RINCÓN DE ESPERANZA

Dios está siempre ahí
Pedro Rufián Mesa


Andrés, oncólogo y pastor evangélico, continuó explicándole a su paciente, Esperanza:
“En la vida, nuestro valedor más grande es Dios. Él nunca nos abandona ni pone excusas cuando sufrimos dolor, estamos deprimidos, desanimados o atravesando por problemas.
¡Dios está siempre ahí! Incluso cuando no sentimos que es así. El escritor Corrie Ten Boom, alguien que sufrió mucho en un campo de concentración nazi en la Segunda Guerra Mundial explica esta realidad bien cuando escribe: ‘Si miras hacia el mundo sentirás desconsuelo. Si miras hacia adentro te sentirás deprimida. ¡Pero si miras a Cristo sentirás descanso!”’.
Al mismo tiempo que Esperanza asentía con su cabeza afirmó: ‘Eso fue lo que hizo el patriarca José cuando se encontró en medio de los desafíos a los que enfrentó. Mirar a Dios y a su presencia. Nunca dudó cuando tenía que recordar quien era su fuente de fortaleza y esperanza’, tratando de afirmar en su mente y en su corazón los secretos que Andrés le había mostrado anteriormente de la vida del patriarca José.
“Pero por desgracia, y como muy bien sabes tú como psicóloga”, prosiguió Andrés, “eso no es lo que hacen muchas personas hoy, sino que han desarrollado lo que puede mejor describirse como ‘mecanismos de defensa’ en la vida, cuando de estos temas se trata.
Algunas personas le dan la espalda completamente a sus sentimientos. Creen que les será más fácil hacer frente a la vida si se cierran en sí mismas. Que es más fácil lidiar con ella en un estado de adormilamiento que sintiendo el dolor y los desafíos de una vida vivida en plenitud con todas sus pruebas.
Otras personas echan mano de la excusa del azar en los eventos. Creen que todo en la vida es solo una serie de sucesos caprichosos, una cuestión de suerte o ausencia de la misma. ¡Que algunas veces se gana y otras se pierde!
Estas mismas personas creen que si tienes suerte verdaderamente, a largo plazo, los números positivos estarán a tu favor.
Pero la verdad, como sugiere el autor M. Scott Peck en las cuatro primeras palabras de su libro The Road Less Traveled (El camino menos andado), ‘La vida es difícil’”.
Esperanza, que estaba atenta a lo que Andrés le estaba diciendo, intervino afirmando: ‘No hay duda que eso es así. Si no que me lo digan a mí: Primero fue mi madre la que sufrió con su enfermedad, y ahora soy yo la que me estoy enfrentando a la misma batalla. Aunque en mi caso es diferente por toda la ayuda que me estás dando’.
Después de unos momentos de silencio el doctor afirmó: “Hay veces en nuestras vidas que levantamos nuestras manos y preguntamos ¿por qué a mí? Y es en esos momentos cuando muchos de nosotros caemos en la frustración, la ira y empezamos a culparnos a nosotros mismos, a otros y a Dios.
Si permitimos que esos sentimientos atenacen nuestras vidas, ensombrecerán lo positivo que encierra cada experiencia.
Cuando se plantea la pregunta, ‘¿por qué me está sucediendo esto?’, lo que importa no es tanto los sucesos o las circunstancias sino nuestra respuesta a las mismas.
La realidad que la vida de José y las vidas de muchos otros ha demostrado es que, con la ayuda de Dios, cualquier situación puede ser usada para el bien, incluso cuando otros pretendieran el mal. Pero la verdad es que cuando las cosas van mal, a menudo, rechazamos a Aquel que necesitamos más, Dios. Cuando los problemas llegan a nuestras vidas muchos de nosotros empezamos a decir: ‘Dios, ¿por qué permitiste que esto sucediera?’.
Pero en lugar de decir: ‘¿Por qué Dios?’, o ‘¿por qué a mí?’, tenemos que aprender a reaccionar ante los desafíos de la vida como lo hizo José y muchos de los héroes de la fe, quienes en lugar de preguntar  ‘¿por qué?’ cambiaron la pregunta a: ‘¿Qué debo hacer ahora?’. Y más sabiendo que Dios puede darle la vuelta a las situaciones que son total-mente malas, si se lo permitimos. Eso fue lo que hizo en la vida de José. Y ese ha sido su patrón de actuación en las vidas de su pueblo a lo largo de la historia”.
Andrés, mirando a Esperanza con ternura y tomándole la mano, le dijo: “Cuando estés en duda, en dolor, en sufrimiento o confusión, espero que no preguntes ‘¿por qué a mí Dios?’, sino ‘¿qué tengo que hacer ahora Dios?’. Y pongas tu confianza en su plan, en sus promesas y en su presencia”. Odisea Cristiana
Continuará

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