Viviendo y Compartiendo el Evangelio

Involucra a los niños en tu vida

Por Ted Johnston
 Podemos involucrar a los niños en la vida de la iglesia en muchas maneras. Los programas del ministerio infantil son vitales—cosas tales como la Escuela Bíblica de Vacaciones, clases de la escuela dominical y los campamentos—pero tales programas no son un fin en sí mismos. Más bien, son herramientas para empezar y entonces hacer crecer relaciones entre las personas y con Dios.
El ministerio hacia los niños, como es verdadero de todo ministerio cristiano efectivo, es relacional. Es acerca de edificar relaciones entre las personas que están creciendo juntas en su relación con Dios, en Cristo, a través del Espíritu Santo. Es acerca de personas que comparten juntas en comunidad, la vida y el amor del Dios trino.
Como hemos estado dialogando en esta serie, el ministerio hacia los niños empieza cuando afectuosos creyentes adultos, jóvenes y niños mayores extienden su alcance para bendecir a los niños con el amor de Jesús. Continúa cuando ellos juntos se involucran en las vidas de aquellos niños—relacionándose con ellos en su nivel. Y se desarrolla cuando el tercer principio del ministerio efectivo hacia los niños es vivido en la práctica: juntos ellos involucran a aquellos niños en sus vidas.
Vemos éste principio relacional vivido en el ministerio discipulador terrenal de Jesús. En Juan 3:22 se nos dice que Jesús vino con Sus discípulos a la tierra de Judea donde estuvo allí con ellos. Estuvo es la traducción de la palabra griega diatribo, que significa literalmente “frotarse en”. Al involucrar a estos discípulos en Su vida, Jesús estaba creando la oportunidad por medio de la cual Él pudo “frotarse en” Sus seguidores. Éste es el ministerio donde el maestro (Jesús en este caso), vierte Su vida en el discípulo. Te insto a que te enfoques en el ministerio infantil usando este mismo acercamiento de vida a vida. ¿Cómo puedes invitar a los niños a que compartan tu vida en formas que les interese a ellos y que formes el tiempo y el espacio en el cual puedes “frotarte” en ellos? Meditemos sobre esto juntos. ¿Dónde vives? Bueno, en varios lugares. Un lugar es el servicio semanal de adoración en tu iglesia. Espero que vivas ahí consistentemente. En verdad, el autor de Hebreos amonestó a algunos cristianos primitivos que, por varias razones, estaban volviéndose holgazanes en esta disciplina:
“Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24, 25).
En la iglesia nos reunimos para adorar a Dios—para compartir Su vida y Su amor juntos. Mientras lo hacemos, involucremos a los niños activa, significativa y plenamente.
Podemos involucrar a los niños en la vida de iglesia en muchas formas cuando ésta se congrega. He estado en iglesias donde los niños sirven con los adultos como ujieres, donde ayudan a recolectar la ofrenda, a servir la comunión. He visto a pastores llamar a los niños al frente de la iglesia y, sentándose junto a ellos (poniéndose al nivel de ellos), darles un breve sermón infantil—un mensaje bíblico diseñado a la medida de los niños. A los niños les encanta (¡y también a los adultos que lo escuchan!). He visto congregaciones que frecuentemente tienen niños al frente con el equipo de adoración, ayudando a dirigir la congregación en oración, en cantos, en la lectura de la Biblia y en cosas semejantes. Esto envuelve a los adultos compartiendo sus vidas (en éste caso sus vidas de adoración) con los niños—y en formas con las que los niños se relacionan. El efecto neto de éste envolvimiento es la edificación de relaciones entre los adultos y los niños, y entre los niños y la iglesia y con Dios. Los niños salen sintiendo que ésta es MI iglesia, —MI Dios— MI familia de fe.
¿Dónde más vives? ¿Puedes envolver a los niños que estás ministrando en esos lugares? Algunos de los más importantes lugares de frotación en el ministerio de Jesús, fueron los tiempos que Él compartió con Sus discípulos viajando en los caminos de Judea, Galilea y Samaria. Él a menudo los llevaba con Él al desierto—más o menos como cuando llevamos a los niños de campamento. Un tiempo alejados. Un tiempo juntos. Los ministerios de los campamentos proveen oportunidades fabulosas para compartir vida a vida.
¿Qué si tuvieras que llevar a un montón de niños para acampar contigo? ¿No te puedes quedar con ellos todo el tiempo? ¿Qué si los llevas allí y después vas por ellos y los llevas de regreso a casa—compartiendo la experiencia con ellos? A propósito, la Iglesia de Dios Universal tiene un maravilloso programa de ministerio de campamentos. Puedes averiguar acerca de ello (en idioma inglés) enwww.wcg.org/youth. Estamos expandiendo el número y los tipos de campamentos que tratan de alcanzar a los adolescentes y a los niños.
¿Qué pasatiempos tienes? ¿Pescar? ¿Tocar algún instrumento musical? ¿Las computadoras? ¿Qué acerca de compartir esa parte de tu vida con un niño o dos? Tal compartimiento provee oportunidades para que cultives relaciones. Y entonces cuando lo hagas, puedes plantar en esas relaciones información acerca de tu propia relación con Dios. ¡Cuidado! Puedes cosechar un seguidor de Jesús de por vida, que pueda caminar con Cristo junto contigo.
En tal compartimiento de tus intereses también puedes ayudar a equipar a un niño para una profesión. Cuando mi hijo tenía 12 o 13 años, un hombre joven de nuestra iglesia se dio a la tarea de asociarse con mi hijo y su amigo de 12 años para enseñarles a programar computadoras. Ambos adolescentes (ahora en sus veintes) tienen profesiones que envuelven la ciencia de la computación. Si pudiera regresar en el tiempo, le enseñaría a ese joven mentor como él también pudo haber compartido a Cristo con mi hijo y su amigo, mientras ellos hablaban sobre computación—pero vivimos y aprendemos.
¿Dónde más vives? Bueno, ya tienes una idea. Vivimos vidas únicas—con intereses específicos, dones y pasiones. ¿Cómo puedes compartir estos con un niño o dos (o 20)? ¿Por qué no piensas sobre ello? ¿Por qué no oras persistentemente sobre ello?
Busca la dirección de Dios—pídele que abra ventanas de oportunidad. Y comparte tu pasión e intención con algunos otros adultos en tu congregación—considera formar un equipo para alcanzar juntos a algunos niños.
Recuerda, por supuesto, tomar todas las precauciones apropiadas y salvaguardas para trabajar con los niños. Un adulto nunca debe estar a solas con un niño que no sea suyo. Y todo en lo que envuelvas a un niño debe ser apropiado legal, ética y desarrolladamente. Pero no seamos tímidos en nuestro alcance—de traer niños hacia nosotros mismos y con nosotros hacia Cristo.
Concluyo recordándonos a todos que Dios ha hecho que los niños dependan de aquellos que son mayores, para que los que son mayores puedan ayudar a los niños a convertirse plenamente en dependientes de Dios. Caminamos en armonía con el orden creado por Dios y en comunión con el camino de Jesús, cuando envolvemos a los niños en nuestras vidas dentro y fuera de las paredes de la iglesia.
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