La mujer en puestos de liderazgo

¿Pueden las mujeres servir como ancianas y pastoras? ¿Se les permite pastorear, conducir, dirigir y enseñar?  ¿Debería la iglesia estar también reconociendo y entrenando mujeres como pastoras y maestras?

La mujer en puestos de liderazgo

Empecemos el examen de esta pregunta haciendo una revisión histórica de cómo Dios ha usado a la mujer para ayudar a su pueblo. Examinaremos el asunto en gran detalle para ver qué dice y qué no dice la evidencia.

En el principio

Cuando Jesús hizo una pregunta acerca del divorcio, él usó la historia del Génesis para mostrar la intención original de Dios para el matrimonio (Mateo 19:4-5).

En el principio Dios dijo: “Hagamos al hombre1 a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y tenga dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, y en toda la tierra, y sobre todo animal que se desplaza sobre la tierra” (Génesis 1:26-27). Estos mandamientos fueron dados a ambos: varón y hembra. Génesis 1 trata al hombre y a la mujer por igual.

Este pasaje nos dice que, a pesar de las diferencias en apariencia, ambos el hombre y la mujer fueron creados a la imagen de Dios. A ambos se les dio dominio sobre la creación. “Tened dominio”, dijo Dios. El versículo 28 nos dice: “Dios los bendijo y les dijo: ‘Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra; sojuzgadla y tened dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se desplazan sobre la tierra'”. Estos mandamientos se les dieron a ambos el varón y la hembra. Génesis 1 trata al hombre y a la mujer de la misma forma.

En Génesis 2, sin embargo, vemos distinciones de género en la narración. El varón fue creado antes que la mujer y, como veremos más tarde, el apóstol Pablo nos dice que esta secuencia tuvo algún significado. Génesis 2 también nos dice que Dios tenía cierto trabajo y ciertos mandamientos para el hombre antes de que Eva fuera creada (Génesis 2:15-17, 19).

Sin embargo, no era bueno para el hombre estar solo. Por lo tanto, Dios hizo una mujer para él. Pablo nota esto, también, pero observa que “en el Señor ni el hombre existe aparte de la mujer, ni la mujer existe aparte del hombre” (1 Corintios 11:8-11). Adán reconoce que la mujer era la misma clase de ser que él, hecha del mismo material: “Ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Génesis 2:23). Este texto implica similitud, no diferencia. El versículo 24 luego dice que el marido y la mujer se convierten en una unidad.

Luego el pecado entró en el cuadro. Ambos, Adán y Eva pecaron, y ambos fueron avergonzados. Dios le habló primero a Adán, y luego a Eva. Luego Dios les explicó a Adán y Eva las consecuencias negativas de su pecado. Cuando él explicó las consecuencias, hizo algunas distinciones basadas en el sexo; a la mujer él le dijo que los nacimientos serían dolorosos. Al hombre, le dijo que el trabajo de agricultura sería difícil (Génesis 3:16-17).

El Génesis no responde directamente la pregunta que necesitamos responder, pero nos da algunas pistas. Primero, el hombre y la mujer fueron igualmente hechos a la imagen de Dios (Génesis 1). Sin embargo, igual valor e igual significado no requieren idénticos papeles. Ya que la historia nos dice que Dios no trató con el hombre y la mujer de la misma manera, concluimos que fueron hechas algunas distinciones de sexo.

Mujeres del Antiguo Testamento que fueron líderes

El Antiguo Testamento refleja una sociedad de dominio masculino. Muchas de las leyes fueron escritas bajo la perspectiva del hombre. Hay pocos ejemplos en el Antiguo Testamento de mujeres líderes. Sin embargo, varias veces en la historia Dios usó mujeres como líderes para su pueblo. Ellas ejercieron diferentes papeles de liderazgo. Así como los hombres líderes, algunas de las mujeres líderes fueron buenas y algunas no.

La mujer jugó un papel importante en el éxodo y en la formación de la nación israelita. María la profetiza cantó canciones de alabanza a Dios, guiando a otras mujeres a la alabanza pública a Dios (Éxodo 15:20-21). Más tarde, cuando ella ejerció su liderazgo en una forma equivocada, ella fue criticada por su rebelión pero no por ser una mujer en una posición de liderazgo (Números 12:1-15). María continuó siendo acreditada como una de las líderes originales de la nación (Miqueas 6:4).

Débora dirigió a los israelitas por varios años (Jueces 4:4-5). El texto no dice nada acerca de su papel de liderazgo como si fuera algo inusual o inapropiado; no dice nada que sugiera que ningún hombre israelita tuviera la capacidad. Sólo dice que ella fue una profetiza y que sirvió a los israelitas juzgando sus disputas, así como otros jueces lo habían hecho. Dios le habló a ella, aparentemente con regularidad, y ella le dio a Barac los mandamientos del Señor (vers. 6, 14). Ella desempeñó papeles civiles, militares y religiosos. Débora y Barac cantaron una canción de alabanza (Jueces 5:1-31). El versículo 7 atribuye la canción primeramente a Débora. Hulda la profetiza dio un mensaje autoritario al sumo sacerdote y a algunos hombres (2 Reyes 22:14-20).

