Declaración de creencias de la Iglesia de Dios Universal / Iglesia de Dios Mundial

La Iglesia de Dios Universal / Iglesia de Dios Mundial tiene miembros en 120 países y jurisdicciones. Como parte del Cuerpo de Cristo, nuestra misión es proclamar el evangelio de Jesucristo en todo el mundo y promover el crecimiento espiritual de los fieles (Mateo 28:19-20).

Siendo un cuerpo de creyentes guiado por el Espíritu, se le dirige esta exhortación: “Crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). El Espíritu de Dios guía a la iglesia a toda verdad (Juan 16:13). Por consiguiente, los puntos tratados en esta declaración de creencias doctrinal no constituyen un credo cerrado. La iglesia renueva constantemente su dedicación a la verdad y a una comprensión más profunda de la misma, y responde a la guía de Dios en lo que respecta a sus creencias y prácticas.

Resumen de nuestra fe cristiana

Creemos en:

Un Dios Creador Santo, Amoroso, Todopoderoso y Misericordioso que existe en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada e infalible, la autoridad final para toda cuestión de fe y práctica.

Que Jesucristo, nacido de la virgen María, plenamente Dios y plenamente hombre, es tanto Señor como Salvador.

Que Jesucristo sufrió y murió en la cruz por el pecado humano, que su cuerpo fue resucitado en el tercer día y que ascendió al cielo y está sentado a la diestra de Dios el Padre.

Que Jesucristo regresará a juzgar a los vivos y a los muertos y a reinar sobre todas las cosas.

El ministerio del Espíritu Santo, quien trae a los pecadores al arrepentimiento, quien da vida eterna a los creyentes y quien vive en ellos para hacerlos conformes a la imagen de Jesucristo.

Que los cristianos deben tener compañerismo regular y vivir vidas de fe que hagan evidente la buena nueva de que los seres humanos entran al reino de Dios al poner su confianza en Jesucristo.

La unidad espiritual de todos los creyentes en nuestro Señor Jesucristo.

Que la salvación viene sólo mediante la gracia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, no mediante las obras.

La resurrección de los muertos y la vida del mundo que ha de venir.


El Dios Trino

Dios es, según el testimonio de las Escrituras, un solo Ser divino que existe en tres personas eternas y de la misma esencia, aunque distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él es el único Dios verdadero, eterno, inmutable, omnipotente, omnisciente y omnipresente. Él es el Creador del cielo y de la tierra, Sustentador del universo y Autor de la salvación del ser humano. Aunque trascendente, Dios se relaciona directa y personalmente con los seres humanos. Dios es amor y bondad infinita.

(Marcos 12:29; 1 Timoteo 1:17; Efesios 4:6; Mateo 28:19; 1 Juan 4:8; 5:20; Tito 2:11; Juan 16:27; 2 Corintios 13:14; 1 Corintios 8:4-6)

Dios el Padre

Dios el Padre es la primera Persona de la Deidad, sin origen, de quien el Hijo es engendrado eternamente y de quien el Espíritu Santo procede eternamente mediante el Hijo. El Padre, quien hizo todas las cosas visibles y no visibles mediante el Hijo, envió a su Hijo para nuestra salvación y nos da el Espíritu Santo para nuestra regeneración y adopción como hijos de Dios.

(Juan 1:1, 14, 18; Romanos 15:6; Colosenses 1:15-16: Juan 3:16; 14:26; 15:26; Romanos 8:14-17; Hechos 17:28)

Dios el Hijo

Dios el Hijo es la segunda Persona de la Deidad, eternamente engendrado del Padre. Él es el Verbo y la expresión exacta del Padre, por quien y para quien todas las cosas fueron creadas. Fue enviado por el Padre como Jesucristo para ser Dios revelado en la carne para nuestra salvación. Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María, plenamente Dios y plenamente humano, dos naturalezas en una persona. Él es el Hijo de Dios y Señor de todos, digno de adoración, honra y reverencia. Siendo el profetizado Salvador de la humanidad, murió por nuestros pecados, fue resucitado corporalmente de entre los muertos y ascendió al cielo, donde es el Mediador entre el ser humano y Dios. Volverá en gloria como Rey de reyes para gobernar sobre todas las naciones en el reino de Dios.

