¡Hay mucho para agradecer!


Paulina de Barrero

Cada año, varios países del mundo celebran un día para dar gracias; es una costumbre preciosa.  En Canadá lo hacen el segundo lunes de octubre.  En las islas vírgenes lo celebran el 25 de octubre después de una temporada de huracanes.  Liberia ha escogido el primer jueves de noviembre y Estados Unidos lo hace el cuarto jueves de noviembre.

El día de acción de gracias en Estados Unidos comenzó con un grupo de inmigrantes que sobrevivieron el primer año en tierras nuevas.  Hicieron un festival en agradecimiento por las cosechas.  Ellos reconocieron que Dios fue la fuente de sus bendiciones y le dieron gracias por continuar con vida, por la comida y el cuidado.

Dar gracias a Dios debe ser algo que hacemos diariamente.  Cada una de nosotras tiene innumerables cosas por las cuales estar agradecidas.

Consideremos por un momento por todas aquellas cosas que debemos dar gracias y que muchas veces damos por sentado: Tenemos mente que puede pensar, razonar, planear, diseñar y tomar decisiones basado en conocimientos adquiridos.  Dios nuestro Creador nos ha diseñado así y nos ha llenado de atributos.  Dios nos da el aire que respiramos, el alimento y el agua, sin los cuales sería muy difícil vivir.  Nos da la dicha de ver un amanecer y un atardecer, de disfrutar de buena música, de probar bocados deliciosos.  Nos ha dado talentos y habilidades para desarrollarlos.

También hemos vivido pruebas y dificultades y sin embargo han traído grandes lecciones a nuestra vida.  Nos han madurado, nos han quebrantado y de ellas hemos aprendido.  En todas las circunstancias por difíciles que hayan sido hemos visto la fidelidad y el amor de Dios para con nosotras.  ¿Cómo no agradecer por todo lo que sucedió durante todo el año?

El rey David en sus Salmos, muestra gran agradecimiento a Dios en todas sus situaciones.  En sus victorias y en sus derrotas o tiempos de prueba.  Siempre adoró y alabó a Dios por Sus obras, Su grandeza y Su fidelidad.  Él escribió en Salmos 28:6-7  “Bendito sea el Señor, que oyó la voz de mis ruegos.  El Señor es mi fortaleza y mi escudo.  En Él confió mi corazón y fui ayudado.  Por lo que se gozó mi corazón y con mi cántico te alabaré”   David sabía que cuando estaba en dificultades Dios lo libraría y lo ayudaría a crecer, por eso vivía agradecido con Él.

El ser agradecidas con Dios también nos hace ser agradecidas con los demás.  Hemos recibido abundantemente de muchas personas a nuestro alrededor directa o indirectamente.  ¿Cuántas bendiciones hemos recibido de nuestros padres, hermanos, esposos, hijos y otras personas?

Tenemos mucho por qué agradecer, ¡Hagámoslo con alegría!

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