Aunque la antigua Israel fue una sociedad de dominación masculina, y el liderazgo femenino fue inusual, no es incompatible con la forma como trabaja Dios. Dios algunas veces llamó a la mujer al papel de liderazgo, incluyendo papeles militares y religiosos, y la gente aceptaba ese liderazgo.

Mujeres líderes en el Nuevo Testamento

Las mujeres eran también importantes en el ministerio de Jesús. A diferencia de la mayoría de los rabinos, Jesús les impartía enseñanza a las mujeres (Lucas 10:38-42). Las mujeres estaban entre los discípulos viajeros (Lucas 8:1-3). A Marta le fue dada la visión espiritual para reconocer a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios (Juan 11:27).

Jesús le dijo a la mujer samaritana que él era el Mesías (Juan 4:7-26). La lección que él le dio acerca del agua viva fue justamente tan profunda como la lección que le dio a Nicodemo, y la mujer tuvo una mejor respuesta. Ella fue y le habló a la gente de su pueblo acerca del Mesías, y testificó eficazmente acerca de Jesús. Muchas de las personas creyeron en Jesús a causa de lo que ella les dijo (vers. 28-29, 39).

Después de que Jesús fue resucitado, él pudo haber elegido aparecer a los hombres primero, pero no lo hizo. Él se reveló a sí mismo primero a mujeres, y les dijo que les dieran órdenes a los hombres (Mateo 28:8-10). Aparentemente esperaba que los hombres siguieran las instrucciones de las mujeres.

La mujer continuó siendo una parte importante de la iglesia primitiva. Ellas estaban incluidas entre los 120 discípulos (Hechos 1:13-15). Pedro dijo que el Espíritu Santo hizo hablar tanto a los hombres como a las mujeres (Hechos 2:17). La historia de Ananías y Safira muestra que a la mujer se le consideraba como igual (Hechos 5:1-11). La iglesia aumentó en número de hombres y mujeres por igual (Hechos 5:14; 8:12).

Cuando Pablo persiguió a la iglesia tratando de detener su crecimiento, sintió la necesidad de aprisionar no sólo a hombres sino también a mujeres (Hechos 8:3). Aparentemente las mujeres también estaban difundiendo el evangelio. (Aunque los hombres dieron todos los discursos públicos que conocemos, las mujeres aparentemente evangelizaban con eficacia en otros sitios.)

La mujer fue prominente en el comienzo de la iglesia en Filipo. Lidia, aparentemente la encargada de su familia, fue la primera en creer (Hechos 16:12-15). La iglesia se reunía en su casa (vers. 40). En Colosas, la iglesia se reunía en la casa de Ninfa (Colosenses 4:15). En Tesalónica y Berea, mujeres prominentes se hicieron cristianas (Hechos 17:1-4, 12). Estas mujeres fueron probablemente líderes influyentes en sus ciudades y sus congregaciones.

Priscila fue otra mujer prominente. Ella y Aquilas dieron a Apolos una importante lección sobre el cristianismo (Hechos 18:26). Pablo llamó a Priscila y Aquilas “colaboradores” (Romanos 16:3), un término que Pablo también usó para Timoteo, Tito, Epafrodito y otros hombres.

Pablo mencionó otras mujeres que también fueron importantes en su ministerio, aunque sus papeles específicos no se mencionan en detalle. Él recomendó a Febe, una diaconisa que servía en la iglesia de Cencrea (Romanos 16:1). Pablo les pidió a los romanos que recibieran a Febe y que la ayudaran en lo que necesitara, lo cual indicaba que era una persona de importancia (vers. 2).

Pablo saludó a María, a Trifena, Trifosa y Pérsida, “las cuales han trabajado arduamente en el Señor” (vers. 6, 12). Similarmente, Pablo dijo de Evodia y Síntique: “Ruego a Evodia, y ruego a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Sí, y a ti también, fiel compañero, te pido que ayudes a estas hermanas que lucharon junto conmigo en el evangelio, también con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filipenses 4:2-3). Está claro que estas mujeres tuvieron papeles importantes en la obra evangelizadora de Pablo, pero no está claro cuáles fueron exactamente sus papeles. Ellas podrían haber sido una clase de apoyo del personal, o podrían haber enseñado a las mujeres, o podrían haber trabajado con los hombres para enseñar a los hombres, como Priscila lo hizo. Todos los creyentes deben ser servidores de la iglesia, y trabajar arduamente para el Señor, y apoyar la causa del evangelio.