(Juan 1:1, 10, 14; Colosenses 1:15-16; Hebreos 1:3; Juan 3:16; Tito 2:13; Mateo 1:20; Hechos 10:36; 1 Corintios 15:3-4; Hebreos 1:8; Apocalipsis 19:16)

Dios el Espíritu Santo

Dios el Espíritu Santo es la tercera Persona de la Deidad, quien procede eternamente del Padre mediante el Hijo. Él es el Consolador prometido por Jesucristo, dado por el Padre a todos los creyentes. El Espíritu Santo vive en nosotros, nos une con el Padre y el Hijo, y nos transforma a la imagen de Cristo mediante la regeneración, el arrepentimiento, la santificación y una continua renovación. El Espíritu Santo es la Fuente de la inspiración y la profecía a lo largo de las Escrituras, la Fuente de unidad y comunión en la iglesia. Es el Proveedor de los dones espirituales para la obra del evangelio y el Guía que lleva constantemente a los cristianos a toda la verdad.

(Juan 14:16; 15:26; Hechos 2:4, 17-19, 38; Mateo 28:19; Juan 14:17-26, 23; 1 Pedro 1:2; Tito 3:5; 2 Pedro 1:21; 1 Corintios 12:13; 2 Corintios 13:14; 1 Corintios 12:1-11; Hechos 20:28; Juan 16:13)

El Reino de Dios

En su sentido más amplio, el Reino de Dios es la soberanía suprema de Dios. El reinado de Dios se hace ahora manifiesto en la iglesia y en la vida de cada creyente que se somete a su voluntad. El reino de Dios será manifestado plenamente sobre el mundo entero después del retorno de Jesucristo cuando todas las cosas vendrán a estar sujetas a él.

(Salmos 2:6-9; 93:1-2; Lucas 17:20-21; Daniel 2:44; Marcos 1:14-15; 1 Corintios 15:24-28; Apocalipsis 11:15; 21:3, 22-27; 22:1-5)

La Humanidad

Dios creó a la humanidad, hombre y mujer, a su imagen y semejanza. Dios los bendijo, diciéndoles que se multiplicaran y llenaran la tierra. En amor, el Señor les dio a los seres humanos poder como mayordomos para sojuzgar la tierra y tener dominio sobre sus criaturas.

En Génesis, la humanidad es la corona de la creación; Adán es el primer ser humano. Tipificada en Adán quien pecó, la humanidad vive en rebelión contra su Creador, difundiendo el pecado y la muerte en el mundo. A pesar de la pecaminosidad humana, la humanidad continúa en la imagen de Dios y es definida por esta. Por eso todos los seres humanos, colectiva e individualmente, merecen amor, honor y respeto.

La imagen eternamente perfecta de Dios es la Persona del Señor Jesucristo, quien es el último Adán. Dios, mediante Jesucristo, crea la nueva humanidad sobre la cual el pecado y la muerte no tienen poder. En Cristo, la humanidad llevará perfectamente la imagen de Dios.

(Génesis 1:26-28; Salmos 8:3-8; Romanos 5:12-21; Colosenses 1:15; 2 Corintios 5:17; 2 Corintios 3:18; 1 Corintios 15:21-22; Romanos 8:29; 1 Corintios 15:47-49; 1 Juan 3:2)

Las Sagradas Escrituras

Las Sagradas Escrituras son la Palabra de Dios inspirada, el testimonio fiel del evangelio y el registro verdadero y exacto de la revelación de Dios a la humanidad. Como tal, las Sagradas Escrituras son infalibles y son el fundamento para la iglesia en toda cuestión de doctrina y vida piadosa.

(2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:20-21; Juan 17:17)

La Iglesia

La iglesia, o el Cuerpo de Cristo, está integrada por todos aquellos que tienen fe en Jesucristo y en quienes mora el Espíritu Santo. La comisión de la iglesia es predicar el evangelio, enseñar todas las cosas que Cristo ha mandado, bautizar y apacentar el rebaño de los creyentes. En el cumplimiento de su misión, la iglesia es dirigida por las Sagradas Escrituras, guiada por el Espíritu Santo y mira continuamente hacia Jesucristo, su Cabeza viviente.

