Una breve introducción a la
Teología Trinitaria

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Dicho con simplicidad, la teología es el “conocimiento de Dios”. Nuestra comprensión personal de la teología consiste de todo aquello que creemos ser verdad con respecto a Dios. De una forma u otra, todos tenemos una teología. Y ciertamente cada iglesia y denominación tiene una teología, es el marco que sostiene e informa sus doctrinas y prácticas.

“La teología trinitaria” es una perspectiva particular de la teología que ve la Trinidad, como es mostrada en Jesucristo, no meramente como un punto doctrinal, sino como la doctrina central y fundamental que conforma las bases para como leemos la Biblia y como entendemos todos los puntos de la teología.

La teología trinitaria trata no solo del “cómo” y el “por qué” de las doctrinas y las prácticas, sino lo que es más importante, empieza con el “quién”. Se pregunta: “¿Quién es el Dios dado a conocer en Jesucristo, y quiénes somos nosotros en relación con él?”.

La Biblia nos pone frente a un Dios que ha elegido darse a conocer y en realidad estar con nosotros, y por nosotros en persona, en Jesucristo. Esto significa que no podemos mirar fuera de Jesús para comprender quién es Dios. En Jesús nos encontramos con Dios como es realmente, como el Dios, Padre, Hijo y Espíritu, que es por nosotros.

Cuando nos encontramos con Jesús descubrimos que nos presenta a su Padre celestial. En sus palabras y acciones escuchamos y vemos que el Padre nos ama incondicionalmente. Él envió a Jesús no movido por la ira o la necesidad de castigar a alguien, sino por su inmenso amor y por su inquebrantable compromiso con la redención humana. Cuando nos encontramos con Jesús en la Biblia hayamos que también nos presenta a su Espíritu, el Espíritu Santo de Dios, quien también actúa para llamar nuestra atención al ministerio de reconciliación de Dios.

La “teología trinitaria”, por lo tanto, no se refiere simplemente a una creencia en la doctrina de la Trinidad, se refiere a creer en este Dios Unitrino y a reconocer que esta doctrina, que señala a quien es en realidad el Dios de la Biblia, está en el corazón de todas las demás doctrinas y conforma la base sobre como entendemos todo lo que leemos en las Escrituras.

Centrada en Cristo

La teología trinitaria está primero, y sobre todo, centrada en Cristo. Nos dice que Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios, se ha convertido en uno con nuestra carne para ser nuestro substituto salvador y para representarnos como sus hermanos y hermanas en la misma presencia del Padre. Nos dice, que en Cristo, pertenecemos al Padre y que somos amados por él.

Esto significa que la vida y la fe cristiana tratan principalmente sobre cuatro clases de relaciones personales: 1) las relaciones internas de amor divino compartidas por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desde toda la eternidad, 2) la relación del Hijo eterno con la humanidad en Jesucristo encarnado, 3) la relación de la humanidad con el Padre dada por gracia a través del Hijo y el Espíritu, y 4) la relación de los seres humanos, unos con los otros como, hijos del Padre redimidos por Jesucristo.

La teología trinitaria es trinitaria en el sentido de que empieza con la comprensión de que el Único Dios existe eternamente en la unión y comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Esta teología está centrada en Cristo en el sentido de que se basa en la preeminencia de Jesucristo como es revelado en las Escrituras: el Hijo de Dios en la carne, uno con el Padre y el Espíritu; y uno con toda la humanidad.

Como señaló Thomas F. Torrance, uno de los principales teólogos trinitarios del siglo XX, Jesús es a la vez la base (fundación/origen) y la clave (principio organizador/lógica) de la Divinidad y de la totalidad del orden creado, incluyendo a toda la humanidad. Por lo tanto todo debe comprenderse en relación con él.

Jesús indica que él es incluso la clave para comprender las Escrituras. Él dijo a un grupo de líderes religiosos judíos en Juan 5:39-40: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”. Tratamos de leer e interpretar la Biblia por medio de las lentes de quién es Jesús. Por ello él es la base y la lógica de nuestra teología, porque solo él es la revelación propia final y total de Dios.

Historia inicial

La teología trinitaria conformó la base de la enseñanza cristiana como lo reflejan los primeros credos cristianos. Los primeros maestros y teólogos trinitarios prominentes incluían a Ireneo, Atanasio y Gregorio de Nazianzo.