Pablo tenía mucha más alta estima de la mujer que la que tuvieron algunos rabinos judíos. Por ejemplo, él le dio a la mujer tanto control sobre los derechos conyugales como al hombre (1 Corintios 7:3-5). Él consideraba a todos los creyentes iguales en Cristo (Gálatas 3:26-28). Por supuesto, esto no implica una completa eliminación de las diferencias de sexo. Pablo mismo dio ciertos mandamientos específicos a los hombres y otros mandamientos específicos a las mujeres (1 Corintios 11:10; 14:34; Efesios 5:22, 25; 6:4; Colosenses 3:18-21; Tito 2:2-6).

Las mujeres también influenciaron a la iglesia por medio del don de la profecía. Ana fue una profetiza (Lucas 2:36). Las hijas de Felipe tenían el don de la profecía (Hechos 21:8-9). Ya que hablaban la palabra de Dios, ellas hablaban con autoridad.

En Corinto, tanto hombres como mujeres oraban y profetizaban (1 Corintios 11:4-16). La preocupación de Pablo acerca de cubrir la cabeza muestra que estas profecías se hacían en público. Él estaba preocupado acerca de su apariencia cuando ellas se reunían o estaban juntas “como una iglesia” (vers. 17-18). Las mujeres estaban orando y hablando en la iglesia de Corintio.

La profecía es hablar inspirado que fortalece, anima, conforta y edifica (1 Corintios 14:3-4). En las reuniones de la iglesia, la profecía podía convencer a las personas de su pecado y llevarlas a la fe (vers. 23-25). En Corintio, el Espíritu Santo inspiraba a hombres y mujeres a hablar mensajes edificantes durante los servicios de la iglesia. Pablo animaba a todos los corintios a buscar el don de la profecía, y él no les prohibía a las mujeres usar ese don si lo tenían.

1 Corintios 14: 34-35

Sin embargo, Pablo también escribió: “Las mujeres guarden silencio en las congregaciones; porque no se les permite hablar, sino que estén sujetas, como también lo dice la ley. Si quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque a la mujer le es impropio hablar en la congregación” (1 Corintios 14:34-35). Antes en esta carta, Pablo daba consejos acerca de cómo la mujer debe aparecer cuando ora y profetiza en público (1 Corintios 11:4-15). ¿Les prohibe ahora a ellas profetizar y orar del todo? ¿Cómo debemos entender 1 Corintios 14:34-35 sin hacer que contradiga lo que Pablo escribió antes en esta carta? El contexto indica que el mandamiento de Pablo en 14:34-35 está limitado a ciertas situaciones.

Primero, entendemos que Pablo no prohibía todo hablar. Él no quería decir que las mujeres no podían decir “amén” después de una oración; él no quería decir que las mujeres no podían susurrar a sus niños. Aunque el versículo dice que a las mujeres no se les permite hablar, no debe interpretarse en un sentido literal. Eso no contradice lo que Pablo escribió en el capítulo 11 y no contradice lo que escribió en 14:1 y 14:39, donde les dice a todos los cristianos corintios que busquen el don de la profecía.

Segundo, debemos notar que las mujeres no son la única gente a la que Pablo pidió permanecer en silencio. En el versículo 28, él les pidió a los que hablaban en lenguas a permanecer callados (la misma palabra griega) si los intérpretes no estaban presentes. En el versículo 30, él les pidió a los profetas que callaran (la misma palabra griega) si una revelación le venía a alguno. Para estos grupos, el silencio que Pablo ordenaba era para algunas situaciones de la iglesia pero no para otras. Esto parece ser verdad también por sus comentarios acerca de la mujer.

La preocupación de Pablo a través de este capítulo es paz y orden en las reuniones de la iglesia. Las reuniones de los corintios aparentemente habían sido bastante caóticas y Pablo estaba dando algunas reglas básicas de orden. Todos querían hablar al mismo tiempo, algunos en lenguas, algunos con interpretaciones, algunos con profecías, algunos con enseñanza, algunos con himnos (vers. 26). De modo que Pablo dijo que hablaran uno a la vez (vers. 27-31). Él estaba poniendo algún orden en el caos.

Vemos por qué Pablo les dijo a los que hablaban en lenguas que estuvieran en silencio: para reducir el parloteo confuso. Vemos por qué les dijo a los profetas que permanecieran callados: para reducir la confusión. ¿Por qué les dijo a las mujeres que permanecieran calladas? Él no nos dice por qué específicamente menciona mujeres y no hombres, pero esta preocupación es probablemente la misma que había antes en el capítulo. En vez de que todos hablasen a la vez, Pablo quería que una persona hablara a la vez. Cuando alguien estaba hablando, las mujeres debían estar calladas.

¡Silencio, por favor!

