Amor y obediencia van de la mano

Un pequeño testimonio de la fidelidad del Señor

 

Carina de Agreda
San Salvador, El Salvador

paisaje photo Photo by Tuscasasrurales

En mayo de 1995, mi esposo se independizó laboralmente y empezó a dar servicios de ingeniería eléctrica a empresas, tenía pocos clientes, al mismo tiempo su compromiso con la iglesia era mayor. En 1999 nació nuestro hijo David, con una discapacidad muy notoria a nivel cerebral, los negocios comenzaron a pararse un poco por la situación económica del país, el trabajo disminuyó considerablemente. A pesar de ello, nunca nos ha faltado nada. A nuestro hijo se le practicaron todos los exámenes que los médicos solicitaron y se le ha estado brindando el tratamiento de rehabilitación física que necesita, todo gracias a la provisión de Dios.

Para el 2004 estábamos esperando a nuestro segundo hijo, Josué, quien no nació con necesidades especiales, sino un niño muy sano, y aunque nuestra situación de trabajo decaía más, a él no le faltó nada al nacer, económicamente las cosas iban peor, el trabajo ya casi era nulo y tuvimos que despedir a nuestros empleados.

Para Diciembre del 2005, mi esposo comenzó a buscar empleo en algún lugar ya que no podíamos adquirir vivienda debido a la falta de ingresos fijos. Les cuento que habíamos tenido una casa, la cual perdimos en el terremoto del 2001.

Para enero del 2006 había puesto varias hojas de vida, lo llamaron de dos lugares, una Empresa de Ingeniería y una Institución Educativa. Él me decía que aceptaría el primer empleo que le ofrecieran. Lo llamaban para una entrevista en un lugar y el siguiente día tenia cita en el otro, es decir iban muy iguales en cuanto al proceso de evaluación, así transcurrieron 3 meses.

Cuando mi esposo me dijo que lo querían en cada trabajo, empecé a orar de una manera muy especial, Dios sabía mejor la situación que atravesábamos. En cuanto mi esposo salía de la casa para esas entrevistas yo oraba pidiendo dirección para él y que se le otorgara gracia a los ojos de las personas con las que tenía que tratar, no tenía palabras para orar, solo una actitud: recitar con devoción en mi corazón el Salmo 119. Cada palabra que leía la sentía profundamente, cada verso se me impregnaba, deseaba vivir conforme a lo que leía; mi corazón sentía lo que debía cambiar y este salmo tocaba mi espíritu y mi manera de razonar.

Una tarde, mi esposo se presentó a una última entrevista en la empresa de ingeniería, mientras él no estaba recibí una llamada de la Institución Educativa para que se presentara a una entrevista con el Jefe del Departamento, quien solo quería asegurarse que mi esposo estaba dispuesto para trabajar allí. Él se presentó al siguiente día a su primer día de trabajo.

Este tiempo nos ha afirmado aún más en la fe, tenemos un Redentor llamado Jesucristo, a quien verdaderamente hemos entregado nuestras cargas. El Salmo 119, me ayudó a estar clara que el Señor nuestro Dios quiere un compromiso de obediencia, no por temor sino por amor, porque si de verdad le amamos entonces el obedecerle será un deleite para nuestro espíritu.

En mi mente siempre ha estado la cita Josué 1:7 “Solamente esfuérzate y se muy valiente…”, esta cita es mas que palabras de aliento, es una armadura que debemos tomar para estar firmes en las adversidades, porque este esfuerzo del que se habla es confianza en lo que no vemos es valentía para no temer, saber que estamos seguros, es decirlo claramente tener FE. Fe que hay un Dios, el verdadero Dios, que es nuestro Padre y que cuida de nosotros.

Recitar el Salmo 119, me ayudó a conocer lo que el Señor espera de nosotros: amarlo y obedecerle. “Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia” (ver. 36). Recuerdo que Salomón le pidió al Señor sabiduría y no riquezas, el Señor le dio sabiduría y riquezas, igualmente a nosotros nos ha llenado de múltiples bendiciones que no pedimos, un trabajo con mejores prestaciones de las que le ofrecieron.

“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino, Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios” Salmo 119: 105-106.

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