ENTREVISTA La oración Una discusión con
¿Hace
alguna
diferencia?
Philip Yancey
Philip Yancey, conocido y galardonado escritor, ha escrito libros que han explorado muchos de los misterios y maravillas de la vida espiritual. El editor de Odisea Cristiana, John Halford, recientemente se reunió con Yancey en Londres para hablar acerca de su último libro, La Oración: ¿Hace alguna diferencia?
Odisea Cristiana: El tono de este nuevo libro acerca de la oración es algo distinto a todos los anteriores. Digamos que es, así como más pastoral. ¿Estoy en lo cierto?
Philip Yancey: Mi instinto natural es la de ser un peregrino, deambulando por ahí y viendo lo que honestamente puedo decir sobre un tema. Pero sucede que aprendí tantísimo que me volví en algo más que un peregrino. Me convertí en alguien que quería compartir y, por consiguiente, hay partes que son más pastorales de lo que jamás había escrito antes. Me sentí diferente al escribir este libro.
¡Cuanto más culpables nos sentimos acerca de algo, menos lo vamos a hacer. Dios nos está invitando a hacer algo bueno!
OC: El libro no habla tanto de como orar, sino más bien por qué debemos orar.
Yancey: Así es. Es cierto que hago alusión a ciertas técnicas, pero no estoy intentando exponer una formula que todos deberían aceptar y seguir mis reglas. Algunas para mí son bastante prácticas, pero no todo el mundo lo verá igual.
Lo importante de la oración es intentar rebajar la tensión que a veces produce y animar a las personas a ser abiertas y sinceras y a cultivar una relación con Dios. Cuanto mas propongo algún tipo de formula mas fomento el sentimiento de que “Yo soy inferior y no lo estoy haciendo bien.”
OC: Este es un libro bastante largo y exhaustivo. Si hubiera algo que le gustaría que el lector aprendiese de él, ¿Qué sería?
Yancey: Me gustaría que los lectores vean la oración no como una disciplina sino más como un privilegio. Al fin y al cabo nos beneficiamos de ella en todos los sentidos. Muchas de las cosas que se nos piden que hagamos como cristianos a menudo se presentan algo así como la realización de obras legalistas – hacer esto y Dios os amará más. Pero creo que no hay nada en la vida del cristiano que no tenga el propósito de realzar nuestras vidas. Dios no está intentando humillarnos. Está intentando animarnos a ser más grandes de lo que somos. Y realmente no podemos hacer eso sin una profunda conexión con Él, y esa conexión es la oración.
Así que quiero que mi lector emerja del libro sin ningún sentimiento de culpabilidad, y que la oración le haga sentirse bien. Alguien me dijo hace poco, “Por fin tenemos un libro sobre la oración que no me hace sentir culpable.” Y me gustó ese comentario. Cuanto más culpables nos sentimos acerca de algo, menos lo vamos a hacer. Dios no nos está obligando a hacer algo oneroso. Él nos está invitando a hacer algo que es bueno para nosotros.
OC: ¿Cómo ayudaría a alguien que dijese “Sí, vale, eso está muy BIEN para las personas religiosas, pero yo no soy ese tipo de persona que Dios quiera escuchar?”
Yancey:
Jesús narró una historia de dos personas que oraron. Uno era un religioso profundo, formado teológicamente, y el otro era una persona que dijo, “Yo no soy el tipo de persona de quien Dios quiera saber. Ten misericordia de mi, pues soy pecador.” Y Dios le escuchó, pero no al otro. El primero tenía las palabras, pero no el corazón, en cambio, el segundo sólo tenía su corazón. Sencillamente dijo, “Señor, necesito ayuda.” A menudo la única oración que tenemos es “socorro”, y creo que Dios escucha esas oraciones más que aquellas donde nos enrollamos con palabrería elocuente.
OC:
Muchos de nuestros lectores proceden de unos antecedentes legalistas, parecidos a los suyos. Esto puede tener un efecto negativo sobre la oración. ¿Tiene algún consejo para las personas que tienen problemas con esto?
Yancey: La verdad es que estoy muy agradecido por mi pasado (legalista) aunque no es algo que quisiera repetir. Una vez escribí un artículo titulado, “Lo que aprendí del Fundamentalismo”. Una de las cosas que aprendí fue una disciplina incorporada. Me aprendí todos los libros de la Biblia, y todos los reyes de la Biblia, y estoy muy agradecido por eso.
Tengo una amiga que habla mucho acerca del equipo de los Trotamundos de Harlem. Ella dice que hay que ser muy bueno para hacerlo así de mal. Para jugar como lo hacen ellos, tienen que saber muy bien lo que están haciendo. Tienes que ser disciplinado para ser libre. Y no solo eso, sino además tienes que haber sido una vez legalista para realmente apreciar lo que significa ser libre.