Ireneo (murió en 202 d.C.) fue un discípulo de Policarpo, quien a su vez había  estudiado con el apóstol Juan. Ireneo se esforzó por mostrar que el evangelio de la salvación enseñado por los apóstoles y transmitido por ellos está centrado en Jesús. Vio que la Biblia presenta la Encarnación como un nuevo punto de inicio  para la humanidad (ver Efesios 1:9-10; 20-23). Por medio de la Encarnación, la totalidad de la raza humana “nació de nuevo” en Jesús. En Jesús, la humanidad tiene un nuevo origen y una nueva identidad.

La base bíblica del pensamiento de Ireneo incluyó las afirmaciones de Pablo en Romanos 5, donde se nos presenta a Jesús como el “segundo” o “final” Adán de la raza humana. “En Jesús”, escribió Ireneo, “Dios recapituló en sí mismo la antigua formación del hombre [Adán], para que pudiese destruir el pecado, privar a la muerte de su poder y vivificar al hombre…” (Contra Herejías, III.18.7).

Ireneo comprendió que Jesús tomó toda la humanidad en sí mismo y renovó a la raza humana por medio de su vida, muerte, resurrección y ascensión vicaria, en representación y substitución de la nuestra.

Ireneo enseñó que esta renovación, o recreación, de la raza humana en Jesús, por medio de la Encarnación, es mucho más que una obra “por” Jesús. Al contrario, nuestra salvación es mucho más que el perdón de nuestros pecados. Significa nuestra recreación total “en” y “por medio” de Jesús.

Atanasio (murió en 373 d.C.) defendió el evangelio contra falsos maestros, incluyendo a Arrio, que negó la divinidad eterna del Hijo. Esta defensa llevó a la formulación de la doctrina de la Trinidad, afirmada en el Concilio de Nicea en el año 325 d.C. En su tratado, Sobre la Encarnación, sección 20,  Atanasio escribió:

Así, tomando un cuerpo como el nuestro, ya que todos nuestros cuerpos estaban sujetos a la corrupción de la muerte, él sometió su cuerpo a la muerte en el lugar de todos y lo ofreció al Padre. Esto lo hizo por su puro amor por nosotros, de forma que en su muerte todos muriésemos… Hizo esto para poder volver de nuevo a la incorrupción a los hombres que habían vuelto a la corrupción, y les dio vida por medio de la muerte por la apropiación de su cuerpo y por la gracia de su resurrección…

¿Qué iba a hacer Dios? ¿Qué podría hacer, siendo Dios, sino renovar su imagen en la humanidad, de forma que por medio de ella los hombres pudieran una vez más venir a conocerle? Y, ¿cómo podría esto hacerse, salvos por la venida de la propia Imagen de  sí mismo, nuestro Salvador Jesucristo?… La Palabra de Dios vino en su propia Persona, porque él solo era la Imagen del Padre, que podía recrear al hombre hecho conforme a su Imagen. Así sucedió que tomaron lugar de una vez dos maravillas opuestas: La muerte de todos fue consumada en el cuerpo del Señor; sin embargo, porque la Palabra estaba en él, la muerte y la corrupción fueron en el mismo acto totalmente abolidas. Debía de haber muerte, y muerte por todo, para que la deuda de todos pudiese ser pagada.  Por lo que la Palabra…no pudiendo en sí misma morir, tomó un cuerpo mortal para poder ofrecerlo como suyo propio en lugar de todos, y sufriendo por causa de todos, por medio de su unión con ellos, “anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte, es decir, al diablo, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida” (Hebreos 2:14-15). Por su muerte la salvación ha venido a todos los hombres, y toda la creación ha sido redimida.

Ambos, Atanasio e Ireneo enfatizaron la naturaleza vicaria de la humanidad que Jesús asumió en su Encarnación. Solo por medio de su nacimiento, vida, muerte en sacrificio y resurrección del Hijo de Dios Encarnado podía Dios salvar a la humanidad. Esta es la esencia del evangelio comprendida por la iglesia inicial y revelada en las Escrituras.

