Paulina Salinas
Bogotá, Colombia
La vida es relaciones. Relaciones con nuestros seres queridos, relaciones en el trabajo, con amigos, vecinos, compañeros de estudio, etc. También relaciones con la naturaleza, las mascotas, el medio ambiente y más importante, relaciones que nutren nuestro espíritu, nuestro ser interior; nuestra relación con Dios.
Dios nos ha creado seres relacionales, Interdependientes. Nos necesitamos los unos a los otros. Necesitamos de nuestros hijos, de nuestro cónyuge, de nuestros padres, compañeros, amigos, etc., Vivir en sociedad es lo más fascinante y al mismo tiempo lo más difícil porque tener buenas relaciones, es todo un reto. La realidad es que no nos llevamos bien con todos y a veces hay personas que no nos caen muy bien.
Pero si la vida son relaciones, tenemos que aprender a disfrutar de nuestras diferencias y aprender a gozar más las relaciones con todos.
¿Cuál puede ser una clave para llevarnos bien con los demás? Filipenses 4:8, nos contesta esta pregunta: “… piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza” (Biblia Dios Habla Hoy).
¿Se dan cuenta que hacemos precisamente todo lo contrario? Nuestra tendencia es ver la falta, hacer énfasis en el error, señalar la equivocación, mirar un punto negro en toda una hoja blanca, etc., etc. Por eso nuestras relaciones se encuentran en mal estado. Las esposas se centran en lo que les falta a los esposos y viceversa. Los padres hacen énfasis en los errores y las faltas de los hijos. Los jefes no valoran el esfuerzo de sus empleados; y así sucesivamente en todas nuestras relaciones.
La gran mayoría de las veces cuando nos volvemos críticos y señaladores de los demás es porque no somos agradecidos. Cuando miramos las cosas y las bendiciones que hemos recibido de Dios y le damos gracias, podemos disfrutar de ellas. Igualmente, si comenzamos a mirar a los demás con un sentido de agradecimiento por lo que son, por lo que hacen; empezamos a verlos desde otra perspectiva, a verlos diferentes. Es por esta razón que el versículo de Filipenses nos dice que hagamos énfasis en lo bueno. Cada persona tiene virtudes, talentos y cosas buenas, dadas por Dios, así que cuando empezamos a mirar a los demás a través de los lentes del agradecimiento, empezamos a verlos distintos.
Cuando vemos a los demás como Dios los ve, como hijos amados de Él, perdonados por Él, justificados por la obra del Señor Jesucristo y santificados por la obra del Espíritu Santo, los vemos diferentes, podemos ver lo bueno, lo hermoso, lo puro, lo digno… y esto nos lleva a dar gracias a Dios por su amor y gracia para con todos.
Un buen ejercicio es que escriba el versículo de Filipenses 4:8 en una hoja grande y la pegue en la pared más cercana que vea cuando se levante cada día. Apréndase de memoria el versículo y pídale a Dios para que pueda ver su obra en usted y en los demás durante ese día. Al acostarse y cuando lea de nuevo el versículo, dé gracias a Dios por las cosas buenas que pudo disfrutar durante el día no sólo de usted misma sino especialmente de los demás. Verá qué alivio y descanso traen a su vida y de esta manera puede disfrutar de las relaciones, porque las relaciones son para ¡disfrutarlas!


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