(1 Corintios 12:13; Romanos 8:9; Mateo 28:19-20; Colosenses 1:18; Efesios 1:22)

El Cristiano

El cristiano es cualquier persona que confía en Jesucristo. El cristiano experimenta un nuevo nacimiento por medio de la regeneración que obra el Espíritu Santo y es colocado mediante la adopción en una relación correcta con Dios y con el prójimo por la gracia de Dios. La vida cristiana se caracteriza por el fruto del Espíritu Santo.

(Romanos 10:9-13; Gálatas 2:20; Juan 3:5-7; Marcos 8:34; Juan 1:12-13; 3:16-17; Romanos 5:1; Romanos 8:9, 14-15; Juan 13:35; Gálatas 5:22-23)

El Reino Angélico

Los ángeles son espíritus ministradores creados y dotados de libre albedrío. Los ángeles santos le sirven a Dios como mensajeros y agentes; han sido designados para servir a aquellos que heredarán la salvación. Estos ángeles acompañarán a Cristo en su segunda venida. Los ángeles desobedientes se llaman demonios, espíritus malignos y espíritus inmundos.

(Hebreos 1:14; Apocalipsis 1:1; 22:6; Mateo 25:31; 2 Pedro 2:4; Marcos 1:23; Mateo 10:1)

Satanás

Satanás es un ángel caído que está a la cabeza de las fuerzas del mal en el reino espiritual. La Biblia se refiere a él con los siguientes términos: el diablo, el adversario, el maligno, homicida, mentiroso, ladrón, tentador, acusador de los hermanos, príncipe de los demonios, y dios de este mundo. Él está en rebelión constante contra Dios. Por medio de su influencia, genera discordia, engaño y desobediencia entre los seres humanos. En Cristo, Satanás ya está vencido, y su dominio y su influencia como dios de este mundo cesará al regreso de Cristo.

(Lucas 10:18; Apocalipsis 12:9; 1 Pedro 5:8; Juan 8:44; Job 1:6-12; Zacarías 3:1-2; Apocalipsis 12:10; 2 Corintios 4:4; Apocalipsis 20:1-3; Hebreos 2:14; 1 Juan 3:8)

El Evangelio

El evangelio es el mensaje de las buenas noticias acerca de la salvación por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo. Es el mensaje acerca de que Cristo murió por nuestros pecados, que fue sepultado, que fue levantado de entre los muertos en el tercer día de acuerdo con las Escrituras y de que él se apareció a sus discípulos y que ascendió a la diestra de Dios. Es la buena nueva de que mediante la obra salvadora de Jesucristo podemos entrar en el reino de Dios.

(1 Corintios 15:1-5; Hechos 5:31; Lucas 24:46-48; Juan 3:16; Mateo 28:19-20; Marcos 1:14-15; Hechos 8:12; 28:30-31)

La Conducta Cristiana

La conducta cristiana se caracteriza por nuestra confianza y amor hacia nuestro Salvador, quien nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. La confianza en Jesucristo se expresa mediante la creencia en el evangelio y por las obras de amor. Mediante el Espíritu Santo, Cristo transforma los corazones de los creyentes, produciendo en ellos amor, alegría, paz, fidelidad, paciencia, amabilidad, bondad, humildad, dominio propio, justicia y verdad.

(1 Juan 3:23-24; 4:20-21; 2 Corintios 5:15; Gálatas 5:6, 22-23; Efesios 5:9)

La gracia de Dios

La gracia es el favor gratuito e inmerecido que Dios ha escogido conceder a toda la creación. En su sentido más amplio, la gracia se manifiesta en todos los actos mediante los cuales Dios se da a conocer. Por gracia, la humanidad y todo el cosmos han sido redimidos del pecado y de la muerte mediante Jesucristo, y por gracia, los seres humanos reciben la capacidad de conocer y amar a Dios y a Jesucristo, y entrar en el gozo de la salvación eterna en el reino de Dios.

