Viviendo y Compartiendo el Evangelio

Cenizas

Es miércoles de ceniza, y mi pensamiento se dirige a Job, sentado en su montón de cenizas, rascándose. Lo remarcable de Job es que su sufrimiento no tenía sentido para él (ni para cualquiera que lea su historia). Y siempre me frustró que nunca se respondieron sus preguntas. Job obtiene la misma respuesta que mi hijo de 7 años de edad a veces oye de mí:

“Porque yo lo digo, por eso. Te quiero, pero por favor, deja de preguntar”.

Como padre, sé que no siempre es posible dar una explicación satisfactoria a un niño. Por lo tanto, intelectualmente entiendo cómo el Padre algunas veces sólo dice: “Confía en mí sobre esto”.

Jesús es el único que realmente alguna vez dijo: “Bueno Papá, sé que me das la espalda”.

Esto confronta mi desconfianza en mi Padre. Mi fe es ceniza. Esparcida por la más mínima brisa.

Hoy día, con una mancha gris de ceniza en la frente, reconozco la cenicidad de mi tan cacareada fe. Pero dentro de este reconocimiento está la proclamación de que mi fe gloriosa-como-cenizas no es lo que une al Padre conmigo. “Vivo por la fe del Hijo de Dios “(Gal 2:20). Hay un conocer, un conocer preciso, un conocer FIEL entre el Hijo y el Padre en el Espíritu. Una fe y una fidelidad que no es ceniza.

John Stonecypher 

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