Viviendo y Compartiendo el Evangelio

Muertos al Pecado ¿de veras?

Muertos al Pecado
¿de veras?


por Sheila Graham

Crecí en una granja, así que sé algo sobre animales—grandes y pequeños. Los animales son todavía parte de mi vida. Nuestra casa está rodeada por comederos para pájaros y ardillas. También, hay una baño para pájaros, en donde, durante los días secos del verano, las pequeñas criaturas forman fila para beber. Asimismo, tengo un caballo. No es montado con frecuencia pero le rasco el lomo y le doy de comer. Amo a los animales.

No hace mucho, mientras ayudaba a una de mis hijas a cambiarse de residencia, noté a través de la ventana que un par de pajarillos brincoteaban en el piso de la calle. Parecía que se estaban peleando. De pronto, uno de los pájaros se alejó volando, pero el otro continuaba revolcándose sin poder ponerse de pie. Cuando fui a investigar, vi que la pequeña criatura estaba lastimada. No podía volar; ni siquiera podía caminar. Su lomo estaba descubierto y sangraba por las picaduras de los demás pájaros. Sabía lo que tenía que hacer, pero no tuve el valor de hacerlo.

Cuando regresé más tarde para ver cómo estaba el pájaro, me dolió el corazón. Ahora, estaba inmóvil.

Estaba muriendo—lenta y dolorosamente. Miré hacia el cielo y le pedí fortaleza a Dios. El me la dio.

Pensé acerca de la vida y la muerte, mientras recordaba la escritura en donde dice que Dios ve a cualquier gorrión que cae. La muerte, es algo definitivo y terminal ya sea para una pequeña criatura o para un humano. Esto me condujo a pensamientos acerca de la diferencia entre la vida en la carne y la vida en el espíritu la cual no está sujeta a la muerte del cuerpo. Pensé acerca de las palabras que Pablo dirigió a los romanos acerca de estar muertos al pecado pero vivos en Cristo. ¿Acaso será que estamos muertos al pecado al igual que estamos muertos en este cuerpo una vez que termine esta vida física?

Cuando fui bautizada, me di cuenta de que ocasionalmente resbalaría en el pecado, pero nada grave. Usted sabe, tal vez chismear un poco o decir una mentirita blanca, o gritarle a mi esposo o a mis hijos. Dios no clasifica el pecado como lo hacemos nosotros los humanos, así es como yo pensaba. Después de todo, ya estaba muerta al pecado. Imagine mi pesar cuando me encontré a mí misma tentada más allá de mi habilidad de resistir—al menos más allá de lo que yo pensaba que pudiera resistir o quisiera resistir.

De cualquier modo, sin tener que adentrarnos en los secretos más oscuros, más de una vez en mi vida cristiana, he tenido que postrarme ante mi Salvador y pedir por ayuda desesperadamente ya sea para sacarme de una horrible situación pecaminosa o para evitar una.

Y sí, las palabras del apóstol sonaban en mis oídos: ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. (Romanos 6:2-4).

Dios me ha mostrado, en ocasiones por el camino difícil, de que hay algo más en la nueva vida del cristiano que pasear por el sendero de la vida con una sonrisa en mi cara pensando que ya lo logré. Por lo tanto, ¿de qué estaba hablando el apóstol?

Tomaríamos mucho más espacio del permitido para adentrarnos en la teología de Pablo. Muchos libros se han escrito sobre “exactamente ¿qué es lo que das a entender, apóstol Pablo?” En breve, muchos eruditos creen que había un “ya—pero todavía no” aspecto en la noción del concepto de salvación de Pablo. Tal como lo expresa el profesor James D. G. Dunn: “Los creyentes están en ‘Adán’ y siguen estando en ‘Adán’; aún no han muerto. Pero también están en ‘ Cristo’y han empezado a experimentar la vida, pero aún les falta experimentar la plena experiencia de la resurrección de Cristo—en la resurrección del cuerpo” (La Teología de Pablo el Apóstol, pág. 464).

Ahora, tome nota de los detalles antes y después de estos pasajes. El apóstol Pablo escribe: Porque si fuimos plantados juntamente [en él] a la semejanza de su muerte, también lo seremos a la de [su] resurrección; convencidos que nuestro viejo hombre juntamente fue colgado en el madero con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, [a fin de] que no sirvamos más al pecado. Porque el que es muerto, justificado es del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él. (Romanos 6:5-8).

El apóstol Pablo enseñó que la salvación por gracia era por la fe en Jesucristo. Por lo tanto, para algunos cristianos y no cristianos de su tiempo, se pensaba que la salvación por gracia animaba a pecar, de que ahora todo era lícito. Sin embargo, no era así. Pablo decía que en el bautismo una persona moría al pecado para posteriormente vivir en Cristo. Que para los cristianos, existe una obediencia a Cristo que va más allá de guardar la letra de la ley.

Por lo tanto, ¿Qué es lo que Cristo requiere de nosotros? ¿Cuáles son sus normas de justicia? Uno sólo tiene que leer el Sermón del Monte en Mateo 5 para darse cuenta de que desesperadamente nosotros los humanos quedamos cortos en cuanto a obedecer a Dios y de que necesitamos de su gracia.

Por lo anterior, el apóstol Pablo escribe que yo como cristiana, debo de vivir como si estuviera muerta al pecado. ¿Llegaré a pecar alguna vez? Claro que sí. Y así como me enoja el admitirlo, todavía estaré pasando tiempo sobre mis rodillas, confesando mis pecados y agradeciendo a mi Salvador por su perdón, gracia y misericordia.

Tuve misericordia en el sufrimiento físico de aquel pobre pajarito, pero mi sufrimiento y el de usted, el sufrimiento del pecado, Dios lo tomó en nuestro lugar y nos levantó a una nueva vida en el espíritu con él. A pesar de mis debilidades personales, sé que he dejado el “antes” de vivir en el pecado y que estoy en el “después” de vivir para Dios en Cristo Jesús. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 6:10-11).

Sheila Graham es una escritora y conferencista independiente sobre temas religiosos, sus temas incluyen el papel de la mujer en la iglesia, mujeres de la biblia, la familia, el medio ambiente y otros temas cristianos relacionados. Ella posee grados de religión de la Escuela de Teología Haggard en la Universidad Azusa Pacific, y de la Universidad Claremont Graduate.


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