¿Todavía podemos confiar en la Biblia?

Palabras Antiguas…

¿pero verdaderas por siempre?
¿Todavía podemos confiar en la Biblia?


 




Antes era todo tan sencillo ¿verdad?

Nosotros teníamos una Biblia Reina Valera de 1960, con las palabras de Jesús escritas en rojo. Tenía una columna al centro de las páginas con referencias útiles, y también tenía un amplio margen que te permite añadir tus propios comentarios “inspirados”. Todas tenían la pasta de color negro. No cabía duda, ésta era la Palabra de Dios.


            Ya no es así. Ahora hay docenas de traducciones de la Biblia que tienen deslumbrantes encuadernaciones. Los programas de computadora nos dan acceso directo a cientos de trabajos de referencia con sólo apretar un botón. Y hemos descubierto que las respuestas a las preguntas difíciles y las explicaciones de las escrituras difíciles no son tan claras ni tan sencillas como habíamos creído.

            Incluso peor aún, hemos visto cómo se incrementa la crítica a la Biblia en sí misma. Desde que El Código da Vinci se hizo muy popular, se han publicado cientos de libros sobre muchos llamados evangelios, epístolas y otros escritos antiguos que nunca se incluyeron oficialmente en la Biblia. Otros escritores dicen haber encontrado información codificada en los textos de la Biblia original, revelando detalladas predicciones de acontecimientos importantes de nuestro tiempo.
“Hemos visto cómo se incrementa la crítica a la Biblia en sí misma ¿Qué se supone que debemos hacer con esta avalancha de información?”
           