(Colosenses 1:20; 1 Juan 2:1-2; Romanos 8:19-21; 3:24; 5:2, 15-17, 21; Juan 1:12; Efesios 2:8-9; Tito 3:7)

El Pecado

El pecado es maldad, esto es, un estado o condición de rebelión en contra de Dios. Desde el momento en que el pecado entró a la raza humana por medio de Adán y Eva, el ser humano ha estado bajo su yugo, el cual solo puede ser removido por la gracia de Dios mediante Jesucristo.

La condición pecadora del ser humano se manifiesta en la tendencia a preferirse a sí mismo y a sus propios intereses en vez de a Dios y su voluntad. El pecado produce separación de Dios, sufrimiento y muerte. Puesto que todos los seres humanos son pecadores, todos necesitan la salvación que Dios ofrece por medio de su Hijo.

(1 Juan 3:4; Romanos 5:12; 7:24-25; Marcos 7:21-23; Gálatas 5:19-21; Romanos 6:23; 3:23-24)

La Fe en Dios

La Fe en Dios es un don de Dios, arraigada en su Hijo encarnado e iluminada por su Palabra eterna mediante el testimonio del Espíritu Santo en las Escrituras.

La Fe en Dios prepara y capacita nuestras mentes y emociones para entender y recibir el don gratuito de la salvación dado por Dios. Nos capacita para participar en compañerismo espiritual y lealtad dedicada a Dios nuestro Padre mediante Jesucristo por el Espíritu Santo. Jesucristo es el autor y perfeccionador de nuestra fe, y es mediante la fe, no por obras, que somos salvos por la gracia.

(Efesios 2:8; Hechos 15:9; 14:27; Romanos 12:3; Juan 1:1, 4; Hechos 3:16; Romanos 10:17; Hebreos 11:1; Romanos 5:1-2; 1:17; 3:21-28; 11:6; Efesios 3:12; 1 Corintios 2:5; Hebreos 12:2)

La Salvación

La salvación es la restauración de la comunión humana con Dios y la liberación de la creación entera de la esclavitud del pecado y la muerte. La salvación es un regalo que Dios concede, no sólo para la vida presente, sino para la eternidad, a toda persona que acepta a Jesucristo como Señor y Salvador. Este es un regalo de Dios, por gracia mediante la fe en Jesucristo, que no se puede ganar por mérito personal ni por buenas obras.

(Efesios 2:4-10; 1 Corintios 1:9; Romanos 8:21-23; 6:18, 22-23)

La seguridad de la salvación

La Biblia afirma que todos aquellos cuya fe permanezca en Jesucristo serán salvos, y que nada podrá arrebatárselos de su mano. La Biblia hace hincapié en la fidelidad infinita del Señor, la suficiencia total de Jesucristo para nuestra salvación, el amor dinámico de Dios para todos los pueblos, y el evangelio como el poder de Dios para la salvación de todos los que creen. Al tener tal seguridad de la salvación, a los creyentes se les exhorta a permanecer firmes en la fe y a crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

(Juan 10:27-29; 2 Corintios 1:20-22; 2 Timoteo 1:9; 1 Corintios 15:2; Hebreos 6:4-6; Juan 3:16; Romanos 1:16; Hebreos 4:14; 2 Pedro 3:18)

El Sábado Cristiano

El sábado cristiano es la vida en Jesucristo, en quien todo creyente encuentra el verdadero descanso. El sábado semanal del séptimo día, que fue mandado a Israel en los Diez Mandamientos, fue una sombra que prefiguraba la Realidad verdadera hacia quien señalaba: nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

(Hebreos 4:3, 8-10; Mateo 11:28-30; Éxodo 20:8-11; Colosenses 2:16-17)

El Arrepentimiento

El arrepentimiento hacia un Dios misericordioso es un cambio de mentalidad y actitud, producido por el Espíritu Santo, mediante la Palabra de Dios. Incluye el reconocimiento de los pecados personales y acompaña a una nueva vida santificada mediante la fe en Jesucristo.

(Hechos 2:38; Romanos 2:4; 10:17; Romanos 12:2)

La Justificación

La justificación es el acto misericordioso en y mediante Jesucristo por medio del cual Dios declara y establece al creyente como justo ante sus ojos. Así, la humanidad experimenta, mediante la fe en Jesucristo, perdón y paz divinos con su Salvador y Señor.