Gregorio de Nazianzo (murió en 389 d.C.) escribió sobre la asunción de nuestra humanidad caída por Jesús por medio de su Encarnación:

Si alguien pone su confianza en Él [Jesús] como un hombre sin una mente humana, tal persona está privada de mente…porque aquello que Él no ha asumido no lo ha sanado; pero aquello que está unido a su Divinidad se ha salvado también.  Si solo la mitad de Adán cae, entonces aquello que Cristo asume y salva puede que sea la mitad también; pero si la totalidad de su naturaleza cae, debe estar unido a la totalidad de la naturaleza de aquel que fue engendrado, y así ser salvo como totalidad… (Epístola 101).

Teólogos trinitarios contemporáneos

En el siglo XX la teología trinitaria avanzó en Occidente principalmente por medio de la obra de Karl Barth y sus estudiantes, incluyendo a tres hermanos: Thomas F. Torrance, James B. Torrance y David Torrance y sus estudiantes.

En el siglo XXI hay cientos de teólogos trinitarios dispersos entre muchas denominaciones, incluyendo a Ray Anderson, Elmer Colyer, Michael Jinkins, C. Baxter Kruger, Alan Torrance, Trevor Hart y el extinto Colin Gunton.

¿Quién eres tú Señor?

La teología trinitaria contesta fielmente a la pregunta más importante: “¿Quién es Jesucristo?”. Esta teología bíblicamente anclada añade mucha más comprensión al evangelio, y nos da un vocabulario centrado en Cristo para compartir el evangelio con otros en nuestro mundo contemporáneo.

“¿Quién eres tú, Señor?” es la pregunta teológica principal. Esta fue la pregunta angustiada de Pablo en el camino de Damasco, donde fue derribado por el Jesús resucitado (Hechos 8:9). Pablo pasó el resto de su vida contestando esta pregunta fundamental, luego compartiendo la respuesta con todo el que escuchase. La respuesta, revelada a nosotros en las Escrituras, es el corazón del evangelio y el foco de la Teología Trinitaria.

Jesús es totalmente Dios, la segunda persona de la Trinidad, el divino Hijo de Dios, en unión eterna con el Padre y el Espíritu Santo. Las Escrituras nos dicen que por medio del Hijo de Dios fue creado todo el universo, incluyendo a todos los seres humanos (Colosenses 1:16), y es el que sostiene el universo, incluyendo a todos los seres humanos (Colosenses 1:17). Así, cuando decimos “Jesucristo” estamos también diciendo “Dios” y “Creador”.

Jesús es totalmente humano, el Hijo de Dios, la Palabra, se hizo humano, “carne” (Juan 1:14), mientras continuó permaneciendo totalmente divino. A esto se le llama la “Encarnación”. Las Escrituras testifican que la Encarnación nunca acabó, sino que continua, Jesús es ahora, y por siempre, totalmente Dios y totalmente humano. Resucitó y ascendió corporalmente. Regresará corporalmente, lo mismo que se fue. Cuando decimos “Jesucristo” estamos también diciendo “humanidad”.

Como el único que es de una forma única Dios, Creador y Sustentador de todo, y también totalmente humano, Jesús, en sí mismo, es la única unión de Dios y la humanidad. En y a través de la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesús todos los seres humanos están incluidos en la vida y el amor de Dios. Como el  apóstol Pablo enfatizó, el Jesús hombre (1 Timoteo 2:5) es el representante y substituto de todas las personas, pasadas, presentes y futuras. Él es el ser humano vicario que ha venido a vivir, a morir y a resucitar en nuestro lugar y por nosotros para reconciliarnos con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En Romanos 5, Pablo se dirige a los creyentes, pero lo que dice se aplica a toda la humanidad, creyentes y no creyentes. De acuerdo a Pablo, por medio de Jesús, todos son…

●  justificados por medio de la fe alcanzando paz con Dios (Vr. 1).

●  reconciliados con Dios por medio de la muerte de Jesús (Vr. 10).

●  salvos por medio de la vida de Jesús (Vr. 10).

Esta justificación, reconciliación y salvación se lleva a cabo

●  “cuando éramos todavía débiles” (Vr. 6).

●  cuando éramos “todavía pecadores” (Vr. 8).

●  cuando éramos todavía “enemigos de Dios” (Vr. 10).

Esto se llevó a cabo muy al margen de nuestra participación, no digamos nuestras buenas obras. Jesús hizo eso por nosotros y a nosotros, y lo hizo dentro de sí mismo. Como Ireneo dijo, haciéndose eco de Efesios 1:10, ocurrió en Jesús vía su Encarnación, por medio de una gran “recapitulación”.

