Carmen Fleming

Estaba en el aeropuerto lista para tomar un avión. Este era uno de esos raros momentos cuando viajaba sola. Mi misión era dar una charla,una conferencia para mujeres. Era la primera vez que hacía algo así y necesitaba la certeza de que Dios iba a estar conmigo.

Mientras esperaba oraba en silencio y observaba lo que estaba sucediendo a mi alrededor. De momento ví a una bebé gateando en el piso alrededor de las piernas de su padre, quien estaba parado observándola. Él daba un paso cada vez que ella daba un paso. Cuando ella se alejó cierta distancia, su padre se agachó y la tomó en sus brazos. Al observar a la feliz pareja sentí en mi corazón la certeza que necesitaba. De la misma manera como este padre cuida de su bebé así Dios me observa y me cuida. Ese incidente me confirmó que la presencia de Dios siempre está y estará conmigo y que Él me protege y me toma en sus brazos cuando yo me alejo de Él.

Es maravilloso ver a un Padre amoroso en acción. Un padre protege, su fortaleza da seguridad. David se refiere a Dios como su fortaleza. Una fortaleza es un lugar fortificado, estratégico fuerte y seguro. Dios quiere que confiemos tanto en Él que lo consideremos nuestra fortaleza. David tenía ese tipo de relación con Dios porque él lo buscaba. Él meditaba en su Palabra. La palabra de Dios era como miel a su paladar. David lo alababa y le oraba fervientemente en la mañana, al mediodía y en la noche. Él decía que Dios era: “…mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto REFUGIO” (Salmo 18:2).

Jesús quiere ser nuestro refugio no solamente cuando tengamos problemas, ser nuestro escudo y fortaleza alrededor de nosotros todo el tiempo. Su presencia nos da fortaleza. La Biblia habla de dos tipos de fortalezas: la que Dios ofrece, la cual ya mencioné y la que Satanás trata incesantemente de establecer en nuestra mente contra el Espíritu Santo.

Leemos acerca del segundo tipo de fortaleza en 2 Cor 10:4: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de FORTALEZAS”. Pablo nos da más información acerca de esas fortalezas. Él las llama “argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios”. Dice que tenemos que llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

Gran parte de la batalla del cristiano se lleva a cabo en la mente. Allí es donde comienzan las tentaciones que luego se convierten en acciones llamadas pecado. Necesitamos una fortaleza mental bien construida y no la fortaleza construida por Satanás que nos limita y nos oprime. Si reconocemos las acechanzas de Satanás ya habremos ganado parte de la batalla. Hay tres clases de pensamientos. Pensamientos provenientes de Dios, pensamientos carnales y mentiras puestas en nuestra mente por el enemigo. La Palabra de Dios nos ayuda a construir la fortaleza que nos ayuda a defendernos y a protegernos de los pensamientos carnales y mentiras construidas por el enemigo. En Hebreos 4:12 Pablo nos dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más constante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Satanás usa nuestros sentimientos y emociones para construir su fortaleza en nuestra mente. El rencor, el orgullo, el enojo, los complejos de inferioridad y el amor al dinero son su materia prima. Ciertas escrituras nos ayudan a luchar contra ésta. Necesitamos estudiar estas escrituras, orar usándolas como nuestra base y permitir que ellas cambien nuestra errónea manera de pensar. Si formamos el hábito de pensar como Dios piensa, Jesús se convertirá en nuestra fortaleza.


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