y a Canadá.

Y muchos otros ministerios, misiones y fundaciones de ayuda trabajan apasionadamente en el Evangelio. Por eso quiero exhortar al lector creyente, a que se plantee estas preguntas: ¿Acaso la Iglesia fundada por Jesucristo mismo va a fracasar en cumplir su misión de enseñarle al mundo todas las cosas que El les mandó a los apóstoles? ¿Acaso el Elías profético no hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres, ni preparará un pueblo bien dispuesto para la Segunda Venida de Jesucristo – y entonces sí va Dios a herir la tierra con destrucción? ¿Acaso la Iglesia fracasará donde Jonás tuvo éxito (a pesar de que no era eso lo que él deseaba)?

Dios dice: No me complazco en la muerte del malvado, sino que se vuelva el malvado de su camino y viva (Ezequiel 33:11). Dios no quería la muerte de los malvados habitantes de Nínive, sino que ellos se arrepintieran y vivieran. Por eso aunque Jonás, en nombre de Dios, anduvo pregonando por la ciudad de Nínive que sería destruida a los cuarenta días de su predicación, asombrosamente aquella profecía de Dios NO SE CUMPLIO! ¿Cuál es el mensaje para nosotros?

Nosotros los creyentes que nos consideramos parte de la obra que inició Jesucristo debemos ir “con el espíritu y el poder de Elías” anunciado al mundo las Buenas Noticias con el propósito de preparar “un pueblo bien dispuesto”, lo cual significa que no debemos ir con el “espíritu de Jonás”, deseando que los “malos” no se arrepientan sino que desate la Tercera Guerra Mundial y entonces venga Jesucristo a “poner el orden” derramando terribles y espantosas plagas para darle su merecido a este mundo perverso y someterlo con “vara de hierro”.

Pero veamos el resto de la historia de Jonás:

Jonás 3:10 Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino: y se arrepintió del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo. Jonás 4:1-2 Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová, y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y compasivo, tardo en enojarte, y de gran misericordia, y que te arrepientes del mal.

Jonás conocía muy bien a Dios: El sabía que Dios era clemente y compasivo – ése era el Dios que él adoraba – pero resulta desconcertante como, a pesar de adorar al Dios clemente y compasivo, no compartía con El esa clemencia y esa compasión para con los “malos”. Y estaba tan enojado que prefería morirse, como vemos en los siguientes versículos (del 4 al 11): Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.

Y Dios, con toda paciencia, lo cuestiona ¿Haces tú bien en enojarte tanto? Y salió Jonás de la ciudad, y se sentó en el lado oriental de la ciudad, y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué acontecería en la ciudad.

Luego viene el relato de cómo Dios hizo crecer un arbusto (“calabacera”) que le daba sombra a Jonás lo cual lo alegró mucho. Pero al día siguiente Dios hizo secar el arbusto e hizo soplar un viento caliente, y Jonás no aguantaba el calor. Otra vez estaba muy, pero muy enojado, y se deseaba la muerte. Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte (en español moderno: “¡Me muero de coraje!”).

Y viene la suave respuesta del Dios clemente y compasivo: Y dijo Jehová: Tú has tenido lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?

Y el relato termina con una pregunta que no es respondida. Yo lo tomo como que nos toca responderle a Dios y a nosotros mismos pues lo que ahora está en juego es MUCHO MAS que una “gran” ciudad de “más de ciento veinte mil personas”: Esta vez son cientos o miles de millones de personas alrededor del mundo. Yo le respondería: “¡Sí!, claro que tendrás piedad de la humanidad, porque tú eres Dios clemente y compasivo, y te dueles del castigo. Por eso te rogamos que ayudes a tu iglesia en todo el mundo, para que de a conocer con poder el Evangelio de Jesucristo, que todo el mundo te conozca y se prepare como un pueblo bien dispuesto para la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo.”

Pero entonces, ¿por qué tan detalladas profecías acerca de “la bestia”, de los ejércitos de Gog y Magog, del dragón, de Babilonia la Grande, de las diez plagas y de las señales en el cielo? Bueno, el libro de Apocalipsis es un tema profundo pero tremendamente mal entendido. Y no siendo ese el tema central de este artículo solo quiero mencionar dos pasajes relacionados, que al ponerlos juntos (tal como uno de ellos lo indica) arroja mucha luz para una correcta interpretación de la simbología apocalíptica.

Joel 2:28-31 dice: Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne… Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.

¿Qué significa esto? El apóstol Pedro, hace unos dos mil años, afirmó que se había cumplido aquella profecía: Mas ESTO ES lo dicho por el profeta Joel: “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto.(Hechos 2:16-20)

“ESTO ES”, dijo Pedro (de esto estaba hablando Joel). Joel estaba usando un estilo literario llamado apocalíptico, y no se trataba de que literalmente el sol se convertiría en tinieblas sino que algo tremendo ocurriría: “Derramaré mi espíritu sobre toda carne.” ¡Libre acceso de la humanidad al Espíritu Santo! ¡Lo que en milenios jamás había visto el pueblo de Israel!

Seguramente se hablará más sobre el libro de Apocalipsis en futuras ediciones de Odisea Cristiana. Por el momento solo quiero agregar que en una reciente entrevista (en inglés – probablemente será traducida próximamente) que el Sr. Michael Feazell le hizo al Dr. Gordon Fee, en la serie Usted Está Incluido se menciona que del Apocalipsis solo los capítulos 21 y 22 corresponden a acontecimientos que ocurrirán en nuestro futuro – todo lo contrario de lo que yo había aprendido en la Iglesia de Dios Universal.

El punto es que así como para el pueblo de Nínive fue una buena noticia el ver que Dios tuvo compasión de ellos, así también, gracias a que el Evangelio está siendo proclamado cada vez más poderosamente alrededor del mundo, hay BUENAS NOTICIAS para la humanidad – ¡corran la voz! Sí, ven Señor Jesús… amén.

El-espiritu-de-Jonas

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