El valor del cristiano


El valor del cristiano
Rubén Ramirez Monteclaro


Durante muchos años Dios me ha llevado a ejercer posiciones de liderazgo en diversas etapas de mi vida profesional. Y ahora me veo en esta misma posición pero dentro de Su iglesia, donde he de poner en práctica lo que por mucho tiempo me ha estado enseñando, pero lo más valioso es que ejercer liderazgo en la iglesia conlleva la observancia de valores que muchas veces son incomprensibles para los demás porque se ejercen con la lógica de Dios y no la de los hombres; dichos valores tienen vigencia eternamente porque son los que Dios ha establecido para vivir una vida en y con Él; y Dios mismo nos sigue enseñando, recordando el hecho de que los dones que el Espíritu Santo da a los hombres se deben poner a disposición y para crecimiento de los demás.

Dios en Su Santa Palabra no dice que, como sus hijos, debemos ejercer posiciones de liderazgo, aunque no estemos al frente de algo o de alguien; hemos sido llamados a ejercer enseñanza a todos los hombres, recordando la orden de «Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura» (Marcos 16:15). Para enseñar hace falta un líder.


Por tanto, para ejercer una posición de liderazgo, debemos tener un espíritu de amor para brindar a los demás lo que les hace falta, lo que ya estamos gozando, anunciar y extender la gracia sorprendente de Dios dada en Cristo.

Una manera de  motivar a los lectores es cuestionarlos acerca de lo siguiente:

¿Se ha preguntado el motivo por el cual está usted viviendo en esta tierra y en este tiempo? ¿Se ha puesto a pensar qué valor tiene la vida humana, su vida? ¿Por qué hay tanta decepción en este mundo? En resumidas cuentas, ¿Vale la pena vivir esta vida?

Para dar respuesta a esos y otros interrogantes, veamos la recomendación y enseñanza de nuestro Salvador:

«No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mateo 6:19-21)

Si vamos a enseñar y a anunciar a todo el mundo lo que Cristo nos ha enseñado, resulta imperante definir o re direccionar nuestros valores y vivirlos, esto dará efectividad a nuestro liderazgo. Si no se establecen las reglas del juego, nuestra tarea, como un barco que estamos tratando de guiar, es como si no tuviera timón. ¿Hacia dónde la podríamos dirigir? Los valores también nos sirven para establecer y definir la visión (hacia dónde queremos llegar), la misión (la razón de ser de nuestra vida y trabajo), las estrategias a seguir y lo que esperamos obtener. Si no hay valores claros, todo esto será difícil, tal vez imposible de definir.

El Maestro llevó a sus discípulos a identificar este aspecto fundamental del liderazgo que iban a ejercer no tardando. Jesús enfocó su lección en: “No acumulen para sí tesoros en la tierra” (Mateo 6:19) “Más bien, acumulen para sí, tesoros en el cielo” (v. 20).

Al mismo tiempo enfocó otro aspecto fundamental: nuestro corazón, la residencia de nuestros sentimientos, lo que motiva nuestra vida; en donde encontramos el enfoque, la atención, el afecto, los recursos que tenemos inherentes; deberá estar considerado en lo que más amamos, lo que valoramos en grado sumo: nuestro tesoro más valioso. “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (v. 21).

Jesús nos lleva a que enfoquemos nuestros valores en cosas que den fruto eterno. Alguien pudiera confrontarse con la premisa de ¿cómo hacer tesoros en el cielo, viviendo la vida en este mundo, haciendo negocios, realizando trabajos o brindando servicios, o lucrando?

Como respuesta, antes de dar Su cátedra, Jesús deja bien claro algo que también nosotros no debemos pasar por alto. Mateo comienza el capítulo seis de la siguiente manera: “Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención” (Mateo 6:1).

¿Ya se dio cuenta para quien trabaja y vive usted? ¿Ante quién hay que quedar bien? ¿Quién establece o define lo que es bueno, valioso, lo que verdaderamente importa?

Jesús deja en claro que el valor más básico, el que impulsa todo nuestro hacer, ser y querer, el valor que tiene vigencia eterna, es el siguiente: “¿Realmente le agrada a Dios lo que estoy haciendo o viviendo?” Todos los demás valores están subordinados a éste. Como en un dispositivo mecánico, si este valor, la pieza principal, está en su lugar, todas los demás automáticamente embonarán en el suyo.

Hermanos, los invito a vivir y trabajar con nuestro Señor y Salvador, con nuestro Dios amoroso, para la vida eterna. Invirtamos nuestros bienes en el Banco de Dios porque sólo él nos produce réditos eternos. Nuestro patrón es Dios, por tanto, como un Padre amoroso, todo provee para sus hijos; Él mismo nos lo dice: “No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? » ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas”. (Mateo 6:25-34)

Si vivimos y trabajamos para nuestro Jefe, Dios, con estos valores, seremos los líderes que conocemos y comprendemos las necesidades de los demás y sabremos hacia dónde dirigir a los que Dios nos ponga en el camino.  ◊ Odisea Cristiana


Rubén Ramírez Monteclaro sirve en la Iglesia de Dios Mundial en Orizaba y Veracruz, México.


  • Silvia Sánchez. Argentina.

    Estimado Rubén:

    Es la hora 8 de la mañana en mi ciudad de Las Varillas y empiezo el día leyendo su opinón “El valor del Cristiano”. Me ha hecho reflexionar sobre donde debo direccionar mis esfuerzos.
    Tengo una amiga a la cual querría darles “Las Buenas Nuevas”. Ella sabe de mi fé en Dios. ¿Cómo le doy estas Buenas Nuevas?

    Gracias por su contestación.

  • Anonymous

    Definitivamente, la Palabra de nuestro Dios en sabia y verdadera, sin embargo a nosostros que estamos viviendo en este tiempo y en este mundo, a veces se nos hace tan dificil comprender estas verdades.
    Lo peor es que vivimos un mundo, donde los "techos" que lo identifican, son la prosperidad, el consumismo, el querer ser mejores que otros, en fin, cosas tan superfluas que muchas veces nos ciegan y nos arrastran, olvidandonos en los mandatos de nuestro Jefe Celestial.
    Gracias Nermano por su mensaje y que Dios le siga dando sabiduría y bendiciones.