
Cada vez hay más personas que abandonan la fe, que dejan de asistir a la iglesia, que se desaniman del cristianismo. Las razones son muchas.
Algunos se desaniman por el mal testimonio de sus líderes. Porque se predicaba una cosa pero se hacía otra. Porque les maldecían por no dar dinero a la iglesia, o les prometian cosas que nunca se cumplieron. Porque se dieron cuenta que los líderes se interesaban más en su dinero que en su alma.
Porque fueron manipulados para entregar dinero y después se dieron cuenta de esa manipulación, se sintieron estafados. Porque les daba consejería solo si estaban pagando los diezmos, de otra manera no los atendían.
Más que eso algunos se desanimaron por el maltrato. Porque los líderes se imponían con autoridad abusiva, eran controladores, manipuladores y demandaban que se les obedeciera bajo peligro de maldición.
Otros se desanimaron porque los líderes se les metieron en el matrimonio para mal, no para edificación. Porque les aconsejaron separarse cuando la pareja consideraba que eso en lugar de traer soluciones traía más dolor. Ellos querían arreglar su situación, superar los errores, abandonar el pasado, pero sus líderes les dijeron que se tenían que separar.
En otras palabras algunos están abandonando la fe por una experiencia negativa en su relación con personas que dicen representar a Cristo. Porque se han cansado de la farsa, porque la han descubierto y han quedado totalmente desencantados. Ahora están en angustia porque no saben qué hacer. Algunos están amargados y frustrados.
A esas personas les tenemos que decir: que el Señor Jesucristo no tiene la culpa, no pueden culpar a Cristo del pecado de los hombres. A su tiempo el Señor Jesús vendrá y llamará a cuentas a todos. En Mat 7:21 el Señor Jesús advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día, “Señor, Señor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí, ¡aléjense de mi hacedores de maldad!
Te sacaremos los demonios
Una joven llegó a una iglesia y la invitaron a un retiro espiritual. En el retiro después de muchas canciones y oraciones la llevaron a confesar que supuestamente tenía demonios. El objetivo era sacar los demonios del pecado. El líder dio por sentado que los asistentes, todos novatos en la fe, tenían demonios y que había que sacar esos demonios. Con ritos casi mágicos pero invocando a Cristo, se le pedía a gritos a los demonios que abandonaran las personas. La joven estaba sorprendida. Ella sabía que era pecadora, ciertamente tenía algunas cosas en las que deseaba ser perdonada, en las que estaba profundamente arrepentida, pero hasta ahora no sabía que tuviera demonios. Se asustó, entró casi en pánico y como el líder insistía, llegó a creer que todos sus pecados seguramente se debían a los demonios que habitaban en ella. Con todas sus fuerzas trató de seguir las instrucciones del líder. Cayó al piso, se revolcó de angustia, hizo su mejor esfuerzo para liberarse, en su corazón le pedía a Dios que la librara de los demonios que supuestamente tenía.
Volvió a la ciudad impresionada por semejante experiencia creyendo que el pecado nunca más la asediaría. Pero se ha dado cuenta que el pecado mora en ella. Su angustia es si los demonios han vuelto a su vida. Toda esta angustia en esta persona, que se multiplica por tantas personas que han pasado por la misma experiencia, es el resultado de la ignorancia teológica de los líderes. Esta muchacha se desencantó de tanta manipulación y acusación y no ha vuelto a la iglesia. No quiere saber nada de demonios. A esta muchacha nunca le presentaron el verdadero evangelio de la gracia de Cristo.
Cristianos agotados
Algunas personas terminan agotados como cristianos. En la intensidad de su actividad, en la entrega desmedida a la iglesia, en el involucramiento en tantas actividades y ministerios de la iglesia, terminan agotados y frustrados. Sin darse cuenta abandonan a su familia, a su esposa, a su esposo, a sus hijos los tienen descuidados y de pronto comienzan a tener problemas de hogar y se preguntan porqué si son tan buenos cristianos. Lo que ha estado pasando es que sin darse cuenta se han desequilibrado en su vida cristiana y están quebrantando principios de vida que al final producen resultados negativos. Entonces las personas se preguntan por qué Dios los está castigando con hijos rebeldes o porqué su esposa ha sido infiel, o su esposo se ha ido con otra mujer, o porqué están fracasando en su vida laboral.
Algunos creen que ser un buen cristiano significa estar todos los días en la iglesia. Pero ser un buen cristiano según las Escrituras se relaciona más con el estilo de vida que estamos llevando, con el amor al prójimo, y con ser luces al mundo por medio de nuestra conducta. El prójimo inmediato al que los casados nos hemos comprometido a amar es al esposo o a la esposa. Antes que las actividades de la iglesia está la responsabilidad con nuestra familia. A los esposos el Señor Jesús nos ha puesto como sacerdotes del hogar y debemos ejercer ese sacerdocio. La esposa tiene responsabilidades muy claras para con su esposo y con sus hijos. Abandonar esas responsabilidades es el principio de la infidelidad y del desastre.
Cuando una persona cree que su responsabilidad es primeramente con la iglesia, tendrá problemas en su casa y en su vida personal. En su desequilibrio se encontrará al final solo y se dará cuenta que cometió muchos errores.
Te invito a escuchar la charla “Cristianismo y decepción”
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Cristianismo y decepción – Parte 1
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Cristianismo y decepción – Parte 2
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Cristianismo y decepción – Parte 3



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