El maestro No. 1 de su hijo

El pequeño Antonio miró sonriente a Juan, mientras que la última dama de honor iniciaba su recorrido por el pasillo central de la iglesia. Viendo la sonrisa tranquilizante de Juan, el niño avanzó cautelosamente sosteniendo un cojincillo de satín. Wendy, sonriendo a través de su velo, avanzaba bajo el brazo de su padre.

«¿Quién es ese lindo paje de anillos? ¿Acaso es un familiar de Wendy y de Juan?», preguntó una mujer sentada entre los asistentes a una amistad de la pareja.

«No, entiendo que es uno de los estudiantes de Juan.»

«Pero, ¿acaso Juan no está enseñando educación especial y muchos de sus alumnos tienen grandes discapacidades de aprendizaje?

Un Niño Especial

En realidad, Antonio, de 11 años de edad, sí tenía discapacidades de aprendizaje. Tenía problemas tan severos que tuvo que vivir separado de sus padres, quienes ahora lo miraban con orgullo desempeñar su papel en la boda de su maestro Juan y de Wendy su novia.

Juan había llegado a desarrollar un amor y un interés por el niño, y el sentimiento era mutuo. Un lazo afectuoso se había formado entre el niño y su instructor de educación física.

«Este niño tenía muchos problemas de conducta, de manera que tuvo que vivir con otros cinco niños en un lugar en donde pudiera recibir atención las 24 horas,» decía Juan. «Sin embargo, yo sabía que Antonio podía hacer esto, y quise darle la oportunidad de mostrarse a sí mismo y a los demás, que él sí lo podía hacer.»

Antonio era estudiante en una clase de educación física de Juan. Esa clase era un programa escolar de Los Ángeles para niños con severa discapacidad. Ahora, Antonio tendría un papel para siempre en la nueva vida de Wendy y de Juan.

Aunque esta feliz historia sea algo fuera de lo ordinario, el ejemplo de Juan muestra cómo algunos maestros se interesan profundamente en sus alumnos, sin importar lo difícil que pudieran ser las circunstancias. Muchos maestros, como en el caso de Juan, no solamente se interesan en sus alumnos mientras les están enseñando, sino que también se interesan en sus vidas futuras. Los éxitos de los estudiantes son también los éxitos de sus maestros.

Sin embargo, ¿quiénes son los primeros maestros más influyentes en la vida de los hijos? Sus padres, por supuesto. Dios hace a los padres, no a los maestros, los únicos responsables de educar a sus hijos. Esto es especialmente cierto cuando hablamos de valores cristianos. Tal como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de Éfeso: «Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor» (Efesios 6:4).

Énfasis en la educación

Notemos dónde aplica el apóstol Pablo el énfasis en la enseñanza, la educación y la instrucción de los hijos. En los tiempos del apóstol Pablo y por generaciones sucesivas, la disciplina había sido el enfoque en la crianza de los hijos y muchas veces había sido una disciplina severa, no una disciplina basada en la educación y la crianza.

Por lo tanto, el apóstol Pablo advierte a los padres de familia, especialmente a los papás, no causar enojo en los hijos, sino de educarlos en el amor cristiano. Y esto porque los papás, en los tiempos de Pablo, eran quienes tenían control y autoridad absoluta sobre sus familias.

Este principio era tan importante que Pablo también lo incluyó en su carta a los colosenses: «Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen.» (Colosenses 3:21).

Por otra parte, una educación apropiada, incluyendo una correcta disciplina amorosa, toma tiempo. Y todos sabemos que el tiempo es escaso en la mayor parte de nuestras vidas actuales. Una joven madre volvió a trabajar por medio tiempo una vez que sus hijos podían asistir a la escuela primaria. Ella trabaja en una compañía de abogados de una ciudad grande cuatro días por semana. Ella los deja en la escuela, por las mañanas, rumbo a su trabajo y los recoge temprano por la tarde.

«Estamos tan ocupados en el trabajo que me siento culpable de salir temprano para ir a recoger a los muchachos,» comenta ella. «Y realmente me envidian las madres solteras que tienen que trabajar tiempo completo para mantener a sus familias. Me doy cuenta de sus sentimientos cuando salgo temprano todos los días.»

