Viviendo y Compartiendo el Evangelio

Reflexiones de una mamá

 Flor María Sarmiento Z.
Popayán Cauca

Como seres humanos necesitamos de los demás para nuestro crecimiento personal en aspectos como el espiritual, el emocional y el intelectual. El saber que contamos, con Dios primeramente, pero también con nuestra familia y amigos, con quienes podemos interrelacionarnos, nos da seguridad, entusiasmo y optimismo.

En esta ocasión quiero compartir con ustedes, algunos aspectos de la COMUNICACIÓN que debemos tener con nuestros hijos; considerando que este elemento es fundamental a todo nivel, pero cobra una mayor importancia en el ámbito familiar. Como padres, tenemos la responsabilidad de conocer a nuestros hijos, para poderlos orientar sabiamente, con miras a que alcancen su máximo potencial en la vida; conocimiento que se logra, en gran manera, a través de la comunicación.

Quién no ha vivido en carne propia, o por lo menos, presenciado una escena como esta: en un viaje, u otra circunstancia, están cómodamente sentados, uno junto al otro, el papá y la mamá y a su lado los hijos. A los padres se los ve concentrados en el periódico u otra lectura, mientras los hijos se notan inquietos e interesados por lo que pasa a su alrededor. A la lluvia de preguntas de sus hijos, buscando explicación a lo que observan o piensan, los padres contestan con monosílabos, casi sin mirarlos, y al final, ya cansados por la inquietud de los niños, les dan una orden rotunda de sentarse y no volver a “molestar”. Los pequeños frustrados, no comprenden la actitud de sus padres, quienes, además entre ellos no se cruzan palabra salvo para preguntar la hora, o solicitar fríamente la sal, un bolso o cualquier otro objeto. ¡Qué cuadro tan lamentable! Y en la intimidad de su hogar, la situación no debe ser tan diferente.

Con patrones de conducta como este, ¿qué podemos esperar?  No es raro que más tarde, nos estemos preguntando: ¿por qué, si somos sus padres, fuimos los últimos en saber que nuestra hija adolescente estaba embarazada, o que nuestro hijo consumía drogas alucinógenas?  ¿Por qué cometieron estos errores? Pero hemos olvidado, que desde su infancia perdimos la valiosa oportunidad de comunicarnos con ellos y Dios nos dice en Proverbios 29:15: “niño dejado a sí mismo, avergüenza a su madre.”

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a acercarnos y a comunicarnos mejor con nuestros hijos, tarea tan relevante para el futuro de ellos, que vale la pena insistir en su gran importancia; ya que la comunicación es el mejor medio para crear lazos sólidos entre padres e hijos:

v     Nunca debemos estar demasiado ocupados para hablar con nuestros hijos. Si no es posible hacerlo en el momento, expliquémoslo y cumplamos una cita con ellos.

v     Conversemos con nuestros hijos desde que sean bebés.

v     Interesémonos sinceramente por sus actividades, amistades, logros y dificultades.

v     Compartamos con ellos pasatiempos, quehaceres, juegos y proyectos, así tendremos más temas afines para conversar.

v     Tomemos en serio sus problemas e inquietudes. No los subestimemos.

v     Démosles la oportunidad de participar en la elaboración de las normas familiares, así podremos conocer mejor sus criterios.

v     Organicemos reuniones familiares con abuelos, tíos y primos para compartir y conversar.

v     En nuestras conversaciones con ellos seamos claros y cálidos.

v     No esperemos que razonen como adultos, ya que son seres humanos en proceso de formación.

v     Mostremos a nuestros hijos lo que realmente somos y sentimos, para que ellos a su vez puedan expresarnos lo que piensan y sienten.

v     Hablemos el mismo idioma de ellos y respondamos a sus inquietudes de acuerdo con su edad.

v     Al escucharlos: hagámoslo con atención y comprensión; no los interrumpamos; no los forcemos a compartir más detalles de los expuestos; detectemos sus sentimientos cuando nos hablan; ayudémoslos a buscar alternativas de solución y mostrémosles las consecuencias de las opciones escogidas por ellos.

v     Al hablarles: tengamos una actitud respetuosa, sin atacar, ni menospreciar los hechos; mantengamos una posición abierta; evitemos sermones, chantajes, agresiones o acusaciones.

v     No traicionemos la confianza que han depositado en nosotros, contando sus secretos.

v     Démosles buen ejemplo, manteniendo con nuestro esposo o esposa, una comunicación amorosa, sincera y respetuosa.

Estas pautas nos pueden ayudar a tener el gran gozo de tener la confianza de nuestros hijos, a través de la cual depositarán en nosotros los motivos de sus alegrías y tristezas, permitiéndonos guiarlos en el camino correcto, el camino de Dios, evitándoles sufrimientos innecesarios.

Reflexionemos en Deuteronomio 6:7. El cumplimiento de este pasaje requiere de una verdadera comunicación.

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