
Por Joseph Tkach
Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre”, dijo Jesús, “Yo la haré” (Juan 14:13). Algunas personas parecen pensar que Jesús está dándonos un cheque en blanco—que podemos pedir cualquier cosa, que Él lo autorizará y se lo pasará al Padre, y que será hecho—como algo garantizado.
Todos sabemos que esto no funciona así— ¡y es una cosa buena que no funcione! Algunas personas oran para que llueva, al mismo tiempo que sus vecinos oran para que brille el sol. El que vende su casa ora por un precio alto, el comprador de la casa ora por uno bajo.
Si Dios tuviera que contestar cada petición que se le ha hecho en el nombre de Jesús, el mundo sería caótico, conducido por los caprichos de personas bien intencionadas pero tontas. Incluso si todos los seres humanos pudieran concordar, nosotros simplemente no tenemos la sabiduría para estar diciéndole a Dios cómo conducir el universo.
Así que, ¿qué quiso decir Jesús?
Cualquier cosa que pidamos
“Ciertamente les aseguro,” dijo Jesús, “que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre…. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa” (Juan 16:23-24). ¿Significa esto que llenamos la forma de petición, y que Jesús la firmará y la enviará a Su Papá? Diciendo: “Oye, Papá, tengo un amigo aquí que quiere un millón de dólares. ¿Qué tal si se lo concedes como un favor para mí?”
No, esa no es la forma en que funciona. Jesús no es un intermediario que estampa Su firma a una petición, diciendo que nuestra petición es realmente Suya. Él dice: “y no digo que voy a rogar por ustedes al Padre, ya que el Padre mismo los ama” (versos 26-27). Tenemos permiso para ir al Padre directamente, porque Dios nos ama tanto como Él ama a Su propio Hijo. (¿Le asombra éste pensamiento tanto como me asombra a mí?)
Hebreos nos dice que Jesús nos da permiso para ir a Dios directamente. No necesitamos un intermediario. Así que, ¿qué significa pedir en el nombre de Jesús?
Imaginémonos que estamos en un antiguo palacio. El rey está sentado en su trono, su príncipe está a su mano derecha, docenas de guardias a su servicio, cientos de leales siervos esperan órdenes para que todo decreto sea llevado a cabo inmediatamente.
Y ahora imagine que entramos al palacio, y los guardias inmediatamente nos abren el paso, sabiendo que tenemos permiso para acercarnos al rey. Ellos se hacen a un lado, se apresuran a atendernos y nos dan un trato regio. Entramos al cuarto del trono, nos inclinamos ante el rey, nos inclinamos ante el príncipe, y entonces le decimos al rey: “En nombre del príncipe, le pido un mejor empleo y una casa más bonita”.
Quizás mi protocolo real está un poco oxidado, pero me parece un poco extraño decir “en nombre del príncipe” cuando el príncipe está sentado justo ahí. Quizás esto no es lo que significa pedir “en el nombre de Jesús”.
Más que solo pronunciación
Algunas personas piensan que Jesús estaba hablando sobre pronunciar Su nombre en una cierta manera. Ellos creen que tenemos que obtener Su nombre correcto—como una palabra clave secreta—antes de que la petición pueda atravesar los filtros celestiales. Pero cuando las personas antiguas hablaban sobre el “nombre” de alguien, no estaban preocupadas acerca de la pronunciación correcta—ellas estaban refiriéndose al nivel o la importancia de la persona.
Podemos ver eso en la Epístola a los Hebreos. Empieza diciéndonos que Jesús ha heredado un mejor nombre que el que tienen los ángeles. El nombre en ese contexto parece ser “Hijo”, pero la palabra exacta no es realmente importante—el punto que se está elaborando es que Jesús es superior a los ángeles. Él tiene un nivel más alto, una gloria mayor.
Cuando hablamos acerca del nombre superior de Jesús, estamos realmente hablando acerca de Su importancia superior. Cuando oramos en el nombre de Jesús, no estamos tratando con una palabra especial—estamos tratando con una persona especial. Cuando oramos en Su nombre, estamos orando de acuerdo con la esencia que Él tiene—de acuerdo con Su naturaleza. Nuestra alabanza y peticiones deben ser algo que se ajuste a Su carácter.