Esta familia va junta a la iglesia, ora junta, y se divierte junta. Los niños de esta pareja saben que sus papás los quieren y cuidan de ellos. Asimismo, tienen buenas actitudes hacia sus maestros.

Por otra parte, hay muchas madres solteras que trabajan, que no tienen el apoyo de un esposo. Si usted se encuentra en esta situación, asegúrese, siempre que sea posible, que su hijo o hija sepa que puede contar con usted. La vida no siempre es ideal, pero los padres deben hacer todo lo posible por mostrar a sus hijos el amor y la preocupación por ellos, sin importar las circunstancias.

La clave principal

La mayoría de los maestros le dirán que la participación de los padres es la clave principal para el éxito de los hijos tanto en la escuela como en la vida. Asimismo, los docentes también le dirán (depende de si tienen alguna orientación religiosa) que si usted quiere que sus hijos tengan valores cristianos en este mundo amoral, usted deberá tomar la responsabilidad de enseñarles. El inculcar los valores cristianos es responsabilidad de los padres de familia. Por otro lado, es de interés notar que los docentes de escuelas públicas norteamericanas han sido demandados por enseñar valores bíblicos.

De cualquier modo, si usted quiere que sus hijos amen y respeten a Dios, tendrá que apartar un tiempo para inculcar valores cristianos en su casa. Desde temprana edad, lea a sus hijos historias de la Biblia. Use una versión moderna que contenga abundantes y atractivas ilustraciones. Explíqueles las lecciones contenidas en las historias del Antiguo y el Nuevo Testamento. Haga de algunas de estas historias las favoritas de sus hijos.

Además de estarles leyendo de la palabra de Dios, edifique en sus hijos la fe en Dios enseñándoles cómo orar. Haga que Dios sea real para ellos. Muestre a sus hijos que tanto usted como padre de familia y ellos como hijos cometerán errores, pero que Dios es perfecto en su amor. Asegúreles que Dios tiene amor incondicional por ellos. Que ellos pueden venir a Él por el perdón, sin importar las fallas que tengan o los errores cometidos.

No obstante, enséñeles que Dios requiere de elevadas normas de conducta. Por ejemplo, muestre a sus hijos que Dios enseña el respeto hacia la autoridad, no el desprecio; Dios espera que siempre digamos la verdad y no la mentira; Él nos anima a que demos a los demás, y que no robemos de ellos. El alto índice de la criminalidad juvenil nos debería de convencer de que los hijos no adquieren en forma automática las altas normas de ética. Estas deben de ser inculcadas por los padres de familia.

Asimismo, es cierto que nuestro tiempo es limitado. Las condiciones sociales y económicas han forzado a que ambos padres trabajen, a veces tienen que trabajar muchas horas apartados de sus familias. Por ello, hay que darle importancia al tiempo que tengamos con los hijos. Hay que mostrarles que ellos son prioridad en nuestras vidas.

Por las acciones, el leerles a los hijos, jugar con ellos, ayudarles con sus tareas escolares, les estamos mostrando que ellos son más importantes para nosotros que mirar la TV, hablar por teléfono, jugar a las cartas con los compañeros, o salir de compras con las amistades.

Toma tiempo

Por mucho que lo deseen, los maestros tienen poco tiempo para poder trabajar de cerca con cada niño. Por lo mismo, si a sus hijos no se les han enseñado los valores que los harán tener éxito en sus relaciones con los demás, ya sea con figuras de autoridad o con sus compañeros, ellos tendrán dificultad en enfrentarse a los desafíos de la escuela y de la vida en general. Y después de humillante fracaso tras fracaso, el desánimo hará presa de ellos y dejarán de luchar para convertirse en personas derrotadas por los problemas de la vida.

Por ello, tome tiempo en ser el maestro número uno de su hijo. Porque, ya sea para bien o para mal, usted será su maestro número uno. Usted es el primer y más influyente maestro en la vida de su hijo. Los éxitos de sus hijos son también los éxitos de usted. Asimismo, los reveses de ellos también pueden ser éxitos si usted enseña a sus hijos cómo manejar los fracasos que vendrán en la vida.

Toma tiempo el enseñar los valores cristianos, pero como discípulos de Jesucristo, ello también significa que debemos de hacer tiempo para dedicarlo a nuestros hijos.

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