Viviendo y Compartiendo el Evangelio

Enséñanos a orar

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En Mateo 6 el Señor Jesucristo enseñó a sus discípulos a orar. Les dijo: “ustedes deben orar así: Padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre”

En nuestras oraciones esto es lo primero que debemos reconocer: que nosotros estamos en la tierra, somos terrenales, carnales, somos pecadores, y Dios es eterno, Señor, Creador, todopoderoso, omnisciente, omnisapiente, sustentador de toda la creación, del sol, la luna, las estrellas. Las Escrituras nos dicen que Dios es bueno, él es luz, en él no han ningunas tinieblas, no tienta a nadie ni puede ser tentado por el mal. Dios está en control de todo, es supremo, es santo, está en el cielo. No es un Dios caprichoso, ni emocional. Dios es amor. Envió a su Hijo Jesucristo por amor, no para venir a condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Por eso en la oración lo primero que hacemos es adorarle, alabarle, santificar su nombre, agradecerle por su amor, rendirnos a sus pies, reconocerlo como Dios. El dice que él es Espíritu y debemos buscarle en espíritu.

El no se asemeja a nada creado, por lo tanto no debemos hacer imagen de él. No podemos pretender que una imagen hecha de yeso o de madera, o un cuadro pintado por algún hombre pueda representar a Dios. Si queremos ver algo de Dios, el apóstol Pablo nos dice en Romanos 1, que debemos considerar la creación. Salga mire las flores, tan perfectas, perciba su aroma, su belleza. Cuando oramos hablamos con el Creador de toda la naturaleza, sean animales, árboles, ríos, el mar. Allí podemos ver la grandeza del Dios que adoramos no en alguna imagen hecha por algún hombre. La primera parte de la oración es adoración alabanza y reconocimiento de que tenemos un Dios grande y majestuoso.

… Venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo”

Durante siglos la iglesia en Europa dijo que ella era el reino de Dios en la tierra y se apropió de los bienes de las personas, se hizo rica, gobernó, se apropió del poder político, nombraba los reyes y los príncipes de Europa, estaba por encima de los estados. Los frutos sin embargo no fueron buenos. El poder absoluto que la iglesia ejerció sobre la economía, la política y la religión no trajeron bienestar, sino corrupción, ignorancia y pobreza. La Reforma comenzó el proceso de independencia de ese sistema opresor que oprimía en nombre de Cristo. Luego vino el Renacimiento marcado por el surgimiento de un grupo de intelectuales que cansados de una iglesia ignorante, propusieron volver a los principios de la razón.

En nuestros días algunas iglesias no han aprendido la lección, o porque ignoran la historia o porque llevados de su propia soberbia quieren igualmente apoderarse de la economía de los fieles y llegar a la política con sus propios candidatos para afianzarse en el poder, con la equivocada creencia que ellos en el poder pueden cambiar las cosas. No saben o no quieren saber que el cristianismo gobernó mil años Europa y solo trajo desastre. Cuando oramos: Señor, Venga tu reino, estamos clamando por la segunda venida de Cristo. Cierto el Reino de Dios viene a cada persona que acepta a Cristo. La iglesia es el comienzo del reino de Dios, pero la plenitud de ese reino no ha llegado todavía. Los cristianos clamamos para que Cristo vuelva pronto a la tierra a regir a todas las naciones. Los reinos humanos, aún de los cristianos ha fracasado. Confesamos que necesitamos a Cristo reinando. Clamamos por su regreso. Señor Jesús, ven pronto.

… “danos hoy el pan cotidiano”

Uno de los pecados del hombre es la codicia: el querer tener más de lo que necesita con fines vanidosos. La sociedad nos ha enseñado también que valemos si tenemos muchos bienes materiales. El contentamiento es inaceptable. Hace poco en un centro comercial me ofrecieron una tarjeta de crédito. Me la entregarían inmediatamente. Creí que era bueno tenerla para hacer mis compras en ese almacén. Pero como yo no manejo otras tarjetas de crédito me dijeron que yo no era un cliente grado A y me exigieron muchos documentos. Al final les di las gracias y rechacé su ofrecimiento. La mayoría de las personas hacen lo que sea por tener tarjetas de crédito para tener buenas referencias y para que al abrir su billetera otros las vean. El mundo nos quiere imponer estándares de consumo. Usted existe si consume, usted existe si tiene tarjeta de crédito.

El mundo nos pone a competir por tener más y más. Usted vale por lo que tiene.

El apóstol Pablo nos advierte “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición. Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores”.  Por eso el Señor Jesucristo nos enseñó a orar: danos hoy el pan cotidiano.

Héctor Barrero
Héctor Barrero

Te invito a escuchar la charla “La necesidad de orar”.

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La necesidad de orar – Parte 1

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La necesidad de orar – Parte 2

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La necesidad de orar – Parte 3

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