Creencias Cristianas Básicas


Capítulo 7


¿Qué es la Iglesia?


por Michael Morrison

La Biblia dice que las personas que tienen fe en Cristo llegan a ser parte de la «iglesia». Pero, ¿qué es la iglesia? ¿Cómo está organizada? ¿Cuál es su propósito de ser?

Jesús dijo, «edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). La iglesia es importante para él. La amó tanto que dio su vida por ella (Efesios 5:25). Asimismo, si tenemos la mente de Cristo, amaremos a la iglesia también y daremos nuestra vida por ella. La palabra griega para «iglesia» es ekklesia, que significa una asamblea.

En Hechos 19:39, 41, dicho vocablo es usado para referirse a un grupo de personas. Pero entre los cristianos, la palabra ekklesia llegó a tener un significado especial: se aplica a todos aquellos que creen en Jesucristo.

Por ejemplo, la primera vez que Lucas usa esta palabra, él escribe, «Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia”. (Hechos 5:11). El no tenía que explicar a sus lectores lo que significaba dicha palabra, ellos ya estaban familiarizados con ella. Y se refería a todos los cristianos, no sólo a aquellos que estaban presentes en esa ocasión en particular. «La iglesia» significa todos los discípulos de Cristo. Se refiere a las personas, no a un edificio.

Cada grupo local de creyentes es una iglesia. El apóstol Pablo escribió “a la iglesia de Dios que está en Corinto» (1 Cor. 1:2); él se refería a «todas las iglesias de Cristo» (Rom. 16:16) y la «iglesia de Laodicea» (Col. 4:16). Pero él también podía usar la palabra iglesia para referirse a los cristianos de todas partes: «Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella» (Efesios. 5:25).

Otro aspecto de este tema es de que la iglesia existe en niveles diferentes. A un nivel se encuentra la iglesia universal, que incluye a cualquier persona de todo el mundo que acepta a Jesucristo como su Señor y Salvador. Las iglesias locales son un nivel diferente, incluyen a personas que se congregan regularmente. Las denominaciones están en un nivel intermedio, contienen grupos de iglesias locales que trabajan más juntamente debido a que comparten una historia y creencias en común.

Las congregaciones locales en ocasiones abarcan a los no creyentes–familiares de miembros, que aún no han aceptado a Jesucristo como su Salvador, pero que se reúnen regularmente con los creyentes.

Por otra parte, las congregaciones locales también podrían incluir a personas que se consideran a sí mismas como cristianas, pero que se engañan a sí mismas. La experiencia muestra que algunas de estas personas admitirán más tarde que en realidad no eran cristianas.

¿Por qué necesitamos a la iglesia?

Muchas personas dicen creer en Jesucristo pero no quieren asistir a ninguna de sus iglesias. Algunas de estas personas se engañan a sí mismas. El Nuevo Testamento muestra que el patrón normal para los creyentes es el de estarse congregando (Hebreos 10:25). El apóstol Pablo exhortaba repetidamente a los cristianos a hacerse favores mutuamente (Romanos 12:10; 15:7; 1ª Corintios. 12:25; Galatas 5:13; Efesios 4:32; Filipenses 2:3; Colosenses 3:13; 1ª Tesalonicenses. 5:13). Es difícil o casi imposible para las personas obedecer estos mandatos si no se reúnen con otros creyentes.

Otra razón por la que necesitamos a la iglesia es porque una iglesia local nos puede dar un sentido de pertenencia, de estar involucrados con otros creyentes. Nos puede dar cierta seguridad espiritual, para que no seamos arrastrados por ideas extrañas. Asimismo, una iglesia local nos puede dar aliento, amistad y compañerismo. Nos puede enseñar cosas que de otra manera no aprenderíamos por nosotros mismos. También, una iglesia nos puede ayudar a educar a nuestros hijos, a que trabajemos juntos para un ministerio más efectivo y nos puede dar oportunidades de servicio que nos ayudan a crecer en maneras que no esperaríamos en otras condiciones. En general, el valor que recibimos de una iglesia local es en proporción a nuestra participación en ella.

Sin embargo, tal vez la más importante razón por la que cada creyente participa en una iglesia local es porque la iglesia nos necesita. Es por ello que Dios ha dado diferentes habilidades a diferentes creyentes, y Él quiere que trabajemos juntos para el bienestar común (1ª Corintios 12:4-7). Por lo mismo, si sólo una parte de la fuerza laboral se presenta a una actividad cualquiera, no es de extrañar que la iglesia no pueda hacer tanto o de estar tan saludable como quisiéramos. Desafortunadamente, para algunas personas les es más fácil el criticar que ayudar en la iglesia.

