prosperidad

La vida abundante

Cristo vino para que tuviéramos vida, y la tuviéramos en abundancia (Juan 10:10). Algunos predicadores contemporáneos pretenden hacernos creer que esto se refiere a la abundancia y la prosperidad material, así que animan a la gente a que osadamente se presente  ante Dios y reclame esta abundancia prometida. Para ellos, la fe se mide por cuánto nos bendice Dios materialmente.

Sin embargo, el Dios revelado en la Biblia no es como un adorable papi en el cielo, presto para  darnos todo lo que le pidamos. Podemos devotamente cantar: “Oh, Señor, ¿Por qué no me das un Mercedes Benz?” y quizás lo obtengamos, pero eso no significa que Dios nos lo ha dado.

Jesús dijo que “la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes” (Lucas 12:15). El dijo que debíamos buscar primeramente el reino de Dios, y nos instruyó a no preocuparnos demasiado por las posesiones materiales (Mateo 6:31-33).

Ahora bien, no me mal interpreten. No estoy diciendo que la vida abundante a la que Jesús nos ha llamado excluya las riquezas o el éxito material, pero tampoco depende de ellos.

Pablo sabía esto mejor que cualquier otra persona. Sabía lo que era ser humillado y exaltado, tener un estomago lleno y pasar hambre, gozar y sufrir – y en medio de todas estas cosas daba gracias a Dios (ver Filipenses 4:11-13 y Efesios 5:20). En otras palabras, podemos experimentar la vida abundante aún cuando seamos tan pobres como ratones de iglesia y estemos luchando con todas las pruebas que la vida nos da.

Juan 10:10 nos dice que la razón por la cual Jesús vino a este mundo fue para que tengamos vida, refiriéndose a la vida “eterna”, la vida del mundo por venir. La frase “en abundancia” proviene de la palabra griega perissos, la cual significa “más, más allá, y en abundancia.” Se refiere a la palabra “vida.” Jesús no solamente nos promete una vida abundante en el futuro, sino que también nos la da en el presente – vive su vida en nosotros en este mismo momento. Su presencia misma en nosotros agrega algo inmensurable a nuestra existencia. Él es la razón por la cual vale la pena vivir nuestra vida a pesar de cuánto dinero tengamos o no tengamos en el banco.

Si leemos el pasaje completo de Juan 10, vemos que habla de que Jesús es nuestro pastor, que nosotros sus ovejas escuchamos su voz, y que Jesús es nuestra puerta abierta. El contexto se refiere a tener una relación positiva con Dios. Y eso, amigo mío, es el significado real de la vida abundante. No solamente nos da vida abundante sino que además nos ofrece la oportunidad de construir una relación con Jesucristo – quien hizo todo esto posible.

Los seres humanos vemos la abundancia sólo dentro del contexto de riquezas materiales. Dios tiene una perspectiva diferente. Su vida abundante está llena de amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, dulzura, control de sí mismo, compasión, humildad, carácter, sabiduría, entusiasmo, dignidad, optimismo, confianza en sí mismo, honestidad, y armonía. En otras palabras, la vida abundante se compone de las cosas que el dinero no puede comprar. ¡No importa cuánto dinero usted tenga, usted no puede comprar paciencia, sabiduría, esperanza, control de sí mismo, o la salvación!

El dinero no puede comprarnos una “vida en abundancia,” pero Dios nos la da si se lo permitimos. Mientras más abramos nuestros corazones a Dios, más abundante serán nuestras vidas.