(Romanos 3:21-31; 4:1-8; 5:1, 9; Gálatas 2:16)

La Santificación

La santificación es el acto misericordioso de Dios mediante el cual Él imparte la justicia y la santidad de Jesucristo al creyente. Se experimenta mediante la fe en Jesucristo y se logra mediante la presencia interna del Espíritu Santo.

(Romanos 6:11; 1 Juan 1:8-9; Romanos 6:22; 2 Tesalonicenses 2:13; Gálatas 5:22-23)

La Adoración

La adoración es la respuesta divinamente creada hacia la gloria de Dios. Es motivada por el amor divino y procede de la revelación de Dios de sí mismo en comunión con su creación.

En la adoración, los creyentes tienen comunión con Dios el Padre mediante Jesucristo por medio del Espíritu Santo.

La adoración incluye dar prioridad a Dios sobre todas las cosas humilde y gozosamente, y se expresa en tales acciones y actitudes como la oración, la alabanza, la celebración, la generosidad, actos de misericordia y arrepentimiento.

(Juan 4:23; 1 Juan 4:19; Filipenses 2:5-11; 1 Pedro 2:9-10; Efesios 5:18-20; Colosenses 3:16-17; Romanos 5:8-11; 12:1; Hebreos 12:28; 13:15-16)

El Bautismo

El bautismo en agua, el cual significa que el creyente se ha arrepentido y ha aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador, es una participación en la muerte y resurrección de Jesucristo. El bautismo del Espíritu y de fuego se refiere a la obra regeneradora y purificadora del Espíritu Santo. La Iglesia de Dios Universal practica el bautismo por inmersión.

(Mateo 28:19; Hechos 2:38; Romanos 6:4-5; Lucas 3:16; 1 Corintios 12:13; 1 Pedro 1:3-9; Mateo 3:16)

La Cena del Señor

La noche previa a su crucifixión, Jesús tomó el pan y la copa, diciendo: “Esto es mi cuerpo que por ustedes entrego… Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”. Cada vez que celebramos la Cena del Señor, participamos del pan y de la copa en memoria de nuestro Salvador, proclamando su muerte hasta que Él venga.

La Cena del Señor es una participación en la muerte y resurrección de nuestro Señor, quien dio su cuerpo y derramó su sangre para que nosotros pudiéramos ser perdonados.

(1 Corintios 11:23-26; 1 Corintios 10:16; Mateo 26:26-28)

La Mayordomía Cristiana

La mayordomía financiera cristiana es el manejo de recursos personales en una manera que refleja el amor y la generosidad de Dios. Esto incluye la responsabilidad de ofrecer una porción de nuestros recursos financieros a la obra de la iglesia. Los donativos proveen fondos para la misión que Dios le ha dado a la iglesia de predicar el evangelio y alimentar el rebaño. El dar refleja la adoración, fe, obediencia y amor del creyente hacia Dios, quien es la Fuente de la salvación y el Dador de toda cosa buena.

(1 Pedro 4:10; 1 Corintios 9:1-14; 2 Corintios 9:6-11)

El liderazgo de la iglesia

La Cabeza de la iglesia es Jesucristo, quien revela la voluntad del Padre a la iglesia mediante el Espíritu Santo. Mediante la Escritura el Espíritu Santo instruye y capacita a la iglesia para satisfacer las necesidades de las congregaciones. La Iglesia de Dios Universal busca seguir la guía del Espíritu Santo para servir a sus congregaciones a medida que ordena ancianos, diáconos y diaconisas, y nombra líderes de ministerios.

(Colosenses 1:18; Efesios 1:15-23; Juan 16:13-15; Efesios 4:11-16)

La Profecía Bíblica

La profecía bíblica revela a Dios y su voluntad y propósito para la humanidad. En la profecía bíblica, Dios declara que el pecado humano es perdonado mediante el arrepentimiento y la fe en la obra salvadora de Jesucristo. La profecía proclama a Dios como el Creador y Juez Soberano de todos, le asegura a la humanidad de su amor, misericordia y fidelidad, y motiva al creyente a vivir una vida piadosa en Jesucristo.

