por Randal Dick

Saludos desde Singapur, donde acabo de tener una reunión con uno de los líderes principales del Cuerpo de Cristo en Indonesia. Temprano durante el día, más de 90,000 cristianos se reunieron en el Estadio Nacional de Jakarta, Indonesia, para orar por la intervención y bendición de Dios hacia la sitiada nación de ellos. También oraron para que Dios sea glorificado en medio de las consecuencias desastrosas de ésta tragedia, y para que algún valor del evangelio eterno proceda de la terrible pérdida de vidas en el país de ellos.

Éste pastor indonesio ha sido llevado al epicentro del esfuerzo socorrista hacia los sobrevivientes del tsunami. Al día siguiente, él debió escoltar a los oficiales de nueve grandes agencias de ayuda internacional en una inspección por aire de las áreas más fuertemente golpeadas de Aceh.

Cuando se le preguntó el grado de cooperación entre las agencias de ayuda, él dijo que ellos parecían estar hablando sobre éste punto, pero que era demasiado pronto para decirlo. Él pasó a decir que hasta el presente, el esfuerzo salvavidas más efectivo había sido los helicópteros militares de los E. U. y los marinos australianos, que habían dejado personal médico y provisiones en áreas que de otra manera eran inaccesibles.

Encontré irónico que un artículo del día anterior en un principal periódico asiático, citara el llamado del Secretario General de las Naciones Unidas hacia los Estados Unidos, para que cesaran sus operaciones independientes y “se retiraran a un segundo plano y cooperaran como parte de un esfuerzo dirigido por las Naciones Unidas”.

Aceh es también el epicentro del Islam fundamentalista en Indonesia—tanto así que elementos rebeldes han estado tratando de crear un país islámico independiente. Las personas de Aceh son algunas de las menos educadas y más reprimidas en Indonesia. Se puede usted imaginar lo que se les ha dicho a ellos sobre los Estados Unidos y sobre los «infieles» cristianos. Entonces, en el momento de un total destrozo de la vida—sin ninguna forma para continuar sobreviviendo, soldados cristianos americanos, australianos y otros, aparecen en el cielo no buscando nada sino dando comida y medicina sin costo alguno a los necesitados, pidiendo nada a cambio. Él dijo que el impacto entre las personas era enorme.

Algunas veces escuchamos más de lo negativo en la prensa acerca del ejército. Estoy agradecido que en ésta ocasión nuestros soldados están haciendo la obra del reino. Podríamos también orar que en una atmósfera donde abundan las oportunidades para la corrupción y la opresión, Dios proteja a los desprotegidos—tomando Él acción en contra de aquellos que busquen ganancias personales a expensas de las vidas de aquellos que están en apuros desesperantes.

El Occidente en general ha sido increíblemente generoso en su respuesta al desastre causado por el tsunami. La Iglesia de Dios Universal también ha respondido con el corazón y con sustancia. El pastor indonesio hizo algunas observaciones astutas que creo pueden ayudarnos a hacer un uso más efectivo de recursos futuros que pudiéramos otorgar.

El pastor me dijo que las necesidades inmediatas de supervivencia después del tsunami estaban siendo suplidas. Él dijo que las agencias de ayuda tienen buenos fondos y son efectivas, y que los gobiernos locales están retomando el control. Puedo confirmar esto, por artículos en el Bangkok Post y Straits Times de Singapur y otros, diciendo que el proceso de ayuda está bajo control hasta el punto donde los esfuerzos dirigidos por otras naciones están siendo reemplazados por los de los gobiernos respectivos. Más y más equipos extranjeros de rescate e intervención ya están empacando sus cosas y yéndose a casa.

Mi amigo pastor continuó diciendo que en Aceh la recuperación inmediata necesitada para sustentar la vida, debería estar completa cerca de Abril. Él también piensa que la prensa occidental se aburrirá, y que las crisis causadas por el tsunami pasarán a ser noticias anticuadas. Él continuó diciendo que la devastación fue tan completa que la infraestructura para sustentar la vida ha sido destruida en las áreas inmediatas.

Ningún comercio está funcionando del cual se pueda ganar dinero para reconstruir las casas o negocios. El pastor dijo que la iglesia en Indonesia se está preparando para ir más allá de salvar vidas, a reconstruir vidas. Él siente que ahora es cuando el cuerpo de Cristo necesita estar ahí para el máximo beneficio del reino. Él y otros grupos cristianos están planificando para éste servicio, están recolectando recursos y estableciendo mecanismos eficientes para su uso, para que así no sean desperdiciados.

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