Los beneficios de lo que Jesús hizo hace tanto se extiende al presente y al futuro, porque Pablo dice: “mucho más…seremos salvos por su vida” (Vr. 10b), mostrando que la salvación no es una transacción realizada en un momento, sino una relación permanente que Dios tiene con toda la humanidad, una relación forjada dentro de la persona de Jesucristo, el que, en sí mismo, pone en relación a Dios y a la humanidad juntos en paz.

Jesús, el segundo Adán

Continuando en Romanos 5, Pablo compara el primer Adán con Jesús, llamando al último el “segundo” o el “final” Adán. Notemos los puntos principales de Pablo:

● “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre [Adán]… todos pecaron…” (Vr. 12).

● “¿…mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucris- to?” (Vrs. 15).

● Y, “como por la transgresión de uno [aquella del primer Adán] vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno [la de Jesús, el segundo o final Adán] vino a todos los hombres la justificación de vida” (Vrs. 18).

Todos” significa realmente “todos

Pablo está hablando de lo que Jesús hizo por toda la humanidad. La dimensión de su vida humana vicaria se extiende a todos los seres humanos. Pero no todos los cristianos ven “todo” de esta forma:

El calvinismo, por ejemplo, dice que la salvación no es en verdad para todos, porque la expiación está limitada a los elegidos que están predestinados a ser salvos, que Jesús no murió por los no elegidos. Sin embargo, la Biblia declara que Jesús murió por todos, y que su muerte se aplica a todos ahora. Algunos pasajes relevantes incluyen (todos citados de la Reina Valera de 1960, excepto nota en contrario, con énfasis y comentarios entre corchetes añadidos):           

●  Juan 12:32: “Y yo [Jesús], si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”.

●  2 Corintios 5:14: “Porque el amor de Cristo nos compele, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron”.

●  Colosenses 1:19-20: “Porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.

● 1 Timoteo 2:3-6: “Esto es bueno y agradable delante de Dios, nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos…”.

● Timoteo 4:9-10: “Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida…porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen”.

●  Hebreos 2:9: “Pero vemos a aquel [Jesús] que…a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos”.

●  1 Juan 2:2: “Él [Jesús] es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

●  Ver también Juan 1:29; 3:17; Romanos 8:32; 2 Corintios 5:18-19; Tito 2:11 y 1 Juan 4:14.

Aunque hay incluso más evidencia, esta evidencia bíblica es suficiente para concluir que Jesús murió por toda la humanidad.

La salvación es recreación no mera transacción

El arminismo, en contraste con el calvinismo, está de acuerdo en que “todos” se refiere a toda la humanidad, sin embargo, la salvación es potencialmente suya, no en realidad ya que la salvación no es dada realmente hasta que una persona tiene fe.

Pero la Biblia nos dice que la salvación no llega por medio de una mera transacción por la que Dios nos da la salvación a cambio de nuestro arrepentimiento y fe.

En lugar de una transacción, las Escrituras presentan la salvación como una recreación. En Jesús, que es totalmente Dios y totalmente humano, el representante y substituto de toda la humanidad, todos los seres humanos son una nueva creación. Aunque es experimentado solo por medio de la fe, todos los seres humanos están justificados, reconciliados y salvados, precisamente porque están todos incluidos en Jesús, incluidos en su Encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión.

Jesús hizo todo esto por nosotros y a nosotros al hacerlo con nosotros y en nosotros, como uno de nosotros. Jesús es el Uno por los muchos, los muchos en Uno. Por lo tanto, entendemos por las Escrituras que…

●  Cuando Jesús murió, toda la humanidad murió con él.

●  Cuando Jesús resucitó, toda la humanidad resucitó a una nueva vida con él.

●  Cuando Jesús ascendió, toda la humanidad ascendió y se sentó con él al lado del Padre.

Repasemos los pasajes relevantes:     

● 2 Corintios 5:14-15: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

Como vimos antes en Romanos 5:18, el resultado de la justicia de Jesús es “justificación para vida a todos los hombres”. Se nos dice que aceptemos el sacrificio de Cristo, pero esto no causa que el sacrificio sea efectivo, era ya efectivo.

