Pensando en voz alta Por  Barbara Dahlgren

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¿Podría ser que cada generación tiene algunas cosas que la otra necesita – especialmente en la comunidad cristiana?

El término popular «brecha generacional» se refiere a la sima que separa a una generación más joven de una generación anterior y probablemente siempre ha estado ahí. Uno casi puede oír a Adán diciéndole a Eva: «Estos chicos no saben lo bien que viven. Nosotros sólo teníamos una hoja de parra para usar como ropa, ellos tienen todo el bosque».

Debe haber habido algún tipo de brecha, o ¿por qué el último verso en el Antiguo Testamento se refieren a los padres volviendo sus corazones hacia sus hijos, y viceversa? (Malaquías 4:6) ¿Podría ser que cada generación tiene algunas cosas que la otra necesita – especialmente en la comunidad cristiana?

Las personas mayores tienen una cierta cantidad de sabiduría, porque han vivido a través de muchas filosofías políticas, depresiones económicas, recesiones, guerras y rumores de guerras. La mayoría han experimentado problemas financieros, de salud, de la familia, y sí en verdad, incluso problemas de la iglesia, sin embargo, vivieron para contarlo. Ellos han visto nacer a sus hijos y morir a sus padres. Claro que se cansan más fácilmente, son incapaces de hacer lo que hacían antes, y son reacios a probar nuevas ideas, pero es por eso que necesitan a la generación más joven.

Las personas más jóvenes tienen una mayor movilidad, resistencia y fuerza física. Para ellos todo es nuevo y emocionante. Tienen entusiasmo y piensa en las posibilidades, el potencial y la productividad. Ellos no tienen miedo de hacer preguntas difíciles y no se conforman con respuestas evasivas. Ellos son el presente y el futuro. Claro que necesitan paciencia, tienden a saltar antes de mirar, y carecen de la sabiduría que proviene de la experiencia, pero es por eso que necesitan a la generación más vieja.

Las generaciones cristianas se necesitan entre sí.
Necesitamos valorar, respetar y apreciar mutuamente
los diferentes estilos, habilidades de
comunicación, preferencias, enfoques y perspectivas,
y centrarnos en la única cosa importante en común: Cristo.

1° Samuel 3 narra una historia generacional. El viejo Elí era el sumo sacerdote de Israel que tomó al joven Samuel en el templo para darle tutoría en los caminos de Dios. Una noche, Dios llamó a Samuel. Pero Samuel pensó que era Elí, así que corrió hacia él y le dijo: «Aquí estoy». Elí le dijo a Samuel que no lo estaba llamando, y que volviera a la cama. Cuando sucedió por tercera vez, Elí se dio cuenta que Dios estaba llamando al muchacho. Él le dijo a Samuel que volviera a su cama y si sucedía de nuevo dijera: «Habla, que tu siervo escucha». Eso es lo que hizo. Entonces Dios le reveló a Samuel que Elí y su familia pronto sufrirían. Al día siguiente, Samuel se mostró reacio a decir a Elí esta noticia, pero Elí insistió. A lo que Elí respondió: «Él es el Señor».

Esto es lo que me parece interesante de esta historia. Dios habló con Samuel, pero Samuel no tenía idea de que era la voz de Dios. Necesitaba de Elí quien tenía experiencia con Dios y esas cuestiones para explicarle lo que estaba sucediendo. Fue Elí quien sabía que era la voz de Dios, no Samuel.

Elí y Samuel se necesitaban mutuamente. El viejo Elí necesitaba pasar el manto del ministerio a alguien más joven. El joven Samuel necesitaba a Elí para enseñarle cómo usar el manto y tal vez no cometer los mismos errores que él había cometido.

Las generaciones cristianas también se necesitan entre sí, así que ¿cómo se pueden cerrar las brechas? Un buen comienzo viene de valorar a los demás por encima de nosotros mismos (Filipenses 2:3). Valorar, respetar y apreciar mutuamente los diferentes estilos, habilidades de comunicación, preferencias, enfoques y perspectivas, y centrarse en la única cosa importante en común: Cristo. Si Cristo es el enfoque general, Él va a cerrar la brecha. ◊


Este artículo fue publicado en la Revista Odisea Cristiana No. 48

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