hoy photoMarcela Arango L.
Bogotá DC

En ocasiones los días de nuestra vida se tornan simples, sin sabor o quizás con un sabor que quisiéramos no degustar. A veces, sabe la vida a soledad, otras a desconcierto o descontento. En esos días es necesario tener tiempos de sol. Así, llamo yo, los tiempos de reflexión. Me gusta ir a un parque a escuchar los sonidos que suenan fuera de mi: los niños jugando, los autos por las calles, las bicicletas en su mover, los pájaros con su trinar, el sonido del viento y sentir como el sol me toca.

Es verdad!, no podemos cambiar las circunstancias del presente, aun si oraremos al cielo con desesperación, el sentimiento del ya, del ahora, solo lo puede cambiar el silencio de nuestro corazón en armonía con nuestro Creador. Allí, podremos sentir el mapa que ha sido trazado desde la eternidad para nuestras vidas. En la inmensidad de nuestro Dios, hallaremos nuestro pasado, aquellos tiempos en los que andábamos entre matorrales, lejos del norte, de un lado para el otro desgastando nuestra vida cada día, en ideas sueltas que nos entretienen, nos distraen o confunden que no llevan a ningún lugar.

Recordamos además, que allí en esos matorrales habían chacales, seres dispuestos a perseguirnos con o sin causa y que en cualquier descuido causaban grandes heridas en nuestro corazón; entonces era un correr de aquí para allá, un defenderse, un luchar sin causa, hasta que se desgastó todo animo, todo aliento en nosotros, causando aun el deseo de morir. Pero allí, también fuimos encontrados, por un ser maravilloso que nos llevó a un lugar seguro, sanó nuestras heridas con su amor, nos limpió con su sangre, todo aquel polvo, pantano, que aun no nos dejaba respirar y enseñó aquel mapa que para entonces era desconocido. Allí, vimos un tiempo exacto donde somos protagonistas de un tiempo nuevo.

Entonces, en ese parque, en silencio, podremos ver de nuevo: que estamos en el camino, podremos recordar la meta que nos espera, podremos vernos caminando con nuestro Salvador, llenándonos nuevamente de fuerzas para continuar aunque el camino se encuentre inclinado hacia la cima.

Quizás, hoy parezca que se repiten las circunstancias del pasado, de aquel tiempo de matorral pero esta vez, con el entrenamiento anteriormente adquirido, sabemos, cómo debe ser nuestra manera de actuar,  la manera correcta, según los principios de vida para alcanzar “la victoria” preparada por nuestro Salvador.

Así que ánimo a disfrutar del ahora, y de la mano de Cristo con su fortaleza en nosotros, corramos con paciencia la buena carrera hacia el cumplimiento de nuestro propósito en esta tierra de paso, deleitándonos de cada obstáculo, sabiendo que todo conviene para dotarnos de lo adecuado para llegar confiadamente a la morada preparada por nuestro creador, su casa la eternidad.

-Conexiones-

Foto por juantiagues

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