Por lo anterior, la iglesia necesita de nuestro tiempo, nuestras habilidades y de nuestros recursos. La iglesia necesita de gente en quien pueda confiar — necesita de nuestro compromiso. Jesús dijo que oráramos por los obreros (Mateo 9:38). El quiere que cada uno de nosotros esté trabajando y no esté sentado mirando el panorama.

Por estas razones, las personas que tratan de ser cristianas sin la iglesia, fallan en usar sus habilidades para ayudar a la gente de quienes la Biblia dice que debemos de estar ayudando. La iglesia es una sociedad de ayuda mutua, nos ayudamos unos a otros, sabiendo que vendrá el día (y de hecho ya está aquí) en que necesitaremos ser ayudados.

Descripciones de la iglesia

La iglesia es descrita en diferentes maneras: el pueblo de Dios, la familia de Dios, la novia de Cristo. Asimismo, somos un edificio, un templo y un cuerpo. Jesús nos describió como ovejas, un sembradío y una viña. Cada analogía describe un aspecto diferente de la iglesia. Muchas de las parábolas de Jesús acerca del reino, también describen a la iglesia. Como una semilla de mostaza, la iglesia empezó pequeña llegando a crecer bastante (Mateo 23:31-32). La iglesia es como un sembradío en donde fue esparcida la cizaña entre el trigo (v. 24-30). La iglesia también se asemeja a un viñedo en donde algunas personas trabajaron por mucho tiempo y otras solo trabajaron por un período corto (Mateo 20:1-16).

También, la iglesia es como los siervos a quienes se les dio una cantidad de dinero para que lo invirtieran para su patrón; algunos produjeron más fruto que otros (Mateo 25:14-30). Asimismo, Jesús se describió a sí mismo como un pastor, y sus discípulos como ovejas (Marcos 26:31); su misión era el de encontrar ovejas perdidas (Mateo 18:11-14). El describió a su pueblo como ovejas que necesitan se alimentadas y cuidadas (Juan 21:15:17). Pablo y Pedro usaron la misma analogía, diciendo que los líderes de la iglesia deberían de ser los pastores del rebaño (Hechos 20:28; 1ª Pedro 5:2).

«Ustedes son…el edificio de Dios» dice el apóstol Pablo (1ª Corintios 3:9). El fundamento es Jesucristo (v.11) y los cristianos son el edificio que descansa sobre el fundamento. El apóstol Pedro dijo que todos somos «piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual» (1ª Pedro 2:5). También, conforme somos edificados juntos; llegamos a ser «morada de Dios por su Espíritu» (Efesios 2:22). Somos el templo de Dios, el templo del Espíritu Santo (1ª Cor. 3:17; 6:19). Asimismo, aunque Dios puede ser adorado en cualquier lugar, la iglesia considera el aspecto de la adoración con un propósito especial.

Somos el «pueblo de Dios», nos dice 1ª Pedro 2:10. Somos lo que el pueblo de Israel debía de haber sido: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios» (v.9; Éxodo 19:6). Pertenecemos a Dios porque Cristo nos compró con su sangre (Apo. 5:9). Somos sus hijos, y su familia (Efesios 3:15). Y como su pueblo, se nos ha dado una gran herencia, y en respuesta tratamos de complacerlo y de traer alabanza a su nombre.

La Escritura también nos llama la desposada de Cristo—una frase que revela su amor por nosotros, y un tremendo cambio dentro de nosotros, para que podamos tener una relación cercana con el Hijo de Dios. En algunas de sus parábolas, las personas están invitadas a asistir al banquete de bodas, pero en esta analogía, somos invitados a ser la desposada.

«¡Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria! Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero. Su novia se ha preparado» (Apoc. 19:7). ¿Cómo podremos estar listos para este gran evento? No será por nosotros mismos porque es un don: «y se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente» (v. 8). Cristo nos limpia “para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra” (Efe. 5:26). El presenta a la iglesia para sí mismo, como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. (v. 27). A través de estos pasajes vemos que Cristo está trabajando en nosotros.

Trabajando juntos

El cuerpo de Cristo es la mejor imagen que la iglesia puede tener para mostrarnos la mejor manera como los miembros se relacionan entre sí. «ustedes son el cuerpo de Cristo” dice Pablo, “y cada uno es miembro de ese cuerpo” (1ª Corintios 12:27). Jesucristo «Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia» (Colosenses 1:18), y todos somos miembros del cuerpo. Por lo tanto, si estamos unidos a Cristo, también estamos unidos los unos a los otros y tenemos responsabilidades entre nosotros.

