El bautismo: Simbolismo de las verdades centrales del evangelio

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Los rituales eran una parte importante de la adoración del Antiguo Testamento. Había rituales anuales, mensuales y diarios. Había rituales para los nacimientos y rituales para las sepulturas, rituales de sacrificios, de purificación y de ordenación. Era necesaria la fe, pero los rituales eran más importantes.

En el Nuevo Testamento, tenemos dos rituales básicos: el bautismo y la Cena del Señor, y no existen reglamentos detallados para ninguna de las dos observancias.

¿Por qué estos dos? En una religión en la que la fe es lo primordial, ¿por qué tenemos rituales? La primera razón, yo creo, es que ambos, la Cena del Señor y el bautismo, representan el evangelio de Jesucristo. Representan los elementos fundamentales de la fe.

La Cena del Señor nos recuerda la muerte del Señor, su vida, la cual compartimos ahora, y su promesa de regresar. Por lo tanto, tan a menudo como la celebremos, es un recuerdo de nuestra salvación con base en la muerte y la vida de Jesucristo.

El Bautismo representa el evangelio 

¿Cómo representa el bautismo las verdades centrales del evangelio? El apóstol Pablo escribió: «¿Ignoráis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? Pues, por el bautismo fuimos sepultados juntamente con él en la muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque así como hemos sido identificados con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la semejanza de su resurrección» (Romanos 6:3-5). 

Pablo está diciendo que el bautismo nos une con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección. Estos son los aspectos primordiales del evangelio (1 Corintios 15:3-4). Nuestra salvación depende de su muerte y de su resurrección. Nuestro perdón —ser purificados del pecado— depende de su muerte, y nuestra vida cristiana y futura depende de su vida después de la resurrección.

El bautismo simboliza la muerte del viejo hombre —el viejo ser que fue crucificado con Cristo— que murió con Cristo, sepultado con Cristo en el bautismo (Romanos 6:8; Gálatas 2:20; 6:14; Colosenses 2:12, 20). Representa nuestra identificación con Jesucristo. Aceptamos que su muerte fue «por nosotros», «por nuestros pecados». Reconocemos que hemos pecado, que somos propensos a pecar, que somos pecadores con necesidad de un Salvador. Reconocemos nuestra necesidad de ser purificados, y que esta purificación viene por medio de la muerte de Jesucristo. El bautismo es una de las formas en las cuales confesamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador.

Resucitados con Cristo 

El bautismo simboliza aun mejores noticias: en el bautismo somos resucitados con Cristo para que podamos vivir con Cristo (Efesios 2:5-6; Colosenses 2:12-13; 3:1). En él, tenemos nueva vida, y somos llamados a vivir de una nueva forma, con él como Señor guiándonos, dirigiéndonos fuera de nuestros caminos pecaminosos a un camino de justicia y amor. De esta manera, simbolizamos el arrepentimiento, un cambio en la manera en que vivimos, y también el hecho de que no podemos hacer este cambio nosotros mismos. Es hecho por el poder del Cristo resucitado viviendo en nosotros. Nos identificamos con Cristo en su resurrección no solo para el futuro, sino para la vida actual. Esto es parte del simbolismo del bautismo.

Jesús no inventó el ritual del bautismo. Fue desarrollado dentro del judaísmo; fue usado por Juan el Bautista como el ritual que demostraba el arrepentimiento, en el cual el agua simbolizaba la purificación. Jesús continuó esta práctica, y aun después de su muerte y resurrección, sus discípulos continuaron usándola. Representa el hecho de que tenemos una nueva base para la vida, y que esa nueva base es nuestra relación con Dios.

Pablo nos muestra que ya que somos perdonados y purificados por medio de la muerte de Cristo. El bautismo simboliza su muerte y nuestra participación en su muerte. Pablo también fue inspirado a añadir la conexión con la resurrección de Jesús. Cuando nos levantamos del agua bautismal, representamos el volver a una nueva vida, una vida en Cristo, con él en nosotros.