Usemos otra analogía. Suponga que un oficial de policía dice: “Alto en nombre de la ley”—significa que el oficial tiene la fuerza de la ley detrás del mandato. Pero suponga que el mismo oficial pide un soborno: “Déme $20,000 en efectivo en nombre de la ley”. Usar las palabras “en nombre de la ley” no le da automáticamente apoyo legal al oficial, ¿verdad? Cuando el oficial dice “en nombre de la ley”, él está supuesto a actuar dentro de las reglas de la ley.
De la misma manera, cuando usamos el nombre de Jesús, no estamos obligando a Jesús a apoyar nuestros propios caprichos y deseos. Más bien, estamos diciendo que ya estamos en armonía con lo que Él quiere. Estamos diciendo algo que Él nos ha autorizado decir.
En vez de forzarlo a Él a conformarse a nuestros deseos, “en Su nombre” significa exactamente lo opuesto: Nosotros nos estamos conformando a Sus deseos, estamos actuando dentro de Su voluntad. Cuando hablamos de Su parte, necesitamos asegurarnos de que estamos diciendo algo con lo que Él estaría de acuerdo.
Cuando decimos “en el nombre de Jesús”, nos estamos conformando a las palabras del Padre Nuestro: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Que se haga tu voluntad en mi vida. Si mi petición no está de acuerdo con tu voluntad, entonces tómate la libertad de cambiarla a lo que ella necesita ser. “En el nombre de Jesús” es nuestra afirmación de que, según nuestro mejor conocimiento, nuestra petición está dentro de Su voluntad.
Deja que tus peticiones sean conocidas
Sin embargo, si tenemos que orar de acuerdo con la voluntad de Dios, ¿cuál es el punto de orar? ¿No va Él a hacer Su voluntad ya sea que se lo pidamos o no? ¿No ocurrirá sin duda, que si nosotros le pedimos a Dios que haga lo que Él ya quiere hacer, lo hará?
Pero Dios es el que nos está diciendo que oremos. En su sabiduría, Dios ha decidido hacer ciertas cosas solamente en respuesta a la oración. Algunas veces esto es así para que aprendamos, en el proceso de la oración, lo que es Su voluntad, y si nuestra petición es para propósitos egoístas. No siempre entendemos lo que es la voluntad de Dios, y orar puede algunas veces ayudarnos a llegar a un mejor entendimiento.
Pero sospecho que sobre muchas cosas, la voluntad de Dios no está escrita en piedra. Dios podría no haber decidido, por ejemplo, con cuál persona deberíamos casarnos—pero Él ya ha decidido cómo deberíamos tratar a la persona con la que nos casemos. Él requiere que nosotros escojamos a la persona, y escojamos cada día cómo interactuar con esa persona. La oración puede ayudarnos aquí, también.
La oración nos cambia—pero también afecta lo que Dios hace. Ya que Él ha decidido hacer ciertas cosas solamente en respuesta a la oración, Él decide qué hacer basado en parte en lo que nosotros hacemos, en lo que necesitamos en las situaciones que hemos escogido, y en lo que le pedimos a Él que haga. Él tiene el poder para llevarlo a cabo, la compasión para ayudarnos en nuestras necesidades, y la sabiduría para saber lo que realmente es mejor para nosotros.
“En toda ocasión,” dice Pablo, “con oración y ruego, presenten sus oraciones a Dios y denle gracias” (Filipenses 4:6). Cualquier cosa que tenga en su corazón, cualquier cosa que usted quiera, pídasela a Dios.
Jesús nos ha dado la autoridad para pedir—pero es una petición, no un mandato. Podemos confiar en que Dios responderá en la mejor forma posible, en el mejor tiempo posible. Pero cualquier cosa que hagamos (incluida la oración), debemos hacerla para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31). Cuando hacemos eso, podemos tener la confianza que estamos orando en el nombre de Jesús.



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