Nadie puede decir, «no te necesito» (1ª Cor. 12:21), y ninguno puede decir, «no pertenezco a la iglesia» (v.18). Dios distribuye nuestras habilidades para que trabajemos para el bien común, ayudándonos los unos a los otros mediante el trabajo colectivo. «a fin de que no haya división en el cuerpo» (v. 25). Pablo advirtió con frecuencia de estar en contra del pecado de la división, al grado de decir que si una persona causa división debe de ser puesta fuera de la iglesia (Rom. 16:17; Tito 3:10).

Cristo es el que hace crecer a la iglesia, conforme los miembros cooperan «Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro.(Efesios 4:16). Desafortunadamente, el mundo cristiano está dividido en denominaciones que a veces tienen fricciones entre sí. Ello porque la iglesia todavía no es perfecta ya que ninguno de los miembros es perfecto. Sin embargo, Cristo quiere que la iglesia sea unida (Juan 17:21). Esto no requiere una fusión de todas las organizaciones, pero sugiere la existencia de un propósito en común. La verdadera unidad se puede encontrar sólo si nos acercamos a Cristo, predicamos su evangelio y vivimos como Él viviría en nuestro lugar. La meta es promoverlo a Él, no a nosotros mismos. No obstante, hay un beneficio colateral con la existencia de diferentes denominaciones: A través de enfoques diferentes, más personas son expuestas al evangelio de Cristo en maneras más comprensibles para ellas.

Organización

El mundo cristiano tiene tres enfoques básicos para la organización y el liderazgo de la iglesia: el jerárquico, democrático y representativo. Estos enfoques también se llaman episcopal, congregacional y presbiteriano. Existen variaciones dentro de cada modelo, pero en lo general, el modelo episcopal significa que un directivo denominacional tiene el poder para establecer políticas y ordenar a los pastores. En el modelo congregacional, los miembros de la iglesia eligen sus políticas y escogen a sus pastores. En un sistema presbiteriano, el poder está dividido entre los funcionarios de la iglesia y las congregaciones locales. Ambas partes eligen a sus ancianos y les dan poder para gobernar.

El Nuevo Testamento no requiere una estructura en particular para la iglesia. Habla de obispos, pastores y ancianos, como si éstas fueran palabras diferentes para identificar al mismo tipo de líder de la iglesia. El apóstol Pedro instruyó a un grupo de ancianos a que fueran pastores y obispos (1ª Pedro 5:1-2). Igualmente, Pablo declaró a un grupo de ancianos que ellos eran obispos y pastores (Hechos 20:17, 28). La iglesia de Jerusalén estaba dirigida por un grupo de ancianos; la iglesia de Filipos estaba dirigida por varios obispos (Hechos 15:2-6; Filipenses 1:1). También, Pablo dejó a Tito en Creta para que ordenara ancianos, escribió un versículo sobre ellos y varios versículos acerca de los obispos, como si estos títulos fueran palabras sinónimas para identificar a los líderes de la iglesia (Tito 1:5-9). En el libro de Hebreos, los líderes son simplemente llamados «pastores» (Hebreos 13:17).

Algunos líderes de la iglesia también fueron llamados maestros» (1ª Corintios 12:29; Santiago 3:1). La gramática de Efesios 4:11 infiere que los pastores y los maestros estaban en la misma categoría. Asimismo, una de las funciones principales de un líder de la iglesia es la de enseñar–uno de los requisitos para el liderazgo es de que la persona sea «apta para enseñar» (1ª Timoteo 3:2).

Un aspecto es consistente en todo esto: Algunas personas eran nombradas como líderes. Por lo tanto, las iglesias locales tenían cierta organización y el título exacto no importaba mucho. Los miembros eran exhortados a respetar y obedecer a estos líderes (1ª Tesalonicenses 5:12; 1ª Timoteo 5:17; Hebreos 13:17). Si el líder ordena algo que es erróneo, los miembros no están obligados a obedecer, pero en lo general, los miembros están para apoyar a sus líderes.

¿Qué hacen los líderes? Ellos dirigen los asuntos de la iglesia (1ª Timoteo 5:17). Ellos pastorean al rebaño, dirigiendo a través del ejemplo y la enseñanza. Ellos supervisan la iglesia (Hechos. 20:28). Ellos no se enseñorean sobre los demás, sino que están a su servicio (1ª Pedro. 5:2-3). Ellos están para «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo» (Efesios. 4:12).