Pedro también escribió que el bautismo nos salva «mediante la resurrección de Jesucristo» (1 Pedro 3:21). No obstante, el bautismo en sí mismo no nos salva. Somos salvos por la gracia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo. El agua física remueve nuestra suciedad física y esto no nos salva, nos dice Pedro. El bautismo nos salva solo en el sentido de que es nuestra participación en la muerte y resurrección de Jesucristo y eso es lo que en realidad nos salva.

En un cuerpo 

Somos bautizados no solo en Cristo Jesús, sino también en su cuerpo, la iglesia. «Por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu» (1 Corintios 12:13). Esto significa que una persona no puede bautizarse a sí misma. Debe hacerse dentro del contexto de la comunidad cristiana. No existen cristianos secretos, personas que creen en Cristo pero que nadie los conoce. El patrón de la Biblia es confesar a Cristo ante otras personas, hacer un reconocimiento público de Jesús como Señor.

El bautismo es una de las maneras en que Cristo puede ser confesado, en la cual todos los amigos de la persona pueden ver ese compromiso que ha hecho. Debe ser una ocasión alegre, en la cual la congregación canta himnos y le da la bienvenida a la persona a la familia. O puede ser una ceremonia más pequeña en la cual un anciano (o un representante autorizado de la congregación) le da la bienvenida al nuevo creyente, representa el significado de lo que se está haciendo y los anima en las disciplinas espirituales que ayudarán a la persona a vivir en Cristo.

El bautismo es básicamente un ritual que reconoce que una persona se ha arrepentido del pecado, que ha aceptado a Cristo como Salvador, ya ha empezado a crecer espiritualmente, es, de hecho, ya un cristiano. El bautismo se hace generalmente después de que la persona ha hecho ese compromiso, pero a veces se puede hacer mucho después.

Los adolescentes y los niños 

Después de que una persona ha venido a la fe en Cristo, él o ella debería bautizarse. Esto podría ser cuando la persona es anciana o cuando es bastante joven. Una persona joven puede explicar la fe diferentemente de una persona anciana, pero la gente joven, no obstante, puede tener fe. Los adolescentes y aun niños pueden tener la tristeza genuina sobre el pecado, la fe genuina de que Cristo ha pagado por sus pecados, y el compromiso genuino a Cristo, y pueden ser bautizados.

¿Cambiarán eventualmente algunos de ellos su manera de pensar y se alejarán? Quizá, pero esto también ocurre con los adultos que profesan tener fe. ¿Serán algunas de estas conversiones de niños un error? Quizá, pero lo mismo ocurre con los adultos. Si una persona se arrepiente y tiene fe en Cristo, entonces la persona puede ser bautizada. No obstante, no es nuestra práctica bautizar a menores sin el consentimiento de sus padres o del guardián legal.

Si el padre de un menor se rehúsa a darle permiso para el bautismo, entonces el niño que tiene fe en Jesús no es menos cristiano por esperar hasta que él o ella se convierta en un adulto legal para ser bautizado.

Por inmersión 

Es nuestra práctica en Comunión de Gracia Internacional bautizar por inmersión. Creemos que esta fue la práctica que se utilizó en el primer siglo por los judíos y en la iglesia primitiva.

También creemos que la inmersión completa simboliza la muerte y la sepultura mejor que el rociar agua. No obstante, no hacemos del modo del bautismo un asunto que divida a los cristianos. Lo más importante es que la persona deje el viejo yo del pecado y que tenga fe en Cristo como Señor y Salvador.

Para desarrollar la analogía un poco más, podemos decir que la vieja persona muere con Cristo, ya sea que el cuerpo sea sepultado apropiadamente o no. La purificación es simbolizada aun si no se simboliza la sepultura. El viejo ser está muerto y la nueva vida está aquí.

La salvación no depende del modo exacto del bautismo (la Biblia no nos da muchos detalles en cuanto a este procedimiento de todos modos) ni de las palabras exactas, como si las palabras tuvieran un poder mágico por sí mismas. La salvación depende de la fe en Cristo no de la profundad del agua bautismal.

