Por Sonia Orozco de Vengoechea

Pocas personas viven una vejez tranquila, libre de sufrimientos y enfermedades. Pocas mueren de muerte natural repentina. Si con la ayuda de Dios, que nos respalda como sus instrumentos, hacemos algo para que nuestros ancianos sean salvos, ya tendrán gran parte de tranquilidad y sobrellevar su vejez con contentamiento, aún en medio de dificultades y sufrimientos.

Pero hay una triste realidad, por la que digo que en la mayoría de los casos la vejez (como la niñez maltratada) es traumática, y tenemos la culpa quienes rodeamos a nuestros queridos ancianos. Se nos olvida que también llegaremos a viejos, y nos importa poco burlarnos de su «torpeza», sus «tonterías», sus «niñerías» y como queramos calificar, situaciones propias del proceso de envejecimiento del ser humano.

Es cierto que son más lentos, que son «anticuados» que son «entrometidos”, qué son «desaseados» pero tu y yo llegaremos allá y no sabemos si seremos tal vez peores, puesto que la degeneración de nuestras células por la pésima alimentación, el estrés y las diversas enfermedades (debido a la baja calidad de nuestra dieta, por el mundo agitado y en caos que vivimos, por la crisis global etc.)

Recuerda lo que hoy siembras eso cosecharás, siembra buen trato en tu prójimo, ama a los ancianos y trátalos bien, ya sean tus padres, tus suegros, tus abuelos, tus tíos, tus vecinos, tus amigos, o cualquier ancianito/a al que tengas oportunidad de dar una palabra de consuelo, de ánimo, de apoyo, una visita, tu compañía… haz con ellos como te gustaría que hicieran contigo, cuando estés viejo.

Los cristianos debemos ver a los ancianos como algo valioso, hay que verlos con los ojos de Jesús: Dios es un anciano: Daniel 7.9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia.

Los ancianos que responden a un contexto sano y a una buena crianza, son sabios y prudentes. En la Biblia el pueblo de Israel reconocía al «anciano» por sus dones de liderazgo, sabiduría y justicia. Se consagraba para administrar justicia, resolver disputas y guiar a las personas bajo su responsabilidad. Muchas escrituras lo corroboran:

· Líderes civiles, Éxodo 3.16; 4.29; 19.7; Josué 23.2.

· Setenta ancianos, Éxodo 24.1.

· Primer nombramiento de líderes, Deuteronomio 1.9–15.

· Escogidos para trabajos en la iglesia, Hechos 14.23; 16.4; 20.28–32.

· Consultan con los ancianos, Hechos 15.2.

· Honrados por su buen trabajo, 1 Timoteo 5.17–19.

Levítico 19.32 Nos invita a honrar a los ancianos: “Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor”.

Prov. 20.29 dice que la «honra de los ancianos está en sus canas (experiencia y sabiduría)»

Pero aunque los ancianos no son perfectos y tú no seas justo y considerado con ellos; Dios dice en su Palabra que Él los soportará y los guardará, porque Él nos ama a todos.

Isaías 46:4 «y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré».

«Ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo»

Cambiemos de actitud ante los viejos. Odisea Cristiana

Sonia Orozco de Vengoechea es pastora de la Iglesia de Dios Universal en Barranquilla, Colombia.

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