¿Acerca de qué estaban hablando las mujeres? Pablo no lo dice directamente, pero los versículos 34 y 35 nos dan alguna evidencia. El versículo 34 indica que las mujeres estaban hablando en una forma no sumisa. El versículo 35 indica que las mujeres estaban haciendo preguntas, presumiblemente en una forma que contribuía al caos. No sabemos exactamente cuál era la situación, pero podríamos especular que las mujeres estaban hablando al mismo tiempo que los hombres, actuando tal vez irrespetuosamente hacia los hombres. Cualquier cosa que fuere, Pablo les dijo que dejaran de hablar.

¿Por qué les dijo Pablo que no hicieran preguntas en la iglesia? Obviamente, él no quería prohibir absolutamente todas las preguntas. Para un ejemplo moderno, si la mujer está tomando notas de un sermón y pierde un punto, a ella se le permite preguntar calmadamente a su marido (o alguien) acerca de lo que dijo el disertante. Las preguntas son permitidas si no causan disturbio. Cuando leemos el versículo 35, debemos considerar el contexto. Pablo quiere reducir el caos en la iglesia; él no está prohibiendo todas la preguntas.

Aparentemente los cristianos corintios conocían qué clase de preguntas causaban problemas. En las reuniones caóticas de Corintio, las preguntas debían hacerse en voz alta (los hombres y las mujeres podrían haber estado en diferentes partes del cuarto de reunión). Con cada cual hablando al mismo tiempo, era seguro que surgirían las preguntas: “¿Qué está diciendo?” “¿Qué está pasando ahí?” Estas preguntas añadían al caos, de modo que Pablo les dijo a las mujeres que dejaran sus preguntas para más tarde. Su preocupación era el orden.2

Después de que Pablo escribió acerca de cómo debían aparecer las mujeres cuando profetizaban en público, y después de exhortar a todos a buscar el don de la profecía, de hecho él no les estaba prohibiendo a las mujeres que hablaran. Más aún, su mandamiento de silencio no es una demanda para no hablar en absoluto. Más bien es una dirección al orden, justamente como su mandamiento a los que hablaban en lenguas y a los profetas a estar en silencio era también una dirección al orden.

Debemos entender los versículos 34-35 en su contexto: la necesidad de paz en una situación desordenada. El versículo 34 no es una completa prohibición total de hablar, y el versículo 35 no es una completa prohibición de todas las preguntas. Nosotros prohibimos hablar inapropiado, preguntas de disturbio, interrupciones argumentativas y más de un disertante a la vez. Pero no prohibimos a la mujer orar en la iglesia. Del mismo modo, no prohibimos profetizar, no prohibimos a las mujeres dar mensajes reconfortantes, animadores y edificantes.

Detalles culturales y principios eternos

Pablo luchó con un asunto similar cuando le escribió a Timoteo. Él le urgió que las oraciones fueran para todos (1 Timoteo 2:1). Él dio instrucciones de cómo deberían orar los hombres (el versículo 8 usa la palabra griega aner, que significa “masculinos”, en vez de la palabra genérica anthropos, que significa “humanos”). “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos piadosas, sin ira ni discusión” (vers. 8).

Este mandamiento contiene un aspecto temporal, cultural, y un aspecto eterno. Los cristianos generalmente concluyen que los detalles físicos (levantar manos) no son universalmente requeridos hoy día, pero que los principios de comportamiento (sin ira) son eternos y apropiados para hoy. La distinción entre los detalles físicos por una parte, y las actitudes por la otra, ilustran la forma en que la iglesia moderna a veces necesita analizar las instrucciones que Pablo le dio a la iglesia del primer siglo.

Empezando en el versículo 9, Pablo les da algunas instrucciones a las mujeres. Primero, que ellas “se atavíen con vestido decoroso, con modestia y prudencia; no con peinados ostentosos, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos”. Otra vez, el principio que Pablo usa –modestia y evitar excesos– es eterno, pero los detalles físicos que él menciona los forma la cultura y son temporales.

No hay nada erróneo inherente con el peinado trenzado; la Biblia no prohibe las trenzas. Del mismo modo, la Biblia no prohibe a las mujeres usar oro en sus dedos o en su cabello. No prohibe perlas. El concepto de “costoso” lo determina la cultura.

La instrucción de Pablo es esencial, pero los detalles de forma que él da están basados en una cultura específica. El principio de modestia es válido a través de las culturas y siglos, pero la prohibición de trenzados, oro y perlas no lo es. En el primer siglo, en Efeso, estas cosas indicaban inmodestia, tal vez falta de humildad. En el mundo de hoy, no indican necesariamente inmodestia.

