Julio Fernández
El domingo 7 de Diciembre del 2008, fue un día muy especial en la historia de la Iglesia de Dios Universal en Ezeiza, Argentina, en una jornada llena de gratitud, emotividad y alegría. Por un lado, celebramos el 30° aniversario del nacimiento de la iglesia local y, por otro, pudimos realizar un sentido homenaje al pastor Carlos R. Espinosa y a su esposa Telma – quienes llevan casi tres décadas de servicio fiel en el ministerio de Jesucristo.
El evento comenzó a las 10:30hs con la apertura del Servicio de Adoración que se extendió hasta el mediodía. Desde temprano, la gratitud a Dios y la emoción de todos fue evidente en los cantos y en las oraciones. Durante el servicio, el coro de adultos entonó algunos himnos a nuestro Padre Celestial y varios hermanos participaron en las oraciones públicas.
El sermón lo compartieron los ministros de la congregación. Primero, Carlos Espinosa se refirió brevemente a las tres décadas de historia congregacional resaltando nuestro valioso legado cristiano. A continuación, pude destacar la importancia de honrar y agradecer nuestro pasado mientras seguimos avanzando hacia delante aferrados a Cristo para construir el futuro que Dios, en su soberana voluntad, desea para nosotros.
Al finalizar el servicio, en un día espléndido, pudimos disfrutar del compañerismo de los hermanos mientras compartimos el almuerzo y la sobremesa. Fue evidente el esmero con el que varios hermanos prepararon el asado y los demás platos que hicieron las delicias de todos.
Ya por la tarde, a las 14hs, se proyectó una presentación fotográfica que recorrió los 30 años de historia congregacional.
Hubo lugar para risas, lágrimas y gratas sorpresas. Tantos recuerdos, cargaron -aun más- de emotividad y agradecimiento nuestros corazones. La presentación recordó varios hitos de nuestras vidas y de nuestra historia compartida: el comienzo de la iglesia, los trabajos para levantar nuestros salones y las mejoras posteriores de las instalaciones, los bautismos, las bodas, las bendiciones de niños, las Cenas del Señor, las distintas reuniones espirituales, el nacimiento y crecimiento de la Escuelita Bíblica, las obras teatrales y dramatizaciones, las actividades recreativas, los paseos conjuntos… en síntesis, recuerdos imborrables de nuestra vida como iglesia, como familias y como individuos.
A continuación, la congregación tenía preparada una sorpresa para la familia Espinosa por sus treinta años de ministerio. Así que, una vez concluida la proyección, pude expresar unas palabras a la congregación agradeciendo a Dios por todo lo vivido y reflexionando sobre la bendición que Dios había otorgado a la congregación dándole dos preciosos dones: Carlos y Telma Espinosa, quiénes por tantos años trabajaron en el ministerio del Señor Jesucristo entre nosotros.
Luego, invité a pasar al frente a Beatriz, mi esposa, a Raquel Sandoval y a Roberto Lucangioli, quienes también pudieron expresar sus palabras de reconocimiento, afecto y valoración a la familia Espinosa. Posteriormente, se invitó a otros hermanos que quisieran expresarse. Varios lo hicieron desde sus lugares, profundamente emocionados. Todos coincidieron en señalar las bendiciones recibidas en sus vidas por el ministerio Cristo céntrico, sabio, respetuoso, humilde, amable y cálido de los Espinosa. Resulta algo frío describir este segmento en palabras, porque lo especial del momento hizo que los sentimientos atragantaran la voz, empañaran los ojos e hicieran temblar las manos. Fue el momento más emotivo de toda la jornada. Todos intentamos verbalizar nuestro afecto por Carlos y por Telma, pero no fue fácil evitar las lágrimas. Todos nos emocionamos profundamente embargados por el afecto y la gratitud hacia ellos.
Carlos y Telma supieron ganarse el aprecio y el respeto de todos. Incluso de gente de bien que no es miembro de nuestra congregación. Recuerdo, por ejemplo, que alguien alguna vez definió a Don Carlos como “un pastor gaucho” (gaucho, es una expresión que se aplica a alguien servicial, respetuoso y siempre bien dispuesto para “dar una mano”) y, por cierto, podemos coincidir con esa respetuosa expresión.
Durante tanto tiempo, Carlos y Telma mantuvieron un servicio fiel y constante. Viajaron ininterrumpidamente todas las semanas para servir a la congregación que dista de su domicilio más de 30 km y asistieron a sus hermanos con amorosa dedicación en los tiempos de felicidad y de profunda tristeza.