●  Colosenses 1:15-17: “Él [Jesús] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas,  las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios,  sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”

Porque Jesús es Creador y sostenedor de la totalidad del  cosmos, incluyendo a toda la humanidad, cuando él murió, toda la creación, incluyendo a todos los seres humanos, “descendieron” con él, “por lo tanto todos murieron” (2 Corintios 5:14). Y cuando él resucitó, todos resucitamos; y cuando él ascendió, todos ascendimos. Jesús incluye a todos en su Encarnación, en su vida, en su muerte, en su sepultura, en su resurrección y en su ascensión.

● Romanos 6:10: “Porque en cuanto [Jesús] murió, al pecado, murió una vez por todas…”.

La muerte de Jesús es ya efectiva para todo el mundo; él murió al pecado  una vez por todos.

● Efesios 2:4-5: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia sois salvos!”.

●  1 Pedro 1:18-20: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis… sino con la sangre preciosa de Cristo,… ya destinado [a salvar la humanidad] desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”.

El evangelio es sobre relaciones, una relación con Dios hecha real por la propia acción de Dios en Cristo en nuestro nombre. No es sobre una serie de demandas, ni es sobre una simple aceptación intelectual de una serie de hechos religiosos o bíblicos. Jesucristo no solo nos defendió ante el asiento del juicio de Dios; nos atrajo a sí mismo y nos hizo con él y en él, por el Espíritu, hijos propios amados de Dios.

Aquel en quien todo el cosmos, incluyendo a toda la humanidad, vive, se mueve y es (Hechos 17:28), se convirtió en totalmente humano mientras permanecía totalmente divino (Juan 1:14).

Muchas teologías presentan un punto de vista truncado de la Encarnación, viéndola como una acomodación a corto plazo de Jesús para pagar el castigo del pecado humano. Pero las Escrituras presentan la Encarnación como una realidad permanente.

El milagro de la Encarnación no es algo que sucedió “una vez” en un tiempo, ahora pasado. Es un cambio sobre como es “conectado” la totalidad del cosmos, es una nueva creación (2 Corintios 5:17). La Encarnación lo cambió todo para siempre, alcanzando hacia atrás a toda la historia humana, y alcanzando hacia adelante a todo el tiempo a medida que se abre paso.

Pablo habla de esto en Romanos 7:4, donde dice que incluso mientras estamos vivos, estamos muertos a la ley por el cuerpo de Cristo. La muerte de Jesús en su carne humana por nosotros, aunque un evento histórico, es una realidad presente que se aplica a toda la humanidad, pasada, presente y futura. Este hecho cósmico afecta a toda la historia. Esta comprensión es enfatizada en Colosenses 3:3: “Habéis muerto”, les dice Pablo a los colosenses históricamente vivos, “y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. Incluso mucho antes de que literalmente muramos, por lo tanto, estamos ya muertos en la muerte de Jesús y vivos en la resurrección de Jesús.

Esto está quizás más claramente expresado en Efesios 2:5-6, donde Pablo  asegura que, ya que fuimos muertos en el misterio de la muerte substitutoria de Jesús, todos fuimos también “juntamente con él resucitados” y “asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. En otras palabras, Dios en Cristo no solo intercepta la historia en un momento del tiempo, sino que también es el eterno contemporáneo de cada momento en el tiempo, presente allí con toda la humanidad incluida en él.

Pericoresis

La comunión eterna de amor que el Padre, el Hijo y el Espíritu comparten como la Trinidad conlleva un misterio de interrelación e interpenetración de las Personas divinas, un habitar mutuo sin perder la identidad personal. Como Jesús dijo: “…el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:38). Los primeros teólogos cristianos griego hablantes describieron esta relación con la palabra pericoresis, que se deriva de las palabras raíces que significan alrededor y contener.