1 Timoteo 2:11-12

Pablo después dijo: “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción; porque no permito a una mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (vers. 11-12). ¿Por qué Pablo necesitaba decir esto? Probablemente porque algunas mujeres en Efeso no estaban aprendiendo en quietud y sumisión. Ellas estaban tratando de enseñar y ejercer autoridad sobre el hombre. Entonces Pablo les pidió permanecer en silencio cuando ellas estaban recibiendo enseñanza.

Justamente como en los previos versículos, algo de lo que Pablo escribió concierne a las actitudes, y algo de ello concierne a los detalles de cómo las actitudes son expresadas en el comportamiento. La preocupación primaria de Pablo aquí parece ser la actitud de sumisión. Diferentes culturas expresan sumisión en diferentes formas. Juzgando por lo que Pablo escribió aquí, aparentemente la mujer que enseñaba a los hombres en público no era considerada sumisa en el primer siglo en Efeso. Justamente como era inapropiado para ellas llevar trenzas y usar joyas.

En muchas naciones hoy día, sin embargo, las costumbres son diferentes. Por ejemplo, un profesor podría decir cerca del fin de una conferencia: “Si hay alguna parte de la conferencia que ustedes no han entendido, quiero que hagan sus preguntas ahora”. Un estudiante sumiso, sea hombre o mujer, podría obedecer haciendo preguntas en la clase en vez de más tarde en privado. En otras situaciones, los hombres podrían reconocer que una mujer tiene más conocimiento acerca de un asunto específico y pedirle a ella que enseñe algo acerca de esto. En este caso, una mujer sumisa les enseñaría a los hombres.

Las culturas modernas no esperan que la mujer esté en completo silencio. Hoy día se espera algo diferente. En sesiones de discusión de estudio bíblico, por ejemplo, la mujer podría hacer preguntas, comentarios o hablar abiertamente con el líder. Si la mujer tiene acceso a hechos que los otros no conocen, ella puede suplir la información. En la mayoría de las culturas, eso no se ve como rebelión o inmodestia.

En los servicios de la iglesia, también, a la mujer no se le requiere mantener estricto silencio. No les prohibimos a ellas cantar himnos o música especial. Ellas pueden ser completamente sumisas, tener el deseo de aprender, pero sin estar completamente calladas. Para nuestros servicios hoy, se espera que la mayoría de los hombres y mujeres actúen en casi idénticas maneras: cantando cuando todos cantan, hablando cuando todos hablan (diciendo amén) y escuchando cuando todos escuchan.

Cualquiera que hubiera sido la situación de los efesios, no creemos que la mujer debe estar en completo silencio en la iglesia de hoy. Asimismo, no prohibimos a la mujer todas las formas de enseñanza. Las mujeres enseñan en el hogar, enseñan las clases bíblicas para los niños, enseñan a otras mujeres y conducen sesiones de entrenamiento que incluyen hombres y mujeres.

Las mujeres les pueden enseñar a los hombres

¿Pueden las mujeres enseñarles a los hombres? Hemos visto ya algunos ejemplos bíblicos de mujeres enseñando a los hombres, tanto en privado como en público. No fue equivocado para Débora decirles a los hombres la palabra del Señor. No fue equivocado para Hulda dar información autoritaria al sumo sacerdote. No fue error para Ana hablar públicamente acerca de Jesús “a todos los que esperaban la redención en Jerusalén” (Lucas 2:38). Éstas son formas de enseñanza.

No fue error para Rode informarles a todos que Pedro estaba en la puerta (Hechos 12:14). No fue error para las mujeres transmitirles mandamientos a los hombres (Mateo 28:10). No fue error para las mujeres decirles a los apóstoles que el Señor había resucitado (vers. 7). Ellas estaban transmitiéndoles a los hombres información de significado espiritual, y Jesús quería que los hombres aprendieran de las mujeres.

No fue error para la mujer samaritana decirle al pueblo lo que Jesús había hecho (Juan 4:29). No fue error para Priscila y Aquilas trabajar juntos para enseñarle a Apolos (Hechos 18:26). No fue error para las hijas de Filipo (Hechos 21:8-9) decir sus mensajes inspirados a los hombres.

No es erróneo para una mujer enseñar a su marido por medio de su ejemplo (1 Pedro 3:1-2). También vemos en las Escrituras que algunas veces es apropiado para una mujer enseñar con palabras. No es erróneo para una mujer dar una respuesta si un hombre le pregunta por la razón de la esperanza que hay en ella (vers. 15). No es erróneo para una mujer profetizar con palabras edificantes durante los servicios de la iglesia (1 Corintios 11:4-16). Cuando Pablo les dijo a los colosenses que se enseñaran unos a otros (Colosenses 3:16), él no mencionó ninguna restricción de sexo.