Un creyente que ha sido bautizado por medio del método de rociar agua es cristiano. Si tal persona desea convertirse en miembro de la Comunión de Gracia Internacional, no requerimos un nuevo bautismo a menos que la persona crea que sea apropiado. Si el fruto de la vida cristiana ha estado presente por 20 años, por ejemplo, no hay necesidad de darle importancia a la validez de la ceremonia de hace 20 años. La cristiandad se basa en la fe no en la forma en que se realiza un ritual.

El bautismo de bebés 

Es también nuestra práctica bautizar bebés. Permítanme hablar brevemente sobre dos de los argumentos más comunes sobre el bautismo de bebés.

Primero, las escrituras tales como Hechos 10:44; 11:14; 16:15 nos dicen que hogares enteros eran bautizados, y los hogares en el primer siglo regularmente incluían a bebés. Es posible que estos hogares en particular no tenían ningunos niños pequeños, pero yo creo que una mejor explicación debe ser observar lo mencionado en Hechos 16:34 y 18:8 como hogares enteros que creyeron en Cristo.

Un segundo argumento que a veces se usa para apoyar el bautismo de bebés usa el concepto de los pactos. En el antiguo pacto, los niños se incluían en el pacto, y el ritual de inclusión era la circuncisión, lo cual se les hacía a los bebés. El nuevo pacto es un mejor pacto, con mejores promesas, así que seguramente los niños están incluidos automáticamente y deben, por lo tanto, ser marcados con el ritual iniciador del nuevo pacto con el bautismo aun desde la infancia. No obstante, este argumento no reconoce la diferencia entre el nuevo y el antiguo pacto.

Argumentos acerca del modo y la edad apropiada del bautismo han existido por siglos, y los argumentos pueden ser considerablemente más complejos de lo que hemos dicho en los breves párrafos anteriores. Mucho más se podría decir, pero no es necesario hacerlo en estos momentos.

En ocasiones, una persona bautizada en la infancia desea ser miembro de la Comunión de Gracia Internacional. ¿Es necesario para nosotros bautizar a esta persona? Yo creo que esto debe decidirse según el caso, basándonos en la preferencia de la persona y en su entendimiento del bautismo. Si la persona recientemente vino a la fe y al compromiso de la fe, es probablemente apropiado bautizarla de nuevo. En algunos casos, el bautismo puede enfatizarle a la persona cuán decisivo es ese paso de fe que ha tomado. Si la persona fue bautizada en la infancia y ya ha estado viviendo una vida adulta cristiana por muchos años con buenos frutos, entonces no hay necesidad de insistir en bautizarla otra vez. Por supuesto, si ella desea bautizarse, lo haríamos con mucho gusto, pero no hay necesidad de darle importancia a ceremonias de hace décadas cuando el fruto cristiano está ya presente. Solo podemos alabar la gracia de Dios. La persona es cristiana ya sea o no que el ritual se haya hecho correctamente.

Compartir la Cena del Señor 

Por razones similares, es permisible para nosotros compartir la Cena del Señor con gente que no ha sido bautizada en la manera en que estamos acostumbrados. El criterio es la fe. Si los dos tenemos fe en Jesucristo, los dos estamos unidos a él, los dos hemos sido bautizados de una manera u otra en su cuerpo y podemos compartir el pan y el vino.

No queremos que nos distraigamos por argumentos acerca de los detalles. Deseamos ser amorosos hacia aquellos que tienen otras creencias. Espero que haya escrito suficiente para hacer nuestra posición razonablemente clara.

Concentrémonos en el cuadro mayor que nos ha provisto el apóstol Pablo: el bautismo simboliza nuestro viejo yo muriendo con Cristo, nuestros pecados siendo lavados, nuestra nueva vida viviéndose en Cristo y en su iglesia. El bautismo es una expresión de arrepentimiento y fe, y nos recuerda que somos salvos por la muerte y la vida de Jesucristo. El evangelio es un drama en miniatura, las verdades centrales de la fe siendo dramatizas cada vez que una persona entra al reino de Dios.

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