¿Cómo son escogidos los líderes? Sólo se nos dice en unos cuantos pasajes: Pablo nombró algunos líderes (Hechos 14:23), dio a entender que Timoteo escogería a algunos obispos (1ª Timoteo 3:1-7) y autorizó a Tito a asignar a algunos ancianos (Tito 1:5). Al menos en estos casos, tenemos la presencia de una jerarquía. No encontramos ningún ejemplo en donde los miembros de la iglesia escogieran a sus propios ancianos.

Diáconos

Sin embargo, en Hechos 6:1-6 vemos a miembros escogiendo a algunos líderes. Estos hombres son escogidos para ayudar a distribuir comida para los necesitados, los apóstoles los nombran para esta labor. De esa manera, los apóstoles podrían concentrarse en asuntos espirituales, mientras se llevan a cabo las necesidades físicas (v.2). Esta diferencia entre el liderazgo físico y el liderazgo espiritual también se puede observar en 1ª de Pedro 4:11-12.

Los líderes que sirven en labores manuales son llamados a menudo diáconos, de la palabra griega diakoneo, que significa servir. Aunque todos los miembros y líderes están para servir, algunos son asignados específicamente para funciones de servicio.

Cuando menos, una mujer es llamada diaconisa (Romanos 16:1). (El hecho de que una palabra masculina es usada para una mujer, sugiere la participación de un título formal). El apóstol Pablo dio una lista de características requeridas en un diácono (1ª Timoteo 3:8-12), pero no especificó lo que hacían. Consecuentemente, diferentes denominaciones han asignado diferentes funciones al puesto que van desde la labor de limpieza hasta la administración financiera. El aspecto más importante en el liderazgo, no es el título, o la estructura del cargo o cómo son elegidas las personas sino que es el de ayudar al pueblo de Dios a crecer en la madurez para llegar a ser como Cristo (Efesios 4:13).

Propósitos de la iglesia

Cristo ha edificado su iglesia, ha dado a su pueblo dones y liderazgo, y también nos ha dado un trabajo que hacer. Repasemos ahora el propósito de la iglesia. Un propósito principal de la iglesia es el de la adoración. Dios los ha llamado «para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1ª Pedro 2:9). Dios busca a gente que le adorará (Juan 4:23), que lo amará sobre todas las cosas (Mateo 4:10). Todo lo que hacemos, ya sea en forma individual o como iglesia, debe de ser para su gloria (1ª Corintios 10:31). Somos llamados a ser “sacrificio de alabanza (Hebreos 13:15).

Se nos instruye a hablarnos «con salmos, himnos y canciones espirituales» (Efesios 5:19). Cuando nos reunimos como iglesia, le oramos y escuchamos su palabra. Estas son formas de adoración. También, lo es la Cena del Señor, el bautismo, y la obediencia.

La enseñanza es otro propósito de la iglesia. Es el núcleo de la Gran Comisión: «enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes» (Mateo 28:20). Los líderes de la iglesia deben de enseñar, y cada miembro debe de estar enseñando el uno al otro (1ª Corintios 14:31; 1ª Tesalonicenses 5:11; Hebreos 10:25). Los grupos pequeños proveen un ambiente excelente para este ministerio mutuo.

Si queremos ser espirituales, dice el apóstol Pablo, debemos de querer «edificar la iglesia» (1ª Corintios 14:12). La meta es edificar, fortalecer, animar y consolar (v. 3). Toda la reunión debe de ser para edificación (v. 26). Somos discípulos, gente que aprende y aplica la palabra de Dios. La iglesia primitiva era alabada porque «Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración» (Hechos 2:42).

El ministrar es el tercer propósito mayor de la iglesia. Escribe Pablo: «Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10).

Nuestro primer deber es hacia la familia, después hacia la iglesia, y por último hacia el mundo que nos rodea. El segundo mandamiento mas grande es el de amar al prójimo (Mateo 22:39).

Este mundo tiene muchas necesidades físicas, no debemos de ignorarlas. Pero la más grande necesidad es la del evangelio, tampoco debemos de ignorar esto. Como parte de nuestro ministerio para el mundo, la iglesia predica las buenas noticias de la salvación a través de Jesucristo. Ninguna otra organización hará esta obra—es la misión de la iglesia. Se necesita a cada obrero algunos en la línea frontal, y otros como personal de apoyo. Algunos plantarán, otros alimentarán, y algunos cosecharán, y conforme trabajemos juntos, Cristo hará que su iglesia crezca (Efesios 4:16).◙

Escribe tu comentario:

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.