El teólogo Michael Jinkins comenta como esta vida pericorética conlleva la relación de Dios con la humanidad:

La idea comunicada por la palabra pericoresis es crucial pero difícil de articular. Podemos explicarla mejor centrando nuestra atención en la Encarnación. Cuando la Palabra se convirtió en carne, Dios derramó su misma vida en la creación mientras, también y simultáneamente, tomó dentro de su propio ser unitrino nuestra humanidad en el acto supremo de abnegación propia para el beneficio de otros. En este acto libre de rendición propia, Dios nos permite mirar en el corazón mismo de su ser eterno, en el derramamiento eterno del Padre en su Hijo, Dios entregando su propio ser sin reservas. Este acto de entrega propia es en sí mismo no meramente algún  “algo”, sino que es Dios, el Espíritu Santo, fluyendo  eternamente del

Padre al Hijo, y por medio del Hijo a la humanidad. Al tiempo que el Hijo en gozosa rendición retorna su amor al Padre y el Espíritu Santo retorna eternamente al Padre, el origen de todo ser. (Invitation to Theology –Invitación a la Teología, Págs. 91)

Todos están en Cristo

En y por medio de Cristo, Dios alcanza para incluir a los seres humanos en su vida y amor. En y por medio de Jesús toda la humanidad está ahora incluida en la comunión eterna de la Trinidad, aunque esa comunión puede experimentarse solo por medio de la fe.

Jesús dijo a sus seguidores la noche antes de morir en la cruz: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:20).

Él no dice que un día serían incluidos, sino que están incluidos y que un día se darían cuenta. La salvación trata de estar “en” Jesús, no solamente de algo hecho “por” Jesús, que después aceptamos haciéndolo así “real”  o “verdadero” para nosotros. La salvación trata de una relación, y es por esto que Pablo habla tan frecuentemente en sus cartas, sobre 130 veces, de estar “en Cristo”, o con frases similares.

La salvación es nuestra solo en “unión” con Jesús, por la cual participamos en la vida perfecta de Jesús  y en su relación con el Padre y el Espíritu. Unidos a Jesús estamos incluidos ya en la vida y amor de Dios unitrino. Pero no podemos experimentar el gozo de esa vida sino por fe.

Como ya hemos visto en las Escrituras, por medio de la unión con Jesús, toda la humanidad es…

●  reconciliada con el Padre.

● querida, amada y gustada por el Padre.

●  aceptada “en el Amado” (Efesios 1:6).

●  perdonada, sin registro de pecado y sin condenación.

El evangelio no declara la posibilidad o la potencialidad de que estas cosas sean verdad para nosotros, sino de una realidad que somos urgidos a aceptar.

La fe de Cristo

En la versión de la Biblia Sagradas Escrituras en Español, leemos en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí;  y  lo  que  ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí”.

Esta y otras traducciones muestran apropiadamente que compartimos la fe de Cristo, en lugar de “fe en Cristo”. Es la fe de Cristo la que nos salva. David Torrance escribe (énfasis añadido):

Somos salvos por la fe y obediencia de Cristo al Padre, no por la nuestra. Mi hermano Tom [Torrance] citó a menudo Gál. 2:20: “Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí”. Esta es la traducción de la Biblia Sagradas Escrituras en Español, que creo que es una traducción correcta del griego que dice: “en pistei zo te tou viou tou theou “por la fe del Hijo de Dios”). Otras traducciones, porque aparentemente encuentran que es muy difícil de creer que podamos vivir por la fe de Cristo, en lugar de la nuestra, han alterado el texto para hacerlo decir: “lo vivo por la fe en el Hijo de Dios”. ¡Algo totalmente diferente! Esas traducciones suprimen la naturaleza vicaria de la vida de fe de Cristo. Es por su fe, no por la nuestra, ¡que somos salvos y vivimos! Nuestra fe es una respuesta agradecida a su fe. Cuando  reflexionamos en nuestras vidas y ponderamos cuán desobedientes hemos sido, a veces, y lo continuamos siendo, es maravillosamente consolador saber que Cristo nos da su vida de obediencia al Padre, y que es la obediencia de Cristo la que cuenta. Somos salvos por su obediencia, no por la nuestra. “An Introduction to Torrance Theology – Una introducción a la teología de Torrance Págs. 7-8).

Thomas Torrance escribe:

Jesús entra en la situación cuando somos llamados a tener fe en Dios, a creer y confiar en él, y actúa en nuestro lugar y en nuestro nombre desde dentro de las profundidades de nuestra infidelidad y nos provee gratuitamente con una fidelidad en la que podemos compartir… Esto significa que si pensamos en creer, confiar o en la fe como formas de actividad humana delante de Dios, entonces debemos pensar en Jesús creyendo, confiando, o teniendo fe en Dios el Padre en nuestro beneficio y en nuestro lugar…

Por medio de su unión encarnacional y expiatoria con nosotros, nuestra fe se implica en la suya, y por medio de esa implicación, lejos de ser despersonalizada o deshumanizada, Jesús hace que surja libre y espontáneamente de nuestra propia vida humana delante de Dios. Pero por sí misma, sin embargo, como Calvino solía decir, la fe es un vaso vacío, porque en fe descansamos sobre la fidelidad  de Cristo, e incluso la forma  en la  que descansamos es sostenida y mantenida por su inconmovible fidelidad (The Mediation of Christ – La Mediación de Cristo, Págs. 82-83).