Obviamente, Pablo no está diciendo que es siempre erróneo para una mujer decir cualquier cosa de la cual un hombre pueda aprender. Sin embargo, 1 Timoteo 2:12 dice que él no le permite a una mujer enseñarle a un hombre. El contexto es la iglesia, y aun así ya hemos visto que Pablo permitía a la mujer orar y profetizar en la iglesia de Corintio. Para evitar interpretar a Pablo de esa manera y hacer que se contradiga a sí mismo, concluimos que Pablo permitía ciertas formas de enseñanza, pero no otras.

El papel de enseñanza de los ancianos

Otras restricciones sexuales que Pablo dio en su carta a Timoteo era que un obispo o supervisor debería ser “marido de una sola mujer” (1 Timoteo 3:2; Tito 1:6). Él usó la palabra específica de género aner, que se refiere sólo a varones (a diferencia de la palabra genérica anthropos, que se puede referir tanto a varones como a mujeres).

Hay algunos factores que encajan juntos: 1) Pablo dijo que a la mujer no le era permitido ejercer ciertas clases de enseñanza o papeles de autoridad en la iglesia. 2) Pablo dijo que los ancianos serían hombres casados. 3) Los ancianos estaban para enseñar y dirigir, y los miembros debían obedecer su autoridad (Hebreos 13:17). Una forma de poner estos hechos juntos es concluir que Pablo no les permitía a las mujeres ser ancianos o ejercer la enseñanza, y funciones de gobierno o de reprensión que estaban restringidas a los ancianos.3

No se trata de que las mujeres sean incapaces de dirigir y enseñar eficazmente. La Biblia no hace tal aseveración. De hecho, como vimos arriba, hay numerosos ejemplos bíblicos de mujeres que eran espiritualmente maduras y hábiles para dirigir. También, hombres y mujeres son de igual valor (Gálatas 3:28; 1 Pedro 3:7). Pero los hombres y las mujeres tienen diferentes funciones en la iglesia sin negar igual valor.

Mucha gente piensa que todas las distinciones de género son sexistas. Sin embargo, el ejemplo bíblico es que a veces es apropiado hacer distinciones de género. No obstante, mucha gente cree sinceramente que los comentarios de Pablo acerca de la mujer son culturalmente limitados. Ellos creen que los principios de interpretación apropiados llevan a la conclusión de que las restricciones de Pablo ya no son válidas, ni en detalle ni en principio. Respetamos su sinceridad y admitimos que debe ser necesario mayor estudio. Pero nosotros no podemos concienzudamente nombrar mujeres como ancianos hasta que veamos una evidencia persuasiva de que con la apropiada aplicación de las instrucciones de Pablo a nuestra cultura podamos nombrar mujeres como ancianos.

Algo fundamental en cuanto a otros estudios es el hecho de que aceptamos los escritos de Pablo como canónicos y, por lo tanto, como guía autoritaria para la práctica de la fe. En nuestra Declaración de Fe dice que las Escrituras son nuestra autoridad máxima en todos los asuntos y doctrinas, y eso incluye el liderazgo en la iglesia. La cuestión es interpretación y aplicación. Aunque la Biblia da ejemplos de mujeres en varias posiciones de responsabilidad y liderazgo, no da ejemplos de mujeres como pastoras.

No queremos permitir algo que la Escritura prohibe. Tampoco queremos prohibir lo que la Escritura permite. Mientras se conduzcan estudios posteriores sobre este asunto, queremos asegurarnos de que a las mujeres se les permita y se les anime a participar tanto como sea posible, dentro de las guías bíblicas como las entendemos.

¿Qué deben hacer las mujeres?

Cada miembro es una parte importante de cualquier iglesia en funcionamiento. Todos los miembros son espiritualmente dotados y deben ser equipados para la obra de ministerio. Hay numerosas actividades en la iglesia que no están restringidas a los ancianos. No importa lo que uno piense acerca de la ordenación de mujeres, cada cual puede estar de acuerdo en que hay numerosas actividades en las que pueden participar las mujeres, algunas tradicionales y algunas no. Papeles tradicionales incluyen cantar y enseñar a los niños. Nuestra tradición también incluye los papeles de servicio que van con el oficio de diaconisa: organización de actividades sociales, servir a los enfermos, ayudar a las señoras cuando dan a luz, etc.

Un papel importante, pero poco utilizado, incluye la enseñanza a otras mujeres para ayudar a los nuevos miembros a madurar en la fe. Las mujeres espiritualmente maduras pueden servir como ministros a otras mujeres. Ellas pueden entrenar a otras mujeres para la obra de ministerio. (Esto puede hacerse en el ministerio de mujeres, en las clases de mujeres o a través de mentores.)

Las mujeres también pueden compartir el evangelio, sea en un foro público o en una casa privada, ya sea para hombres o mujeres. Ellas pueden contestar preguntas de hombres y mujeres.

