Estamos en esta época de nuevo. Tiempo de hacer una lista de compras sin final, hornear sin parar, decorar y enviar tarjetas. Y quizás, sólo quizás, si tienes un poco de tiempo y energías, pensar sobre un bebé en un pesebre.
La navidad es una época de emoción mezclada con ansiedad. El estrés se acumula en la celebración. Sí, hay camaradería gozosa en el aire al desearnos “Feliz Navidad”, pero también hay galletas que hornear. Luces que colgar. Compradores con quienes competir. A veces el bebé en el pesebre es atropellado por una larga lista de quehaceres. Pienso en todas las personas corriendo de un lado a otro en Belén la noche que Jesús nació – cocinando su comida, arropando a sus hijos, encendiendo el fuego para calentar la fría noche. Indignado pienso: si yo hubiera estado allí, ¡habría invitado a María y José a mi casa! Les habría cocinado una buena cena, le habría dado a María un lugar cómodo para dar a luz a su hijo y habría visto su llegada al mundo. Todo esto habría hecho para ser parte del nacimiento del Salvador. Pero luego pienso en cuantas ocupaciones tenemos en la vida, especialmente en la época navideña. Sólo pensar en poner un lugar extra en la mesa es suficiente para enloquecer a cualquiera. Sin mencionar el cambiar las sábanas para una pareja de extraños. ¿Habría tenido yo “suficiente espacio en el mesón” para una mujer embarazada cuando no tengo ni siquiera para mis familiares que vienen de visita? ¿José y María se habrían quedado afuera viendo mi comedor a la luz de las velas antes de irse lentamente al granero a dar a luz al niño que vino para darme luz? El nacimiento de Cristo impactó al mundo. Pero sólo unos pastores y algunos animales estuvieron allí para darle la bienvenida. ¿Dónde estaremos nosotros? ¿Esclavizados de la cocina y peleando por lugares de estacionamiento, o cantando cantos de gloria a Dios y ofreciendo buena voluntad a los hombres? ¿Es la Navidad una bendición o una carga? Creo que depende de a Quién invites a participar. El Editor |
Foto por ruurmo