(Isaías 46:9-11; Lucas 24:44-48; Daniel 4:17; Judas 14-15; 2 Pedro 3:14)

La Segunda Venida

Jesucristo regresará a la tierra, tal como lo prometió, para juzgar y gobernar a todas las naciones en el reino de Dios. Su segunda venida será visible y con poder y gloria. Este acontecimiento dará inicio a la resurrección y a la recompensa de los santos.

(Juan 14:3; Apocalipsis 1:7; Mateo 24:30; 1 Tesalonicenses 4:15-17; Apocalipsis 22:12)

La Herencia del creyente

La Herencia del creyente es la salvación y vida eterna en Cristo como un hijo de Dios en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Padre lleva a los creyentes aun ahora al reino de su Hijo, y su recompensa está reservada en el cielo para ser entregada en su plenitud en la segunda venida de Cristo. Los santos resucitados reinan con Cristo en el reino de Dios.

(1 Juan 3:1-2; 1 Juan 2:25; Romanos 8:16-21; Colosenses 1:13; Daniel 7:27; 1 Pedro1:3-5; Apocalipsis 5:10)

El Juicio Eterno

Al final de la era, Dios reunirá a todos los vivos y los muertos ante el trono celestial de Cristo para el juicio. Los justos recibirán gloria eterna y los injustos serán condenados al lago de fuego. En Cristo, el Señor ha hecho provisión misericordiosa y justa para todos, aun para aquellos que en el momento de su muerte parecen no haber creído el evangelio.

(Mateo 25:31-32; Hechos 24:15; Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:11-15; 1 Timoteo 2:3-6; 2 Pedro 3:9; Hechos 10:43; Juan 12:32; 1 Corintios 15:22-28)

El Infierno

El infierno es la separación o alejamiento de Dios escogida por los pecadores incorregibles. En el Nuevo Testamento, se hace referencia al infierno con los términos “lago de fuego”, “tinieblas de afuera” y Gehenna (un desfiladero en las afueras de Jerusalén donde se quemaba basura).

El infierno está caracterizado por tormento, angustia, lloro y crujir de dientes, y destrucción eterna. Los términos bíblicos Seol y Hades, a menudo traducidos como “infierno” o “el sepulcro”, se refieren al reino de los muertos. La Biblia enseña que los pecadores no arrepentidos sufrirán la muerte segunda en el lago de fuego, pero no deja absolutamente claro si esto significa una aniquilación o un alejamiento espiritual de Dios en un estado consciente.

(2 Tesalonicenses 1:8-9; Mateo 10:28; 25:41, 46; Apocalipsis 20:14-15; 21:8; Mateo 13:42; Salmos 49:14-15)

El Cielo

El cielo es el término bíblico aplicado a la morada escogida de Dios y al destino eterno de todos los redimidos hijos de Dios.

Estar en el cielo es permanecer en Cristo en la presencia de Dios, donde el pecado, la muerte, el sufrimiento, el llanto y el dolor no existirán jamás. El cielo está caracterizado por gozo eterno, paz bendita, y la justicia de Dios.

(1 Reyes 8:27-30; Deuteronomio 26:15; Mateo 6:9; Hechos 7:55-56; Juan 14:2-3; Apocalipsis 21:3-4; 22:1-5; 2 Pedro 3:13)

El Estado Intermedio

El estado intermedio es la condición de los muertos hasta la resurrección del cuerpo. Los cristianos sostienen varios puntos de vista en cuanto a la naturaleza del estado intermedio en base a su interpretación de pasajes bíblicos relacionados.

Algunos pasajes sugieren un estado intermedio consciente, y otros un estado inconsciente. La Iglesia de Dios Universal cree que las dos posiciones deben ser respetadas.

(Isaías 14:9-10; Ezequiel 32:21; Lucas 16:19-31; 23:43; 2 Corintios 5:1-8; Filipenses 1:21-24; Apocalipsis 6:9-11; Salmos 6:5; 88:10-12; 115:17; Eclesiastés 3:19-21; 9:5, 10; Isaías 38:18; Juan 11:11-14; 1 Tesalonicenses 4:13-14)

El Milenio

El Milenio es el período de tiempo descrito en el libro de Apocalipsis, durante el cual los mártires cristianos reinan con Cristo por mil años. Después del Milenio, cuando todos los enemigos hayan sido puestos bajo sus pies, y todas las cosas le estén sujetas, Cristo entregará el reino a Dios el Padre, y el cielo y la tierra serán hechos nuevos.

