RINCÓN DE ESPERANZA


¿Por qué a mí?

Pedro Rufián Mesa

La respuesta de Andrés, ante la trascendente pregunta de su paciente, Esperanza, a la que acababa de administrarle la primera sesión de quimioterapia en fase experimental para su cáncer de páncreas, la había dejado boquiabierta y admirada, no tanto por su experiencia como doctor, como por su sabiduría como persona y pastor. Realmente sentía más que admiración por él.

Había una lucha de sentimientos y emociones en su mente. Por un lado, era consciente de que se estaba resistiendo a admitir de forma más explícita lo que sentía por su doctor, y por otro estaba la realidad de la continua y punzante sombra de su enfermedad.

La pregunta que otras muchas veces había rondado por su cabeza insistía en ser vestida de palabras: “¿Por qué a mí?”. Tendría que hacérsela a Andrés antes de marchar, de otra forma sabía que no se desvanecería fácilmente de sus pensamientos.

Miró al doctor dejando ver su preocupación, y él que era tremendamente observador, se acercó a ella y le preguntó de inmediato: ‘¿Te sientes bien Esperanza? ¿Dime qué está rodando en esa cabecita?’, mientras le tocaba su frente.

Ella aprovechó de inmediato la oportunidad para compartir el peso que sentía: “Como psicóloga, he ayudado a muchas personas a superar pérdidas en sus vidas racionalizándolas con ellas, pero ahora como cristiana, no puedo encajar por qué me sucede esto a mí. Creo que es injusto, ahora que estoy empezando a caminar con Dios y que te he conocido a ti”.

Andrés empezó pausadamente: ‘No siempre tenemos respuestas para todas las incógnitas que nos plantea la vida, pero voy a tratar de ayudarte a encontrar algunas: Si te ha sucedido a ti, también puede sucedernos a cualquiera de nosotros. De hecho, tú sabes que mi lista de pacientes es larga, algunos mucho más jóvenes que tú. Nadie estamos seguros o inmunes, porque este universo físico no es un lugar seguro. Como tú acabas de decir, a menudo nos tropezamos con sucesos no previsibles e injustos. Como psicóloga sabes que las pérdidas imprevistas tienen muy poco que ver con nuestras nociones de la justicia’. Andrés hizo una pausa.

Y prosiguió: ‘Algunas personas tienen una vida larga y feliz, aunque se merezcan sufrir. Otras sufren una pérdida tras otra, aunque se merezcan ser bendecidas. A menudo no hay razones para la miseria de algunos y la felicidad de otros’.

El doctor hizo una inflexión, que de inmediato aprovechó Esperanza para preguntar. “¿Dice la Biblia algo sobre esto?”. ‘Claro que sí’, dijo él, mientras abriendo el cajón donde tenía su Biblia buscó un pasaje que leyó: ‘“Entonces volví a observar debajo del sol que no es de los veloces la carrera, ni de los valientes la batalla, ni de los sabios el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los conocedores la gracia; sino que a todos les llegan el tiempo y el contratiempo. Porque el hombre tampoco conoce su tiempo. Como los peces que son atrapados en la mala red y como los pájaros que quedan presos en la trampa, así son atrapados los hijos del hombre en el tiempo malo, cuando éste cae de repente sobre ellos”’ (Eclesiastés 9:11-12).

Luego mirando a Esperanza continuó: ‘Tenemos que ser conscientes de que cualquier cosa nos puede acontecer. Hay rincones de la vida que son imprevisibles y tenemos que estar preparados para cuando son visitados. ¿Quién sabe cuando va a morir?

Pero, por otro lado, no podemos ignorar que la mayor parte de nuestra vida viene determinada por el principio bíblico que Pablo expone en Gálatas 6:7-8: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará. Porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna».

No hay tal como que nuestra vida está ya predeterminada o predestinada por el sino, como algunas personas creen. La inmensa mayoría de las personas después de sufrir una pérdida se hacen esa misma pregunta: ¿Por qué a mí? La mayoría de nosotros, pienso que todos los que estamos sanos, queremos tener control de nuestras vidas, pero cuando nos llega lo imprevisible nos damos cuenta que somos más vulnerable de los que creíamos’

Continuará…

Lectura recomendada:

La predestinacion: ¿Te deja Dios elegir en realidad tu propio destino?

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