Aunque no es parte de nuestra tradición, es permisible que las mujeres oren públicamente en la iglesia. Muchas canciones son en realidad oraciones y no hay razón para decir que una mujer puede cantar una oración pero no decir una. Pablo permitía a las mujeres orar y profetizar (1 Corintios 11:4-16). La oración no es una función restringida a los pastores o ancianos. No es una función de enseñanza ni de autoridad. Una mujer puede también conducir a la congregación en canciones de alabanza y adoración así como conduce coros.

Una mujer puede servir como tesorera de las cuentas de la congregación. Las mujeres pueden supervisar la organización de actividades sociales, diciendo a los hombres dónde poner las mesas y la comida, etc. Ellas pueden supervisar a los maestros de las clases bíblicas para los niños o adolescentes, aun si algunos profesores son hombres. Las mujeres pueden dirigir reuniones de comité, discusiones y tomar decisiones. Las mujeres podrían dirigir grupos de estudio y oración.

Una mujer puede servir como acomodadora, ayudando a la gente a encontrar asientos. Puede contar la asistencia. Puede ayudar recaudando ofrendas y puede ayudar a distribuir el pan y el vino en la Cena del Señor. Éstos son papeles de servicio.

Así como en el primer siglo las mujeres podían orar y profetizar en público, las mujeres hoy pueden hablar a la iglesia. Pueden dar noticias, actualizaciones ministeriales, describir acontecimientos, leer anuncios, dar testimonios personales e ilustraciones de principios espirituales, etc. Ellas también pueden leer escrituras desde el púlpito.4

Una mujer podría también ejecutar un bautismo. En nuestra tradición, las mujeres no bautizan, pero no hay un requisito bíblico para esta restricción. Hemos sido enseñados por décadas que los líderes laicos podrían efectuar bautismos.5 Sin embargo, el líder laico debería ser autorizado por la iglesia para efectuar el bautismo y, si es posible, es preferible que un anciano u otro líder de la congregación esté presente. El anciano y la persona que bautiza pueden participar en la imposición de manos. (Otros miembros de la congregación también pueden asistir.)

Así como una mujer capacitada podría ser un líder espiritual y ministrar a otras mujeres, ella también podría dirigir a los hombres. En algunas iglesias los hombres podrían ser todos nuevos en la fe, no tener la habilidad de dirigir, o no tener el deseo de dirigir. En tales casos, las mujeres capacitadas estarán a cargo.

Conclusión

Las mujeres y los hombres son de igual valor para Dios. Jesucristo vino y murió para servir y salvar mujeres tanto como hombres. Pero esta igualdad no requiere papeles idénticos. El mismo versículo que dice que las mujeres son herederas de la salvación también dice que los hombres deben tratar a las mujeres diferentemente de como tratan a los hombres (1 Pedro 3:7). Así como Dios valora altamente a la mujer, así los hombres deben también valorar altamente a las mujeres.

Dios da dones espirituales para el bien común y es por medio del ejercicio de estos dones que la iglesia crece. Miembros individuales también crecen a medida que usan sus dones para servir a otros. Para ayudar a la mujer a crecer espiritualmente, la iglesia necesita ayudarles a usar sus dones espirituales, animarlas a participar en los ministerios de la iglesia.

Retornemos a una de nuestras preguntas de introducción: “Ya que los pastores equipan a los miembros para la obra de ministerio, ¿deberían ellos estar entrenando y equipando mujeres para pastorear y enseñar?” La respuesta es sí. Muchas mujeres tienen habilidades pastorales o de pastoreo. Ellas pueden tener responsabilidades pastorales en la iglesia: hacia otras mujeres, hacia los niños y adolescentes y hacia los hombres. Si los dones de una mujer están en esta área, ella debería ser animada a pastorear y enseñar en las formas como lo permite la Escritura.

Un pastor sabio encontrará una forma de equipar y capacitar a hombres y mujeres para usar sus dones espirituales para el bien común. Ellas pueden recibir entrenamiento y se les puede permitir ministrar a medida que Dios les da la habilidad y las Escrituras lo permiten. Los pastores deben esforzarse para maximizar el potencial administrativo para todos los miembros, cada uno según sus dones.

Anotaciones Finales

1. La palabra hebrea h’adam, que en la Biblia se traduce como “hombre”, se refiere a toda la humanidad, hombres y mujeres.

2. Pablo no nos dice por qué menciona hombres y no mujeres. Si necesitamos discutir su propósito, es necesario especular sobre cuál era la situación. Estamos tratando de usar sugerencias en el texto para esbozar la situación histórica en la cual Pablo les pidió a las mujeres que permanecieran en silencio, justamente como pocos capítulos después indican que ellas pueden profetizar en público.

3. ¿Qué clase de enseñanza les correspondía a los ancianos? ¿Qué clase de autoridad tenían los ancianos en la iglesia? Desafortunadamente, Pablo no da muchos detalles. La enseñanza y la autoridad podían haber tenido un significado diferente del que tienen hoy.

