Como seres humanos necesitamos de los demás para nuestro crecimiento personal en aspectos como el espiritual, el emocional y el intelectual. El saber que contamos, con Dios primeramente, pero también con nuestra familia y amigos, con quienes podemos interrelacionarnos, nos da seguridad, entusiasmo y optimismo.
En esta ocasión quiero compartir con ustedes, algunos aspectos de la COMUNICACIÓN que debe
mos tener con nuestros hijos; considerando que este elemento es fundamental a todo nivel, pero cobra una mayor importancia en el ámbito familiar. Como padres, tenemos la responsabilidad de conocer a nuestros hijos, para poderlos orientar sabiamente, con miras a que alcancen su máximo potencial en la vida; conocimiento que se logra, en gran manera, a través de la comunicación.
Quién no ha vivido en carne propia, o por lo menos, presenciado una escena como esta: en un viaje, u otra circunstancia, están cómodamente sentados, uno junto al otro, el papá y la mamá y a su lado los hijos. A los padres se los ve concentrados en el periódico u otra lectura, mientras los hijos se notan inquietos e interesados por lo que pasa a su alrededor. A la lluvia de preguntas de sus hijos, buscando explicación a lo que observan o piensan, los padres contestan con monosílabos, casi sin mirarlos, y al final, ya cansados por la inquietud de los niños, les dan una orden rotunda de sentarse y no volver a “molestar”. Los pequeños frustrados, no comprenden la actitud de sus padres, quienes, además entre ellos no se cruzan palabra salvo para preguntar la hora, o solicitar fríamente la sal, un bolso o cualquier otro objeto. ¡Qué cuadro tan lamentable! Y en la intimidad de su hogar, la situación no debe ser tan diferente.
Con patrones de conducta como este, ¿qué podemos esperar? No es raro que más tarde, nos estemos preguntando: ¿por qué, si somos sus padres, fuimos los últimos en saber que nuestra hija adolescente estaba embarazada, o que nuestro hijo consumía drogas alucinógenas? ¿Por qué cometieron estos errores? Pero hemos olvidado, que desde su infancia perdimos la valiosa oportunidad de comunicarnos con ellos y Dios nos dice en Proverbios 29:15: “niño dejado a sí mismo, avergüenza a su madre.”
Las siguientes pautas nos pueden ayudar a acercarnos y a comunicarnos mejor con nuestros hijos, tarea tan relevante para el futuro de ellos, que vale la pena insistir en su gran importancia; ya que la comunicación es el mejor medio para crear lazos sólidos entre padres e hijos:
v Nunca debemos estar demasiado ocupados para hablar con nuestros hijos. Si no es posible hacerlo en el momento, expliquémoslo y cumplamos una cita con ellos.
v Conversemos con nuestros hijos desde que sean bebés.
v Interesémonos sinceramente por sus actividades, amistades, logros y dificultades.
v Compartamos con ellos pasatiempos, quehaceres, juegos y proyectos, así tendremos más temas afines para conversar.
v Tomemos en serio sus problemas e inquietudes. No los subestimemos.
v Démosles la oportunidad de participar en la elaboración de las normas familiares, así podremos conocer mejor sus criterios.
v Organicemos reuniones familiares con abuelos, tíos y primos para compartir y conversar.
v En nuestras conversaciones con ellos seamos claros y cálidos.
v No esperemos que razonen como adultos, ya que son seres humanos en proceso de formación.
v Mostremos a nuestros hijos lo que realmente somos y sentimos, para que ellos a su vez puedan expresarnos lo que piensan y sienten.
v Hablemos el mismo idioma de ellos y respondamos a sus inquietudes de acuerdo con su edad.
v Al escucharlos: hagámoslo con atención y comprensión; no los interrumpamos; no los forcemos a compartir más detalles de los expuestos; detectemos sus sentimientos cuando nos hablan; ayudémoslos a buscar alternativas de solución y mostrémosles las consecuencias de las opciones escogidas por ellos.
v Al hablarles: tengamos una actitud respetuosa, sin atacar, ni menospreciar los hechos; mantengamos una posición abierta; evitemos sermones, chantajes, agresiones o acusaciones.
v No traicionemos la confianza que han depositado en nosotros, contando sus secretos.
v Démosles buen ejemplo, manteniendo con nuestro esposo o esposa, una comunicación amorosa, sincera y respetuosa.
Estas pautas nos pueden ayudar a tener el gran gozo de tener la confianza de nuestros hijos, a través de la cual depositarán en nosotros los motivos de sus alegrías y tristezas, permitiéndonos guiarlos en el camino correcto, el camino de Dios, evitándoles sufrimientos innecesarios.
Reflexionemos en Deuteronomio 6:7. El cumplimiento de este pasaje requiere de una verdadera comunicación.


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