Muchos de estos libros son producciones oportunistas, escritas rápidamente para aprovechar el interés creado por la novela de Dan Brown. Pero otros son buenas investigaciones, y están escritas por investigadores serios bien cualificados para ofrecer sus puntos de vista.
            ¿Qué se supone que debemos hacer con esta avalancha de información? ¿Ha habido una conspiración para ocultarnos información vital? ¿Es la Biblia sólo una colección de escritos antiguos reunidos y preservados por los seres humanos? ¿Podemos seguir confiando en que es la Palabra de Dios? No debemos tener miedo de enfrentarnos con estas duras preguntas. Y esperamos mostrarte que hay respuestas y que no hay motivos para perder la confianza en el libro que Dios nos dio “para hacernos sabios en la salvación por la fe en Cristo Jesús” (2ª Timoteo 3:15).
¿Se contradice la Biblia a sí misma?
            La respuesta es sí y no. La Biblia está escrita en muchos estilos literarios. Algunos de estos estilos no se utilizan como estamos acostumbrados en el mundo moderno. Usan analogías, figuras literarias y lenguaje simbólico que no se dejan interpretar claramente.
            Si toda la Biblia se lee de una manera simple o literal, nos parecerá que tiene algunas contradicciones. Incluso los trabajos de los investigadores más conservadores de las Escrituras admiten que la Biblia contiene irregularidades gramaticales, exageraciones, descripciones imprecisas y citas inexactas. Tenemos que admitir que 1 Corintios 1:14, por ejemplo, es un error, porque Pablo nos lo dice.
            Nuestra habilidad para comprender y razonar está formada por nuestras experiencias personales y las tradiciones y modos de entender que configuran nuestras ideas y nuestra visión del mundo. Los que vivieron hace miles de años tenían una visión del mundo muy diferente de la nuestra. Incluso hoy, debido a diferentes tradiciones y experiencias, la gente honestamente llega a diferentes conclusiones sobre lo que la Biblia enseña, especialmente en los detalles.
            La Biblia no es siempre tan fácil como esperamos de la literatura en el siglo XXI. Pero lo fundamental es tener en cuenta las lecciones de la Biblia que no son controvertidas. Como Mark Twain dijo una vez: “No son las partes de la Biblia que no entiendo las que me preocupan, sino las partes que entiendo”.
¿Podemos esperar que la Biblia sea una guía fiable para todos los aspectos de la vida hoy?
            Una vez más, sí y no. La Biblia no dice que nos vaya a decir todo lo que necesitamos saber sobre todos los temas, ni siquiera de la mayoría de los temas. Cuando la Escritura nos habla del Sol que se levanta, como en Mateo 5:45 por ejemplo, su propósito no es hacer una afirmación del campo de la astrofísica. Cuando dice que la semilla de mostaza es la más pequeña (Mateo 13:31-32), no está tratando de darnos una lección de botánica. Las Escrituras lo que sí hacen es afirmar que son una guía valiosa de nuestras relaciones con Dios y con otros humanos. Dicen la verdad sobre la fe, la adoración, la salvación, la moral y la ética (2 Timoteo 3:15-16). Pero lo hacen de manera que lo pueda entender cualquiera en cualquier tiempo.
“La Biblia está supuesta a llegar a todas las personas a lo largo del tiempo. Desde antes de la Edad Media hasta después de la Era Espacial”
            Recuerda, la Biblia quiere llegar a personas a lo largo de los siglos, tanto a los que vivían en los tiempos del Nuevo Testamento, durante la Edad Media, durante la Revolución Industrial del siglo XIX, las dos Guerras Mundiales, la segunda parte del siglo XX… como a los que vivimos hoy. Y si Jesús no viene todavía, la Biblia seguirá llevando su mensaje a incontables generaciones futuras, cuya tecnología nos hará parecer hombres primitivos.
Así que, ¿estás diciendo que la Biblia no es históricamente fiable?
            Si lo comparamos a la mayoría de los escritos antiguos es muy fiable. Pero su nivel de precisión está disminuyendo por las expectativas de la ciencia e historia modernas. Las listas genealógicas pueden estar incompletas (Mateo 1:8; 2 Crónicas 22-24), los años de reinado de los reyes se han podido malinterpretar debido a las regencias, narrando hechos fuera de su secuencia temporal (Mateo 4:18-22; 8:14 Lucas 4:38-5:11), los hechos profetizados pueden no haberse cumplido en todos sus detalles (Hechos 21:11, 32-33; 27:10, 22), etc.
            Toda afirmación bíblica es verdad, pero algunas son imprecisas e incompletas. La “verdad” sobre algo no requiere que aceptemos todos los comentarios bíblicos como histórica o científicamente precisos. La mayoría de las críticas que se alegan contra la Biblia son fáciles de rebatir, y no alteran su mensaje principal.
            Cada parte de la Biblia debería ser evaluada de acuerdo a su propio uso y propósito. Su propósito raramente necesita incluir detalles de historia o de ciencia. Algunas de esas cosas las necesitamos saber y otras no. Dios no está preocupado por si entendemos astrofísica, botánica o cronología; y nos equivocamos si tratamos de usar su libro inspirado para propósitos para los que no fue ideado.
¿Estás diciendo que no se aplica todo a nosotros?
            Algunas partes de la Biblia están diseñadas para una situación específica en una cultura específica, y sería erróneo por nuestra parte separarla de su contexto e interpretarlas según nuestra situación actual y según nuestras maneras de expresión propias.
            A los cristianos del primer siglo se les dijo que orasen con las manos levantadas (1 Timoteo 2:8). A los esclavos se les decía que se sometieran incluso a amos crueles (1 Pedro 2:18). A las vírgenes se les aconsejaba que permanecieran vírgenes (1 Corintios 7:26). A las mujeres se les decía cómo vestir cuando orasen (1 Corintios 11:5), y a los hombres se les decía cuán largo debía ser su cabello (v. 14). También se decía que había que saludar dando un beso. Todo esto atendía a lo que era apropiado en el siglo primero en la cultura mediterránea, pero no necesariamente se da ahora en toda la cultura occidental.
            Si los apóstoles hablasen inmersos en nuestra cultura, puede que citasen el Antiguo Testamento de forma distinta, incluso usarían distintas escrituras. Las parábolas se referirían a la vida urbana, y las referencias a la esclavitud no se incluirían.
            La Biblia se escribió en una cultura diferente. Sus verdades fueron dichas con palabras y estilos marcados por esa cultura. El hecho de ser posible hablar atravesando culturas, para encajar en situaciones que nunca existieron cuando éstas se escribieron, es un testimonio de su autoridad continua. Sus verdades atemporales se nos presentan revestidas de una cultura concreta.
¿Nos estás animando a elegir lo que nos convenga a la hora de vivir por toda la palabra de Dios?
            No, al menos no de una manera que permita sólo aceptar las partes que más nos gusten y descartar las que no. Pero la mayoría de nosotros pone un filtro en la Biblia, un filtro del que casi nunca somos conscientes. Decimos que la Biblia es una autoridad para los creyentes y practicantes, pero no aceptamos partes de ella que reglamentan nuestra vida.
            Por ejemplo, la Biblia dice que debes destruir tu casa si tiene moho (Levítico 14:43-45). Pero muchos de nosotros no tomamos esto seriamente. El sentido común nos permite poner esa escritura en su sitio y propósito original.
            Sin embargo, no estamos sugiriendo que de forma rutinaria olvide la Biblia y siga su sentido común. No tenemos que elegir entre esos dos extremos, pero los cristianos deben pensar en la clase de autoridad que la Biblia tiene. Su propósito es introducirte en las buenas noticias del reino de Dios, y hacerte sabio para la salvación.
¿Qué consejo das para aquellos que leen estas cosas por primera vez?
            Puede que sea de ayuda pensar en la Biblia como si fuese un árbol. Muchos cristianos ven que el árbol es sólido y con buenas raíces, y en eso están en lo cierto. Pero puede que entonces asuman que todas sus ramas, incluso los tallos, son igualmente sólidas. Piensan que pueden apoyar una escalera contra cualquier parte del árbol sin darse cuenta que algunas de las ramas no se diseñaron para soportar ese peso.
            Las ramas pequeñas pueden soportar la escalera por un tiempo pero, cuando un viento fuerte sopla o cuando hay una presión especialmente fuerte, la escalera se vuelve inestable y posiblemente peligrosa.
            Debemos empezar en el tronco del árbol y movernos por las ramas sólo cuando hemos comprobado su estabilidad. Algunas partes de la Biblia son buenas para la decoración, por ejemplo, pero no para sustentar peso. Tienen valor, pero no siempre en la manera que creemos. Fueron inspiradas por un propósito y hacemos mal si intentamos que sirvan para un propósito diferente. Nunca olvide el hecho de que la información de la Biblia está ahí para hacernos “sabios para la salvación”. En eso sí puedes confiar.
Pero una vez que admites que la Biblia tiene sus limitaciones ¿no dejas abierta la caja de Pandora?
            Puedes creer algo sin tener pruebas irrefutables. Pero hay cosas que puedes aceptar por fe. No fe ciega, sino fe basada en evidencias y sustancia, como dice la epístola a los hebreos. Una persona que se compromete con Dios tiene razones para tener fe. Aunque no necesariamente se apoye en razones científicas capaces de convencer a un ateo.
            Y, de igual manera, tampoco pueden aquellos que tengan dudas basarse en pruebas científicas. Un ateo no puede probar que Dios no existe, o que Jesús no resucitó. Así que no consideres las evidencias para tu fe de una clase inferior a las evidencias que tiene un escéptico.
            La experiencia personal nos ayuda a entender que la Biblia tiene autoridad. Este es un libro que tiene el coraje y la honestidad de hablarnos de nuestra depravación y de la gracia de ofrecernos una conciencia limpia y vida eterna. Nos da una transformación espiritual y rectitud, no por normas y mandamientos, sino de una forma inesperada: a través de la gracia y del trabajo redentor de nuestro Señor. La Biblia nos da testimonio del amor, el gozo y la paz que podemos tener por la fe; realidades que están, como dice la Biblia, más allá de nuestra habilidad de ponerlas por escrito. Este libro nos da sentido y propósito en la vida cuando nos habla de la creación divina y de la redención.
            Nos damos cuenta de que no todos van a estar de acuerdo con este entendimiento. Otros llegan a conclusiones distintas sobre la credibilidad de la Biblia. Algunos cristianos creen que toda palabra debe tomarse en su sentido literal. Y habrá quienes incluso creerán que es menos fiable de lo que nosotros hemos dicho aquí. Respetamos su fe en Cristo, pero repetimos lo que creemos, en resumen, que la Biblia es la palabra inspirada de Dios, con autoridad y confiable en materia de fe, adoración y ética. 
¿Qué ocurre con los evangelios “extra-bíblicos” y las epístolas que no están en el Nuevo Testamento? ¿Por qué no los leemos igualmente? ¿Cómo sabemos lo que debe estar en el Nuevo Testamento?

Todo eso realmente merece un artículo aparte. ■

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