El concilio de Jerusalén en Hechos 15: ¿Qué dicen las Escrituras acerca de las leyes del antiguo pacto?

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¿Qué es precisamente lo que se estaba tratando en el concilio de Jerusalén de Hechos 15, y qué fue lo que se concluyó?

Notemos el contexto, empezando en Hechos 14:27. Pablo y Bernabé apenas habían finalizado su primer viaje misionero, y en Antioquía, donde se encontraba la iglesia que los había enviado, les “refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles”. Después de esto, Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía por mucho tiempo (vers. 28).

La iglesia de Antioquía estaba compuesta de ambos, judíos y gentiles. Lucas describe el crecimiento de esa congregación en Hechos 11:19-26. Los miembros de la iglesia que huyeron de Jerusalén después de que Esteban fue apedreado predicaron las buenas nuevas tanto a los judíos como a los gentiles, y muchos creyeron. Bernabé fue enviado a Antioquía para pastorear la iglesia, la cual continuó creciendo. Luego Bernabé reclutó a Pablo para que le ayudara en la enseñanza de la iglesia.

El celo y el entusiasmo que los judíos y los gentiles demostraron en Antioquía fue un gran ejemplo del cristianismo. En efecto, fue en Antioquía donde los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez. Los judíos se destacaban de tal manera que aun los incrédulos podían reconocer que había una diferencia. Hablaban tanto acerca del Cristo que optaron por llamarlos gente de Cristo.

Todo iba bien en Antioquía hasta que llegaron de Judea algunos maestros nombrados por sí mismos. Éstos le enseñaron a los cristianos gentiles que “no podían ser salvos si no se sometían al rito de la circuncisión, conforme a la práctica establecida por Moisés” (Hechos 15:1, Versión Popular). Sin embargo, la circuncisión fue sólo el comienzo. En el pensamiento judío, la circuncisión era la señal de aceptación del antiguo pacto. Si una persona era circuncidada, estaba obligada a obedecer toda la ley del antiguo pacto (Gálatas 5:3). Esto se hizo bien claro cuando la delegación de la circuncisión presentó su petición en Jerusalén: “Es necesario circuncidar a los creyentes que no son judíos, y mandarles que cumplan la ley de Moisés” (Versión Popular).

La petición dual es clara, incluía ambas, la circuncisión y la ley de Moisés. Unas cuantas personas han ejecutado gimnasia gramatical con este versículo para tratar de escapar de lo que dice. De miles de expertos griegos en el mundo, tal vez haya uno o dos que proponen una traducción diferente. Esta es una manera sospechosa del uso de la erudición, por supuesto, para escoger una interpretación inusual, la cual ninguna traducción publicada apoya, simplemente porque secunda el argumento que alguien quiere presentar.

El argumento al que me estoy refiriendo es la idea de que la discusión en Jerusalén no fue acerca de obedecer la ley de Moisés, sino de si era necesario circuncidarse para cumplir la ley de Moisés. En este argumento, ambos lados del debate supuestamente tomaron por sentado que los cristianos gentiles debían obedecer la ley de Moisés. En otras palabras, todos ellos, incluyendo a los gentiles, circuncidarían a sus niños de ocho días de edad. La única pregunta era si la ley de Moisés requería a los adultos que se circuncidaran.

No tiene sentido demostrar que los cristianos deben cumplir la ley de Moisés. Eso querría decir, sólo para empezar, que ellos deben llevar borlas.

“Di a los israelitas lo siguiente: Ustedes y sus descendientes deberán llevar borlas con flecos en el borde de su ropa. Las borlas deben ser de hilo morado. Así, cuando ustedes vean las borlas, se acordarán de todos los mandamientos que yo les he dado y los cumplirán, y no se dejarán llevar por sus propios pensamientos y deseos” (Números 15:38-39, Versión Popular). El mandamiento es claro. El propósito es bueno. Si la ley de Moisés es obligatoria para los cristianos en el día presente, no me puedo imaginar cómo alguien puede eludir este mandamiento.

Otro problema con este argumento es que dice que la circuncisión es todavía requerida para los niños. Pero la circuncisión no es un requisito religioso ni para los adultos ni para los niños. No realza la condición de nadie ante Dios (Gálatas 6:15; Romanos 2:26). Las operaciones quirúrgicas no ayudan a nadie, ni a los adultos ni a los niños, a venir a la fe en Cristo. La única circuncisión que vale es la circuncisión del corazón.

Dios nunca les ordenó a los gentiles que circuncidaran a sus niños. La iglesia primitiva tampoco les ordenó que circuncidaran a sus niños. La iglesia primitiva judía, naturalmente, continuó circuncidando a sus niños. De hecho, ellos continuaron cumpliendo todas las leyes del antiguo pacto, incluyendo aquellas que ahora han sido desechadas. Hechos 21:20 demuestra que los cristianos en Jerusalén eran “celosos por la ley”.

¿Por cuál ley eran ellos celosos? El versículo 21 nos dice que se preocupaban por las enseñanzas de Moisés, la circuncisión de los niños y las costumbres tradicionales del judaísmo. Ellos se preocupaban por el rumor de que Pablo estaba enseñando a los judíos a abandonar estas costumbres. Para contrarrestar ese rumor, le pidieron a Pablo que participara en el rito de la purificación en el templo. Su preocupación muestra que todos los cristianos judíos en Jerusalén estaban guardando las costumbres que se encuentran en la ley de Moisés, costumbres como los ritos de la purificación y de afeitarse la cabeza, y los rituales del templo. Los cristianos judíos estaban haciendo mucho más de lo que nosotros debemos hacer hoy.