Pero, ¿y nuestra libertad humana?

Si es la vida, fe, y obediencia de Jesucristo la que nos salva y nos incluye en esa salvación, ¿cuál es nuestro papel? ¿Qué sucede con este punto de vista a la idea de la libertad humana? Considera los puntos siguientes:

●  Toda la humanidad, por la decisión y acción soberana de Dios, es incluida en Cristo; esta inclusión fue predestinada y se ha llevado a cabo en Jesús, aparte de cualquier acción, creencia, obras, etc., de nosotros mismos.

●  Cada persona es ahora urgida, por medio de la acción del Espíritu, a creer en la palabra de Dios y a aceptar personalmente su amor.

●  Dios no impone esta decisión/aceptación personal a nadie; el amor debe ser libremente dado y libremente recibido; no puede ser forzado, o no es amor.

●  Así la decisión humana, el ejercicio de la libertad humana es de gran importancia, pero solo en este contexto de aceptar el don de Dios que ha sido ya libremente dado.

No al universalismo

Cuando nos referimos a la decisión humana estamos hablando de la respuesta personal. Y debemos de tener cuidado para no confundir lo que es objetivamente verdad en Jesucristo, para toda la humanidad, con una recepción individual personal y subjetiva, o encuentro con esta verdad objetiva.

●  Nosotros no “decidimos por Cristo” en el sentido de que nuestra decisión personal produzca o cause nuestra salvación.

●  Al contrario, por medio de nuestra decisión personal, “aceptamos” lo que ya es nuestro en Cristo, poniendo nuestra confianza en aquel que ya ha confiado por nosotros, en nuestro lugar, y como nuestro representante.

● El Espíritu Santo nos guía a confiar no en nuestra fe, sino en la de Jesús.

●  Esta unión objetiva, que tenemos con Cristo, por medio de asumir en sí mismo, en su Encarnación, nuestra humanidad, es personal y subjetivamente vivida en fe por medio del Espíritu Santo.

●  Cuando creemos personalmente el evangelio, que es aceptar lo que es ya nuestro por gracia, empezamos a gozar el amor de Dios por nosotros, y a vivir en la nueva creación que Dios, anterior a cualquier creencia nuestra, nos hizo ser en Cristo.

Está la verdad general, u objetiva, sobre toda la humanidad en Jesús, y también la experiencia personal, o subjetiva, de esta verdad.

Objetivamente todas las personas, pasadas, presentes y futuras están ya justificadas; todas están santificadas, todas están reconciliadas en Jesús, en y por medio de lo que él ha hecho como su representante y substituto. En Jesús, objetivamente, el viejo ser ha muerto ya; en él, objetivamente, somos ya la nueva humanidad, representada como tal por él delante y con Dios.

Sin embargo, aunque todas las personas están ya objetivamente redimidas  por Jesucristo, no todas han despertado personal y subjetivamente todavía y aceptado lo que Dios ha hecho por ellas. No conocen todavía lo que verdaderamente son en unión con Jesús.

Lo que es objetivamente verdad para todos, debe ser subjetiva y personalmente recibido y experimentado por medio del arrepentimiento y la fe. El arrepentimiento y la fe no crean o causan la salvación de una persona, pero la salvación no puede experimentarse y gozarse sin ellas. El arrepentimiento y la fe son en sí mismas regalos de Dios.

En las Escrituras encontramos algunos versículos que hablan de lo general/objetivo, mientras que otros hablan de lo personal/subjetivo. Ambas son rea-les y verdad, pero lo personal es verdad solo porque lo general es una realidad preexistente.

Estas dos categorías se encuentran a lo largo de las Escrituras, ocurriendo, a veces, ambas en un pasaje como sucede en 2 Corintios 5:18-21. Pablo empieza en los versículos 18-19 con lo objetivo/general: “Y todo esto proviene de Dios,  quien nos reconcilió [pasado] consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”.