Incluso Dios comenzó con la ley y nos acercó a la gracia. El apóstol Pablo oró cada día durante 30 años, “Gracias Señor porque no soy ni mujer, ni gentil ni esclavo.” Y cuando más tarde dijo, “No hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús,” fue un cambió radical, y le llevó a alguien que había orado de aquella manera durante 30 años para realmente apreciar que fue una impresionante y estable libertad.
Supongo que me he perdido muchas diversiones por haber vivido en un ambiente regido por normas. Aunque, seguramente también me ha evitado de hacer muchas cosas que no debería haber estado haciendo.
Ahora hago cosas que la iglesia en la que crecí sin duda censuraría. Es la libertad ganada a pulso. Escribí un libro titulado ¿Que hay de asombroso en la Gracia? Sencillamente, que es asombrosa.
OC:
Has escrito un libro bastante práctico y positivo. Mientras reunías datos para escribirlo, ¿llegaste a tropezar con algo que pudiera ser tan tóxico para la oración eficaz como para decir, “Hagas lo que hagas, no debes hacer eso”?
Yancey: No nos engañemos. Muchos de nosotros somos como niños jugando al “cucú-tras”, escondiendo sus caras tras sus manos para que no les puedas ver. Pero solo se engañan a sí mismos. Y eso es precisamente lo que muchos hacemos cuando oramos. Venimos ante Dios, ponemos una pequeña sonrisa para parecer que somos buenos, pero no estamos engañando a Dios. Él conoce todos nuestros secretos. Cuanto más nos escondemos tras la máscara más damos una imagen falsa de nosotros mismos.
Una vez escuché un gran sermón acerca de Ananías y Safira en Hechos 5. La verdad es que no se habla mucho de ellos, excepto en algún culto de algún domingo. Pero este pastor preguntó qué fue lo que ellos hicieron mal. No es que dejasen de entregar su dinero. Pedro dijo que tampoco tenían que hacerlo. Lo que sucedió fue que dieron una imagen falsa de si mismos ante Dios.

Citas de La Oración ¿Hace alguna diferencia?
Al igual que las personas que me escriben cartas, Jesús conoce el desconsuelo que producen las oraciones no contestadas. Después de todo, Su oración más larga, se centra en la petición de unidad “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti.” Cualquier conocimiento con la historia de la iglesia (según el último recuento más de 34,000 denominaciones y sectas distintas) demuestra cuan lejos está esa oración de la realidad. (p. 81)
La oración es una cooperación con Dios, un consentimiento que abre el camino para que la gracia actúe. La mayor parte del tiempo el Consolador sutilmente nos comunica: alimentando ideas en mi mente, trayendo a conciencia un comentario sarcástico que acabo de realizar, inspirándome a elegir mejor, emitiendo luz sobre los peligros ocultos de la tentación, sensibilizándome con las necesidades de los demás. El Espíritu de Dios susurra en vez de gritar, y trae paz en vez de agitación. (p. 103)
La pregunta que obsesiona a los pensadores modernos “¿Por qué suceden cosas malas?” recibe poco tratamiento sistemático de la Biblia porque los escritores de la Biblia creían saber por qué suceden cosas malas: vivimos en un planeta gobernado por poderes decididos en obstaculizar y pervertir la voluntad de Dios. El Nuevo Testamente abiertamente describe a Satanás como “el dios de este mundo” y “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.” En un planeta gobernado por el Maligno podemos esperar ver violencia, decepción, enfermedad y toda clase de oposición al reinado de Dios (p. 117-118)
El verdadero poder reposa en aquellos que perciben la historia como el propio drama de Dios, que instan a un poder accesible solo a aquellos que preguntan y que lo buscan y que lo llaman. La oración suelta a Dios. Mientras nos rebelamos contra el desorden del mundo a través de nuestras acciones y nuestras oraciones, rehusando resignarnos a lo malo, demostramos que permanece, según la frase de Jesús, “fe sobre la tierra.” (p. 150)
Jesús no desperdició milagros; Dudo mucho que hubiera proveído alimento para los cinco mil si hubiera habido cerca puestos de alimentos disponibles. (p. 256).
Publicado en la revista Odisea Cristiana No. 21
Puede descargar la revista completa en formato pdf desde la siguiente dirección:
www.wcg.org/espanol/odisea/odisea21.pdf



Gracias Anyul por compartir la dirección, me parece excelente el blog sobre artículos de Philip Yancey, así como tu blog personal. Continúa con tu labor.
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puedes econtrar un Blog de Philip Yancey en Español en http://yanceyespanol.blogspot.comSaludos
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Saludos