Hay algo de misterio acerca de los relatos de los milagros en los evangelios que hacen inclusive que los escépticos tomen nota.
Canon Anthony Harvey del Westminster Abbey, un escolástico anglicano, observa que este rasgo del relato evangélico es único de la literatura antigua: “ellos no exageran el milagro ni añaden detalles sensacionalistas”, anota él, “a un grado que es raro en los escritos de la antigüedad, podemos afirmar, al usar una frase moderna, que ellos cuentan la historia en forma clara”.
Los evangelios tienden más bien a subestimar que a exagerar los milagros. Describen los milagros de Cristo como un simple evento del día.
Otros también han celebrado esta cualidad del reportaje desapasionado en las historias de los milagros. “Ellos no están interesados en contar historias maravillosas” dicen los autores del libro “Un campo dirigido al cristianismo”.
Ellos notan que el Apóstol Juan evita contar los milagros para su propio bien. Más bien, escoge y elige el milagro apropiado para convertirlo en un importante punto. Juan no intenta envolver su narrativa con historias maravillosas. “Jesús hizo muchas otras señales” dijo, “las cuales no son escritas en este libro” (Juan 20:30). Si se escribiera cada una de ellas, pienso que ni en el mundo entero cabrían los libros que se escribieran (Juan 21:25).
Las historias de los milagros de Cristo muestran propósito y comprensión. Evitan la calidad del trabajo extraordinario que a menudo se ve en cuentos sensacionalistas. “el rechazo en hacerlo aparecer como algo extraordinario para su propio bien” dice el teólogo M.H. Cressey en el “Nuevo Diccionario Bíblico”, “marca una huella profunda a las historias de los milagros bíblicos” de otras leyendas.
El más grande milagro de todos
La Biblia describe muchos milagros extraordinarios, sobre todo aquellos realizados por Jesús. Inclusive algo igualmente milagroso está teniendo lugar hoy, aunque principalmente no sea reconocido.
Jesús ha continuado realizando milagros en las mentes humanas durante los últimos 2,000 años. Quizás usted está experimentando el más grande milagro de todos. El llamado de Dios a un entendimiento espiritual y a una nueva manera de vida.
Viendo la verdad
Jesús debe realizar este milagro espiritual en nuestras mentes o sino no podemos ser sus discípulos. Eso es porque sin él, no podemos entender los propósitos de Dios.
Jesús les dijo a sus discípulos que este milagro había representado una diferencia en su comprensión de la verdad espiritual. “A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no“, dijo (Mateo 13:11). Esta comprensión no estaba entonces disponible a la inmensa mayoría de la muchedumbre (versículo 11).
Los discípulos estaban recién comprendiendo la verdad de Dios y sus caminos. Hasta que ellos recibieron el Espíritu Santo en el Día de Pentecostés, no tenían un completo entendimiento y poder espiritual.
En la noche final de la vida terrenal de Jesús, sólo antes de su arresto y juicio, Jesús instituyó la Cena del Señor con sus discípulos. Él explicó cómo ocurriría el milagro de Pentecostés en sus mentes y también en nosotros.
“Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre”, dijo Jesús (Juan 14:16). Este auxiliador milagroso era “el Espíritu de verdad” (versículo 17), quién traería una comprensión de los propósitos y los caminos de Dios. El Espíritu Santo “les enseñará todas las cosas” y “los guiará a toda la verdad,” dijo Jesús (Juan 14:26; 16:13).
El mundo no podría recibir a este Auxiliador, dijo Jesús (Juan 14:17). Pero los discípulos estaban empezando a experimentar el milagro de entender. Porque el Espíritu Santo “mora en ustedes y estará en ustedes“, les prometió Jesús (versículo 17).
Hay una razón por qué el milagro de entender y la fe deben ocurrir en nuestras mentes. Nosotros somos lo que la Biblia llama seres “carnales”. Entendemos solo lo que nuestros ojos, oídos y otros órganos físicos traen a nuestra mente. Nosotros comprendemos sólo las acciones y propósitos humanos. Pero Dios es Espíritu. No pueden entenderse sus caminos, carácter y propósitos a menos que él nos conceda el milagro de comprensión adicional (Isaías 55:8-9).
El apóstol Pablo explicó por qué es necesario el milagro que involucra la comprensión espiritual. “El hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios, porque para ellos es locura“, dijo Pablo. “No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente“, prosiguió (1ª corintios 2:14).
El milagro de entender resuelve este vacío entre nuestras mentes y Dios. Dios se revela milagrosamente a nosotros, a través de su Espíritu revela “cosas que el ojo no ha visto, ni el oído escuchó, ni ha entrado en el corazón de hombre” (1ª corintios 2:9). Eso es porque “el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios“, dijo a Pablo (versículo 10).
Recibiendo poder espiritual
Pero el milagro que Jesús realiza en nuestras mentes proporciona más que entendimiento. Crea una motivación para superar las debilidades humanas y seguir a Dios y sus caminos. Pablo expresó este milagro como una muerte del antiguo yo y el despertar a una nueva vida. “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí”, dijo Pablo (Gálatas 2:20) “Lo que ahora vivo en el cuerpo”, prosigue, “lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”. (Versículo 20).
Por un milagro, nuestras mentes pueden recibir el poder espiritual para vivir una nueva vida. En este más grande de todos los milagros, podemos recibir una señal de la voluntad de Dios y su carácter. Es un poder “de amor y de un cabal juicio” escribió Pablo (2ª Timoteo 1:7). Pero este más grande milagro de todos no puede ocurrir si usted no responde a Dios. ¿Cómo está respondiendo?
La respuesta
La respuesta humana apropiada a la gracia de Dios y a la verdad es mostrar interés en él y sus caminos. Quiere decir, buscar el camino de Dios en la obediencia y en fe, con celo y determinación (Mateo 22:36-40).
Si usted quiere experimentar el milagro más grande de todos, entonces Jesús dice que usted debe responder a su corazón. Siguiendo sus caminos con celo. De la boca para afuera no es suficiente. “No todos los que me dicen,”Señor, Señor” entrarán en el reino de los cielos, sino él quién hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (Mateo 7:21).
El camino hacia la fe y confianza en Dios es resumido por Pedro en el Día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo, quien dio ese entendimiento, estuvo disponible en forma general a los seres humanos. Pedro dijo: “Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados y recibirán el don del Espíritu Santo”. (Hechos 2:38).



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