Buenas noticias para todas las personas

He aquí una verdad general que se aplica objetivamente a todos: todos estamos ya reconciliados con Dios por medio de lo que Jesús ha hecho en unión con toda la humanidad.

Cualquier teología que sea fiel a las Escrituras y a Jesús mismo, debe contar con esta verdad. Desgraciadamente, muchas teologías tienden a ignorar este aspecto y se centran solo o principalmente en lo personal/subjetivo. Eso hace un flaco favor al evangelio, porque es el aspecto general/objetivo de quién es Jesús, y lo que él ha hecho, la base sobre la que descansa lo personal/subjetivo.

De nuevo en 2 Corintios 5, habiendo establecido lo general en los versículos 18-19, Pablo continúa en los versículos 20-21 para referirse a lo subjetivo/personal: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os  rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

¿Cómo pueden estar “reconciliados” ya todos y sin embargo, la invitación es a “reconciliarse con Dios”, sugiriendo una reconciliación por ocurrir todavía? La respuesta es que ambas son verdad, estas son dos aspectos de la misma verdad. Todos estamos ya reconciliados en Cristo, esta es la verdad general y objetiva, pero no todos han abrazado ya, y por lo tanto experimentado su reconciliación con Dios.

Estar reconciliado, y sin embargo no saberlo y experimentarlo, es continuar viviendo como si uno no estuviese reconciliado. Tener los ojos de uno abiertos a esta reconciliación por el Espíritu, elegir abrazarla, y luego experimentarla, no hace que la reconciliación ocurra, pero hace que la persona reconozca personalmente la misma. Así la invitación evangelística de los embajadores de Cristo (Vr. 20) es a “reconciliarse”. Pero este llamamiento no es a hacer algo que produciría la reconciliación; al contrario, es una llamada a recibir la reconciliación que existe ya con Dios en Cristo.

Lee la segunda parte de este folleto:

Preguntas y Respuestas sobre la Teología Trinitaria

Este folleto es gratuito. Usted puede obtener una copia electrónica en www.comuniondegracia.org e imprimirlo.

Texto por:  Ted Johnston y el Equipo de Desarrollo del Ministerio de GCI, USA, con: Dr. J. Michael Feazell, Dr. Michael Morrison, Terry Akers y Keith Brittain.

©2010 Grace Communion International

Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Versión Reina Valera de 1960 © por Sociedades Bíblicas Unidas.

Traducción al español: Pedro Rufián Mesa

Corrector de pruebas:  Eladio Arnaiz Sánchez

2 thoughts on “Una breve introducción a la Teología Trinitaria

  1. Estimados señores, fui miembro por 14 años de la Iglesia de Dios Universal, conoci en persona al señor Tkach, estudie en ese momento muchos de sus escritos que para mi tienen mucho sentido, siento que la iglesia se dividiera, pero bueno, con relacion a la Trinidad, yo comparto el hecho de Dios, Uno en Tres, y se que Jesus mostro al Padre, y dijo que el que lo veia a el veia al Padre, tambien mostro su obediencia, su capacidad de tomar la desicion por su regreso y que solo el sabe el dia y la hora, todo eso lo entiendo, creo que Jesus y el Padre, estan bien definidos, no hay duda, sin embargo me llama la atencion que el no aborde el tema del Espiritu Santo hasta al final, tambien veo que el Espiritu esta en lugares especificos, no es omnipresente, tanto que Jesus solo se encuentra en lo que el ha llamado, tampoco veo en ningun lugar que el halla dicho que si lo conocen a el conocen al Espirtu Santo, y veo en apocalisis, que Dios envio a sus espiritus en plural a la tierra. No quiero que piensen que no creo en el Espiritu Santo, el otorga los dones, pero creo que si tienen igualdades, pero tambien tienen diferencias, por ello no estoy tan de acuerdo que se diga que son iguales, porque ni la misma Biblia aclara este punto. otra cosa que llama la atencion es que en el trono solo aparece Jesus y el Padre, no el Espiritu, por lo que no creo que al espiritu se le atribuya tampoco el ser rey, o se le vaya a dar un reino…. bueno lo hago con la mejor intencion….hoy voy a una iglesia evangelica….pero creo que la pura verdad la guia Dios en nuestro corazon, y debe ser personal.

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