La presencia de los Espinosa, siempre fue un factor estabilizador. En los tiempos de tormenta, por ejemplo, el pulso firme y el pensamiento lúcido de Don Carlos señaló sabiamente la esperanza de un mejor amanecer aferrados a Cristo. Mientras que Telma, con su carácter tierno y afectuoso, siempre estuvo presta en dar ánimo con su fe serena y su palabra amistosa. En ellos, vimos la materialización del evangelio, la encarnación de la palabra en hechos y esto siempre ha sido inspirador para todos nosotros. Estas, y otras muchas, fueron las expresiones que los hermanos pudieron hilvanar agradeciendo a Dios y a los Espinosa por haber compartido tanto con todos nosotros.
Luego, se invitó a Carlos y a Telma al frente y, después de sus sentidas palabras, se les entregaron presentes a ambos. Entre estos, una plaqueta recordatoria y un cuadro con un pergamino con expresiones de afecto y la firma de todos miembros de la congregación. El texto que grabamos en los obsequios fue Colosenses 1:3, NVI que dice: “Siempre que oramos por ustedes, damos gracias a Dios” ya que consideramos que dicha expresión paulina transmitía fielmente nuestro sentir hacia Carlos y Telma.
Después de los abrazos, de las muestras de afecto y de los aplausos, Carlos y Telma tomaron sus asientos; pero todavía quedaba una sorpresa más y esta era para el hermano Roberto Lucangioli. Roberto, junto con Carlos Espinosa, ha trabajado arduamente y con constancia durante años para que la Iglesia de Dios Universal en Argentina no perdiera su testimonio y pudiera estar firmemente establecida en materias legales y administrativas para que, de esta manera, pudiera tener un venturoso futuro. Por eso, consideramos oportuno reconocer también a Roberto. Así que, también a él, pudimos homenajearlo públicamente y – después de sus palabras – entregarle un presente en nombre de todos.
Mientras Carlos y Telma retomaban sus asientos, se le pidió al hermano Roberto Lucangioli se quedara adelante. Luego, de las palabras del hermano Lucangioli, se le obsequió un presente en nombre de todos.
Claro, tanto Don Carlos, como Telma y Roberto siguen como siempre con nosotros. Simplemente, con estos reconocimientos quisimos hacer un alto en el camino y agradecer a aquellos que hicieron mucho para que, aún después de treinta años, la iglesia siga adelante.
Durante el resto de la tarde, se sucedieron distintas presentaciones. El coro de los niños y el de los adultos entonaron varios cánticos de adoración. Gerson y Mirna Soto compartieron distintas piezas musicales ejecutando sus instrumentos, el órgano y el acordeón. Javier y Alejandro Bastías, acompañados por su guitarra, también hicieron una presentación musical.
Los más pequeños se sumaron a los festejos vespertinos con una dramatización de la parábola del buen samaritano y con divertidos bailes.
Al finalizar, compartimos una merienda con una sabrosa torta que prepararon las hermanas. Como recuerdo, se obsequió a cada familia un souvenir conmemorativo del 30° aniversario armado con una velita (simbolizando que Jesús es nuestra luz y que fuimos llamados a irradiar su luz como individuos y como congregación), siete estrellas (inspirados en Apocalipsis 1:16, 20 para recordamos que estamos siempre representados en las firmes y preciosas manos de Jesucristo glorificado) y un recuadro con la ilustración de una Biblia y el siguiente texto: “Nuestro gran Dios y Padre, que iluminó nuestras vidas con el Espíritu Santo y su Palabra, siempre nos guiará a crecer en la gracia y el conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo” acompañado de varias citas bíblicas: Efesios 1:3-18; Colosenses 1:9-14; 2° Pedro 3:18; Salmo 119:105.
Como dice la Palabra de Dios, hemos procurado dar “… al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13:7) porque consideramos que “en cuanto a honra”, debemos preferirnos “los unos a los otros” (Romanos 12:10) y que – como cristianos – debemos honrar y valorar el esfuerzo de los hermanos que trabajaron y trabajan por el bien común y por la causa de nuestro amado Señor Jesucristo. ◊Odisea Cristiana
Carlos Espinosa se dirige a la congregación
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Telma y Carlos Espinosa junto a Roberto Lucangioli
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Javier y Alejandro entonando alabanzas
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Gerson y Mirna ejecutando música especial
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Coro de niños
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Coro de adultos
Roberto Lucangioli se dirige a la congregación
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Niños celebran con bailes
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Niños celebran con bailes
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Presentación teatral de una historia bíblica por los niños
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Raquel Sandoval expresando palabras de afecto a la familia Espinosa
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Recuerdos del 30 aniversario
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ENHORABUENA PARA LA IGLESIA EN ARGENTINA Y PARA SUS PASTORES CARLOS Y TELMA ESPINOSA. QUE SIGAN LOS EXITOS, EN AMOR DE CRISTO.