Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste.
El pobre tenía un problema: “No sabía quién era”
Lo que te falta es concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves que fácil es?”
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves qué bellas son?”
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: No te preocupes tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución:
“No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… sé lo que Dios quiere que seas, y para lograrlo, escúchalo.”
Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Lo que Dios quiere que sea…? Se preguntaba el árbol desesperado.
Cuando de pronto comprendió…y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar:
“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje…Tienes una misión. “Cúmplela”
Y el árbol se sintió fuerte y seguro y se dispuso a ser todo aquello para lo cual había sido creado.
Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
1 de Corintios 12:27 Todos ustedes, en conjunto, forman el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro individual y necesario del mismo.
En la vida, todos tenemos una misión que cumplir, tenemos un espacio que llenar… conforme al propósito de Dios.
Somos importantes para Dios, nos ha llamado a formar parte de su cuerpo.
Al igual que el árbol de la historia, abramos nuestro corazón, escuchemos al Señor y seamos lo que Él quiere.


Tu opinión: