Dios no excluye a la ciencia

Editorial  Por David Ágreda

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[Leer] [Imprimir] [Articulos]   [Leer]   [PDF]   [Imprimir]Cuando hablamos de Ciencia y Religión, muchos piensan que estamos hablando de cosas que se contradicen una a la otra, pero en realidad, Dios no excluye a la ciencia y la ciencia no necesita excluir a Dios. El problema es que el término “religión” ha sido mal usado y desvirtuado al punto que puede causar una mala impresión en la mente de algunas personas. Aunque para muchos la religión puede representar algo de gran valor y grandes promesas, otros la consideran cosa de charlatanes.

En ese sentido, la religión no es muy diferente de las diferentes disciplinas de la ciencia. La medicina, por ejemplo, también tiene sus propios charlatanes que ofrecen la cura para cualquier enfermedad, existen prácticas médicas cuestionables, y algunos se aprovechan de la medicina para enriquecerse. Pero el hecho de que la medicina puede ser mal usada sólo testifica al hecho de que tiene un valor intrínseco que es desvirtuado al ser usada con propósitos no apropiados. Así es con la religión, a pesar de ser mal usada, sigue existiendo la “religión pura y sin mancha” (Santiago 1:27).

Incluso Albert Einstein, aunque no era un “creyente” en el sentido tradicional, fue un crítico firme del ateísmo. De esto nos habla el artículo “Einstein y la Teología”.

Uno de los campos en los que hay mayor diferencia entre la ciencia y la religión es en la explicación de qué sucede cuando morimos. John Halford nos explica que, aunque la Biblia no nos dice con exactitud lo que ocurre “inmediatamente” después de morir, nos da preciosas y grandísimas promesas de vida después de la muerte.

¿Son estas promesas para todos o sólo para unos pocos? Joseph Tkach nos aclara que aunque Dios desea lo mejor para todos, no todos lo aceptarán, por eso no creemos en el universalismo.

Una prueba de la existencia de Dios la tenemos en nuestra relación personal con él, como nos lo narra Wilfrido González. Es una relación tan cercana que Tammy Tkach nos dice que Él conoce tu nombre y Michael Morrison nos enseña a aprender a ser como Cristo en la vida diaria. Esta relación con Dios es lo que se vivió en el 2° Campamento Nacional Mexicano, como nos lo relata Samuel Mercado.

Ese gran amor de Dios se demuestra en lo que sucedió en la cruz, como nos lo explica Rubén Ramírez.

Disfrute su lectura.

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