4. Estamos explorando deliberadamente los límites de lo que las mujeres pueden o no pueden hacer en las iglesias de la sociedad occidental. Lo que es apropiado en la cultura occidental podría no ser apropiado en otras culturas. Nuestra discusión es guiada por nuestro deseo de hacer las cosas conforme a la Escritura como nuestra guía a la doctrina y práctica. Queremos prohibir lo que Dios prohibe, pero no queremos prohibir más de lo que él prohibe.

Por ejemplo, vemos que Pablo permitía a las mujeres profetizar en la iglesia de Corintio. No sabemos qué era exactamente este profetizar, pero parece que incluía más autoridad personal de la que se necesita para que alguien lea las Escrituras hoy día.

5. El bautismo es una introducción a la unidad de la fe, y como tal, debe hacerse en el contexto de la comunidad. La congregación (o una persona designada como representante de la congregación) debe estar presente.


Mujeres de la Biblia

  1. La mujer en puestos de liderazgo
  2. Mujeres en el ministerio de Jesús
  3. Las mujeres de la Biblia
  4. Día Internacional de la Mujer [audio]
  5. Revista Odisea Cristiana - Febrero 2017
  6. Heroínas de la Fe [Programa Radial]

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Creemos en la unidad espiritual de todos los creyentes en nuestro Señor Jesucristo. Le invitamos a reunirse con nosotros en nuestros servicios de adoración donde escuchará el evangelio de Jesucristo y conocerá a otros cristianos que están experimentando su relación con Jesucristo, así como usted.

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En el pecado original Eva fue la que pecó y Adam desobedecio a Dios al aceptar de Eva comer del fruto prohibido. Pero a quien Dios requirió por el pecado fue a Adam y no a Eva, lo cual demuestra que el principio de autoridad lo ejerce el hombre y la mujer actuará como ayuda idónea del varón. Es el orden de Dios, aunque el pecado lo quiera distorsionar. El liderazgo femenino trae como consecuencia el matriarcado qie no es de Dios. Por eso el equilibrio esta en que el hombre sea la cabeza y la mujer su ayuda idónea. Cuando Dios se encarnó para salvar la humanidad se encarnó en su hijo hombre no en una hija mujer. La escritura nos habla de un primer Adam que pecó y del segundo o postrer Adam,Jesucristo, nuestro salvador, masculino.

Estoy de acuerdo con usted. Si a nosotras nos dejan lo que al hombre le corresponde nos sobrepasamos, veamos lo que sucedió con Eva en el Edén! Yo agradezco que el expositor es amplio al opinar en que la mujer ha sido de gran estima y servicio, y además reconocida como heroína, porque somos capaces de todo; pero es necesario que en la iglesia exista el orden de autoridad que Pablo enseña con la sabiduría y guia del Espíritu Santo.

Me gusta la expocision, lo único es que Pablo da un orden de autoridad, al hombre como cabeza y también dice la razón: porque Adam fue formado primero y después Eva. Da libertad a la mujer pero como autoridad y cabeza al hombre.

SI DIOS NOS HIZO LIBRES POR QUE TOAVIA HAY PEERSONA QUE NOS QUIEREN RELEEVAR A UN SEGUNDO PLANO EN LA DIRECCION DE NUESTRO TRABAJO EN LA IGLESIA?.POR LA SIGUIENTE RAZON , LA ENSENAZA MACHISTA Y HASTA A VECES DE NOSOTAS MISMA QUE NOS DEJAMOS HACER A UN LADO Y NO DEMOSTRAMOS QU SI PODEMOS SER MINISTROS DE DIOS EN LA IGLESIA Y DONDE QUIERA EJERCER EL MIMNISTERIO QUE DIOS HA PUESTO EN NUESTRAS MANOS . YO SOY MINISTRO ORDENADO Y AUNQUE TODAVIA NO ESTOY EJERCIENDO COMO TAL, PERO SI SOY MAESTRA DE ESCUELA BIBLICA EN MI IGLESIA Y EN EL INSTITUTO BIBLICO. DOY CONSEJERIA A QUIEN VIENE A MI CASA EN BUSCA DE CONSEJO Y TODO LO HAGO PARA LA GLORIA DE DIOS. M IESPOSO RECONOCE EL MINISTERIO QUE DIOS HA PUESTO EN MIS MANOS Y ME APOYA EN EL MISMO TAMBIEN MI PASTOR. DIOS LES BENDIGA

La palabra probablemente se menciona mucho para apoyar lo aqui expuesto en el tema . No hay mujeres.apóstoles ni pastoras en la Biblia y no podemos apoyarnos por casos aislados. No permito a la mujer enseñar al hombre esta escrito en blanco y negro . Y en el Eden Dios se dirigio siempre al hombre y le pidió poner nombre a todo lo creado por El

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