Algunas tradiciones cristianas interpretan el Milenio como 1.000 años literales que preceden o siguen el regreso de Jesús, mientras que otros creen que la evidencia bíblica señala una interpretación figurativa: un período de tiempo indeterminado que comienza con la resurrección de Jesús y concluye con su regreso.

(Apocalipsis 20:1-15; 21:1, 5; Hechos 3:19-21; Apocalipsis 11:15; 1 Corintios 15:24-25)


Documentos históricos
de la iglesia cristiana

Un credo es una declaración de fe breve que se usa para enumerar verdades importantes, para clarificar asuntos doctrinales y para distinguir la verdad del error. Los credos normalmente se escriben para ser memorizados fácilmente. El término credo proviene de la palabra latina credo, que significa: “Yo creo”. La Biblia contiene algunos pasajes escritos como un credo. Por ejemplo, los judíos usaron el Shema, basado en Deuteronomio 6:4-9, como un credo. Pablo escribió declaraciones sencillas parecidas a un credo en 1 Corintios 8:6; 12:3, y 15:3-4. 1 Timoteo 3:16 también aparece como un credo, una declaración de creencias concisa.

A medida que se expandió la iglesia primitiva, había una necesidad práctica para una declaración de fe para ayudar a los creyentes a concentrarse en las doctrinas más importantes de su fe cristiana. El Credo de los Apóstoles es llamado así apropiadamente no porque los apóstoles originales lo escribieron, sino porque refleja correctamente la enseñanza de los apóstoles. Los padres de la iglesia Tertuliano, Agustín y otros líderes tenían versiones ligeramente diferentes del Credo de los Apóstoles, pero el texto de Pirminio de 750 d.C. fue finalmente aceptado como la forma regular.

A medida que la iglesia creció, las herejías también aumentaron, y los primeros cristianos tuvieron que clarificar los límites que definían la fe. Al principio de los años 300, antes de que se finalizara el canon del Nuevo Testamento, surgió una controversia sobre la divinidad de Jesucristo. Como un pedido del Emperador Constantino, los obispos cristianos del Imperio Romano se reunieron en el pueblo de Nicea en 325 para discutir el asunto. Escribieron un consenso en la forma de un credo, y lo llamaron el Credo de Nicea. En 381, otro concilio importante se realizó en Constantinopla en el cual se revisó ligeramente el Credo de Nicea para incluir otras doctrinas. El Credo que resultó de este se llamó el Credo Niceno-Constantinopolitano, o más comúnmente conocido como el Credo Niceno.

En el siguiente siglo, los líderes de la iglesia se reunieron en la ciudad de Calcedonia para discutir, entre otras cosas, preguntas sobre las naturalezas divina y humana de Jesucristo. El resultado fue una Declaración de Fe que ellos creyeron que está acorde con el evangelio, con la enseñanza apostólica y con las Escrituras. Esta declaración se llama la Declaración de Calcedonia o la Fe de Calcedonia.

Lamentablemente, los credos se pueden convertir en algo formal, complejo, abstracto y, algunas veces, igualado a la Escritura. No obstante, cuando se usan apropiadamente, estos facilitan la base concisa para la enseñanza, protección de la doctrina bíblica correcta, y crean un enfoque para el compañerismo en la iglesia. Estos tres credos son muy aceptados entre los cristianos como consistentes con la Biblia y como declaraciones de ortodoxia verdaderamente cristiana, o enseñanza correcta.

El Credo Niceno

(381 d.C.)

Creemos en un Dios, el Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, y de todo lo que existe, visible e invisible.

