Pedro Rufián

Esperanza había pasado relativamente bien los dos días siguientes a la primera sesión de quimioterapia experimental, a la que estaba siendo sometida, como tratamiento contra el cáncer de páncreas que sufría.

Su oncólogo le había dicho que, además del mayor grado de efectividad que los primeros ensayos de pruebas estaban mostrando, los efectos secundarios eran menores. Pero al tercer día se empezaron a mostrar bastante indeseables. Sentía náuseas de vez en cuando, no tenía apetito, y la sensación de estar mareada era molesta, pero soportable. Ella pensaba: ‘Menos mal que Andrés, el doctor, me ha comunicado todos estos efectos secundarios. Y si estos efectos son menores, ¿cuáles no serán los de los otros tratamientos?’.

Abstraída en esos pensamientos, sonó el teléfono. Era Andrés que, movido por el profundo afecto que le tenía, más que por ser su oncólogo, quería saber cómo se sentía y si podía hacer algo por ella. Esperanza le explicó como se encontraba, y el doctor al notarla un poco más apagada que de costumbre le ofreció la posibilidad de verse por la tarde. No se hizo rogar. Agradeció su ofrecimiento y quedaron para verse en el parque una hora más tarde.

No fue la necesidad de hablar sobre su estado de salud lo que la movió a aceptar, ni siquiera el amor incipiente que ella era consciente que estaba siendo incendiado en sus corazones, sino la necesidad de seguir aprendiendo de la actitud de José para hacer frente a los desafíos en una forma positiva, desde una óptica bíblica. Como psicóloga conocía como hacerlo, pero estaba segura que la perspectiva pastoral de Andrés la ayudaría a confrontar su desafío, que sin duda no ignoraba, pues sabía que no eran muchos los pacientes que sobrevivían a un cáncer de páncreas, y menos relativamente jóvenes, como era su caso con cuarenta y un años.

Después de saludarse con un beso en las mejillas, Esperanza explicó a su doctor como se había sentido, pero lo que ella quería verdaderamente era seguir escuchando del pastor, que también era Andrés, sobre la forma en que José hizo frente a sus desafíos.

“Cuando estudiamos la historia del patriarca José”, empezó Andrés ante la pregunta de ella, “lo que aprendemos es que hay tres verdades importantes a las que él se aferró, y que le permitieron mantenerse firme en los tiempos difíciles”.

Recordó el plan de Dios para su vida

La primera verdad fue que él recordó el plan de Dios para su vida. Esto fue evidente desde muy joven. De hecho, fue su confianza en el plan de Dios lo que causó todas las fricciones entre José y sus hermanos. Reconoció el hecho de que Dios tenía un plan para su vida. La realidad es que una de las seguridades que le ayudaron a pasar por las dificultades de la vida fue que él nunca dudó de que Dios tenía un plan para lo que le estaba sucediendo.

Fue esa convicción, esa creencia, la que le permitió decir al final a sus hermanos, después de haber pasado por muchas vicisitudes y ser ahora el segundo en importancia en Egipto: Es verdad que vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente (Génesis 50:20 Biblia al Día).

Desde el día en que José, como un niño pequeño, soñó que Dios lo iba a usar en una forma poderosa, se apoyó en el hecho de que Dios tenía un plan para su vida.

Ahora bien, una de las cosas que es difícil ver para muchos es que Dios tenga un plan para sus vidas. Podemos leer u oír historias como las de José, y lo que a menudo nos decimos a nosotros mismos es algo así como: ‘Sí… Dios tenía un plan para José… pero no creo que pueda tener un plan para mí’. Por alguna razón es más fácil aceptar que Dios tiene un plan para usar a otras personas, para usar sus experiencias, sus talentos y dones, pero cuando se trata de nosotros pensamos que Dios no está interesado. Pero la realidad es que la Palabra de Dios nos dice exactamente lo opuesto en Romanos 8:28, le dijo Andrés a Esperanza, entregándole la Biblia abierta para que ella misma lo leyera:Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados’. “Dios tiene un propósito, un plan para tu vida”, afirmó Andrés. Odisea Cristiana

Continuará…

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