Sin embargo, aun los cristianos celosos no estaban preocupados por lo que Pablo les estaba enseñando a los gentiles. No estaban preocupados por si les enseñaba a circuncidar a sus niños, afeitar sus cabezas y a guardar otras costumbres de la ley de Moisés. Todo eso ya se había decidido (vers. 25, citando Hechos 15).

Los gentiles no tienen que obedecer la ley de Moisés. ¡Seguro que no! Dios le ordenó todas esas reglas a Israel. No les dio semejantes mandamientos a los gentiles, y los judíos del primer siglo no esperaban que los gentiles cumplieran todas esas leyes, porque Dios no les ordenó a los gentiles que hicieran esas cosas.

La iglesia primitiva concluyó que los gentiles adultos no tenían que ser circuncidados. Las implicaciones de esto llegan muy lejos, ya que nadie podía tomar parte en la Pascua del antiguo pacto sin estar circuncidado (Éxodo 12:43-48). Por lo tanto, la iglesia primitiva decidió, por un lado, que los gentiles no tenían que observar la Pascua del antiguo pacto. En un sentido, no hay nada particularmente dramático en esa decisión. Aunque Dios les permitió a los gentiles tomar parte en la Pascua si ellos eran circuncidados, nunca se lo requirió. La iglesia primitiva simplemente reconoció este hecho. No estaban diciendo que los gentiles no tenían que obedecer a Dios. Simplemente dijeron que Dios no les había requerido observar la Pascua del antiguo pacto. No se los requirió entonces, ni tampoco antes de que Jesús viniera. Dios no les requirió a los gentiles celebrar un festival designado para conmemorar un evento en la historia israelita.

La cuestión en la conferencia de Jerusalén fue acerca de cuáles leyes eran requeridas para los gentiles. No tenía nada que ver con cuáles leyes los judíos debían cumplir. Por lo visto, la iglesia no sabía que el antiguo pacto estaba obsoleto tanto para los judíos como para los gentiles. Aun en Hechos 21 se ve que la iglesia judía todavía se mantenía celosa por el antiguo pacto. Puesto que eran judíos observantes de las leyes, ellos continuaron practicando las costumbres de Moisés juntamente con la fe en Jesús como el Mesías. Continuaron sacrificando animales y orando en el templo. Seguramente acudían a las sinagogas para escuchar la lectura del Torá y los Profetas, y luego se congregaban en sus casas para hablar acerca del significado cristiano de esas Escrituras.

Los cristianos de Jerusalén, como judíos celosos de la ley, habrían sacrificado los corderos de la Pascua de acuerdo con la ley de Moisés, y habrían participado del pan y del vino en conmemoración de la muerte de su Salvador. Ellos habrían hecho ambas cosas. En otras palabras, no consideraban el pan y el vino como algo que sustituía el festival del antiguo pacto, mas como algo que había sido agregado. Si hubieran considerado el pan y el vino como una sustitución de la Pascua, entonces hubieran requerido a los gentiles que se circuncidaran, porque la ley claramente dice que la circuncisión era necesaria para tomar parte en la Pascua. Pero si ellos consideraron al pan y al vino como un memorial separado, entonces la circuncisión no era necesaria. Evidentemente, ellos lo consideraron como un memorial separado.

La iglesia primitiva reconoció que Dios no les ordenó a los gentiles que mataran corderos y que celebraran el éxodo. Igualmente, ellos hubieran reconocido que Dios no les había ordenado a los gentiles que conmemoraran el éxodo limpiando la levadura de sus casas. Dios no les requirió a los gentiles que celebraran las estaciones de las cosechas de la tierra de Canaán. Tampoco les requirió guardar los festivales del antiguo pacto, antes de haber venido Jesús o después. Esto concuerda con el resto del Nuevo Testamento.

Varios pasajes del Nuevo Testamento muestran que grandes porciones de la ley de Dios para Israel ya no son requeridas. Hebreos 8:6, por ejemplo, muestra que Jesús estableció o fundó un nuevo pacto. Hebreos 10:9 dice que cuando él estableció el nuevo, él anuló el antiguo pacto. Hebreos 8:13 dice claramente que el antiguo pacto ha sido sustituido por el nuevo (La Biblia al día, Paráfrasis). Parte de la ley de Dios ha sido anulada.

Vemos algo similar en Gálatas: Parte de la ley fue añadida debido a las transgresiones, y ya no tiene potestad sobre nosotros (Gálatas 3:19-25). ¿De cuál ley está hablando Pablo aquí? De la ley que fue añadida 430 años después de Abraham (vers. 17). Esa parte de la ley de Dios fue anulada.

Hechos, Gálatas y Hebreos están hablando de las mismas leyes. El antiguo pacto es la ley de Moisés, la cual fue añadida 430 años después de Abraham. Esa es la parte de la ley de Dios que él mismo ha declarado obsoleta. Los Hechos y Gálatas nos dicen que los gentiles no tienen que obedecer estas leyes; Hebreos explica que los cristianos judíos tampoco las tienen que guardar. Nadie tiene que cumplir la ley de Moisés que establece que se lleven borlas. Nadie tiene que ser considerado impuro después de tener un bebé o después de haber tocado un cadáver. Nadie tiene que hacer cabañas con ramas de árboles no importa cuál ley de Moisés lo dice. Nadie ni aun los cristianos que viven en la nación moderna de Israel tiene que ir a Jerusalén tres veces al año.

Acerca de Comunión de Gracia Internacional

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