Creemos en un Señor Jesucristo, el único Hijo de Dios, engendrado eternamente del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no hecho, de un Ser con el Padre. Mediante él todas las cosas fueron hechas. Para nosotros y para nuestra salvación, vino del cielo: por el poder del Espíritu Santo fue encarnado de la virgen María y fue hecho hombre. Para nuestro bien, fue crucificado bajo Poncio Pilato; sufrió la muerte y fue sepultado. En el tercer día, resucitó de acuerdo con la Escritura; ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre. Él vendrá otra vez en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin.

Creemos en el Espíritu Santo, el Señor, el dador de vida, quien procede del Padre. Con el Padre y el Hijo, Él es adorado y glorificado. Él ha hablado mediante los profetas.

Creemos en una Iglesia santa, global y apostólica. Reconocemos un bautismo por el perdón de los pecados.

Esperamos la resurrección de los muertos, y la vida en el mundo venidero. Amén.

(Traducción basada en The Book of Common Prayer, “El libro de oración común”, 1979)

El Credo de los Apóstoles

(c. 700 d.C.)

Creo en Dios, el Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Él fue concebido por el poder del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María. Él sufrió bajo Poncio Pilato, fue crucificado, murió y fue sepultado. Él descendió a los muertos. En el tercer día, resucitó. Él ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre. Él vendrá de nuevo a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia global, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo y la vida eterna. Amén.

(Traducción basada en I Believe, “Yo Creo”, por Alister McGrath, Downer´s Grove, II.: InterVarsity Press, 1997)

La definición de la unión de las naturalezas divina y humana en la Persona de Cristo

(Concilio de Calcedonia, 451 d.C.)

Por tanto, siguiendo a los santos padres, todos nosotros en unidad les enseñamos a las personas a reconocer a uno y al mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, al mismo tiempo completo en Deidad y completo en humanidad, verdaderamente Dios y verdaderamente humano, consiste también de un alma y cuerpo razonable; de una sustancia (homoousios) con el Padre con respecto a su Deidad, y al mismo tiempo de una sustancia con nosotros con respecto a su humanidad; como nosotros en todo aspecto, apartado del pecado; con respecto a su Deidad, engendrado del Padre antes de la edades, pero con respecto a su humanidad, engendrado por nosotros los hombres y para nuestra salvación, de María la Virgen, la portadora de Dios (theotokos); uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Único-engendrado, reconocido en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación; la distinción de las naturalezas no siendo anulada en ninguna forma por la unión, sino al contrario, las características de cada naturaleza siendo preservadas y estando unidas para formar una persona y subsistencia, no apartadas o separadas en dos personas, sino uno y el mismo Hijo y Único-engendrado Dios el Verbo, Señor Jesucristo; así como los profetas de tiempos antiguos hablaron de él, y como nuestro Señor Jesucristo mismo nos enseñó, y como el credo de los Padres ha sido transmitido a nosotros.

(Traducción de The Book of Common Prayer, “El libro de oración común”, 1979)■



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Comunión de Gracia

Acerca de Comunión de Gracia

COMUNIÓN DE GRACIA INTERNACIONAL [GRACE COMMUNION INTERNATIONAL], es una denominación evangélica activa en casi 100 países y territorios con una afiliación internacional de alrededor de 42 mil miembros y 900 congregaciones. Nuestra misión es “vivir y compartir el evangelio”. Creemos en la unidad espiritual de todos los creyentes en nuestro Señor Jesucristo. Le invitamos a reunirse con nosotros en nuestros servicios de adoración donde escuchará el evangelio de Jesucristo y conocerá a otros cristianos que están experimentando su relación con Jesucristo, así como usted.

1 comentario

-POEMA- "TE DESEO TODO LO MEJOR"
*Solo deseo para ti, lo que un buen día encontré,
que fue sentir la presencia, de JESÚS DE NAZARET-
*QUE HERMOSO ES HABLAR DE DIOS, A MODO DE POESÍA,
Y PEDIR CON ALEGRÍA SU CELESTIAL BENDICIÓN
A LO LARGO DE ESTE DÍA-
*Hoy te digo con AMOR Y CON CRISTIANO CARIÑO,
QUE ES BELLO VIVIR LA VIDA, CON EXPERIENCIA DE ADULTO, PERO CON ALMA DE NIÑO-
*a la manera filosófica y espiritual de Pablo Yaso- -2016-

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