¿Tenemos los libros
correctos en la Biblia?
correctos en la Biblia?
¿Quién decidió qué libros deberían
de estar en el Nuevo Testamento?
Por Mike Morrison
En la novela El Código Da Vinci, de Dan Brown, uno de los personajes principales dice que el Emperador romano Constantino decidió qué libros deberían de estar en el Nuevo Testamento. Supuestamente “comisionó y financió una nueva Biblia que omitió aquellos evangelios que hablaban de los aspectos humanos de Cristo y embellecieron aquellos que lo mostraba como semejante a Dios, y que los evangelios más tempranos fueron declarados ilegales, juntados y quemados” (Pág. 234).
El Código Da Vinci, a pesar de afirmar estar basado en hechos, es en realidad ficción, como lo es la afirmación anterior. No es difícil encontrar errores históricos en el libro. Vamos a considerar uno de ellos: La cuestión de la canonización, o la forma en la que los libros del Nuevo Testamento fueron reunidos en uno.
Un “canon” es una lista de libros autorizados. La palabra viene del griego, kanon, que significa caña de medida. Una definición de canon es “la lista de libros que pueden ser usados en la iglesia para enseñar doctrina”. Había muchos libros y cartas escritos en los primeros años de la iglesia. Entonces, ¿cómo llegaron a ser parte del canon de nuestro Nuevo Testamento o Biblia los libros que lo componen?
Un proceso Históricamente, la canonización puede verse como un proceso. No se logró por personas reuniéndose para determinar que libros serían autorizados. El proceso se llevó a cabo en tiempos y lugares diferentes. Sin duda, al principio, los apóstoles y los maestros en la iglesia primitiva contaron lo que Jesús hizo, dijo y lo que su muerte significó para nosotros. A su debido tiempo, esas narraciones fueron acotadas y escritas.
El proceso de canonización, aunque no fue nada oficial en el sentido de una lista aprobada, empezó en el primer siglo. Por ejemplo, algunas personas puede que vieran el Evangelio de Marcos como un registro autorizado de la vida de Jesús incluso antes de que se escribiese el Apocalipsis. O estaban leyendo Gálatas en la iglesia antes de que se escribiese Romanos.
A medida que los cristianos viajaban a diferentes zonas descubrían más escritos y decían: “Ese es un buen libro, ¿puedo hacer una copia? Recuerda que no había comunicación instantánea y completa como hay hoy, ni tampoco imprenta. Los libros que eran más útiles eran los más copiados.
“Los escritos que, a lo largo del tiempo, demostraron ser los más útiles para sostener, informar y guiar a la iglesia en su adoración, predicación y enseñanza llegaron a ser los más valorados, y ganaron una autoridad especial en virtud de su utilidad” (H. Gamble, Anchor Bible Dictionary, Vol. 1, Pág. 857).
Gradualmente varios libros fueron aceptados como Escritura, y solo después la iglesia empezó a marcar los límites de qué libros podían llamarse Escrituras y formar parte de la colección de escritos autorizados y útiles, esto es, el canon.
Policarpo, que vivió al principio del siglo II, a menudo citó del Nuevo Testamento, en la mayoría de los casos introdujo las citas con comentarios como; “Jesús dijo”, “Pablo escribe”, etc. Para Policarpo las palabras de Jesús tenían autoridad por sí mismas, como las palabras de Jesús, no porque estuviesen registradas en un libro aprobado.
Ireneo, alrededor del año 180, citó el Nuevo Testamento más de 1.000 veces. Él creyó claramente que los libros de los que citó gozaban de la autoridad para la enseñanza cristiana. Ireneo “citó las Escrituras” más de un siglo antes de Constantino. Sin embargo, Ireneo también llamó Escrituras a otros libros, tales como el Pastor de Hermas.
Clemente de Alejandría, alrededor del año 200, tiene cerca de 3,000 citas del Nuevo Testamento, pero no cita varias de las epístolas no paulinas o generales. Aparentemente no estaban en su canon. Tertuliano, que vivió en el Norte de África alrededor de la misma época, citó de todos los libros del Nuevo Testamento, excepto de 2ª de Pedro, de Santiago y de 2ª y 3ª de Juan. De forma similar, Hipólito de Roma no citó de Santiago, de 2ª de Pedro, de 3ª de Juan y de Judas. Cipriano de Cartago, a mediados del siglo tercero, citó cerca de 900 versículos del Nuevo Testamento, pero no citó nada de Hebreos, de Santiago, de 2ª de Pedro, de 2ª y 3ª de Juan, ni de Judas.
En estos escritos, mucho antes de Constantino, todos aceptaban Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Hechos y las cartas de Pablo, pero había algunas incertidumbres acerca de las epístolas generales.
En secciones y tiempos diferentes Los cuatro evangelios fueron aceptados al principio, aunque algunos estaban un poco preocupados de que hubiese cuatro versiones diferentes, pero autorizadas, del ministerio de Jesús. En Siria, Tatiano fundió los cuatro evangelios juntos en su Diatesseron, pero en el Imperio Occidental, los evangelios fueron aceptados como un grupo de cuatro. Ireneo incluso argumentó que cuatro era el número divinamente sancionado. Los escritos de Pablo fueron aceptados también como definitivos para la fe y la práctica cristiana. Aunque había algún desacuerdo sobre qué libros escribió en realidad, estaban de acuerdo en que tenían autoridad aquellos que él escribió. Hechos fue también extensamente aceptado, probablemente porque fue escrito por Lucas, el autor de un evangelio aceptado.
Había amplio acuerdo sobre la gran mayoría, 20 de 27 libros, del Nuevo Testamento. Los desacuerdos eran sobre unos pocos libros pequeños. Específicamente había algunas reservas con respecto a Hebreos, Santiago, 2ª de Pedro, 2ª y 3ª de Juan, Judas y Apocalipsis, y esto continuó varios siglos.
Eusebio reconoció solo una de las epístolas de Pedro como auténticas, y 2ª de Pedro era usada raramente. 2ª y 3ª de Juan fueron muy poco usadas hasta el siglo IV, y no estaban en las listas de Orígenes y Eusebio. La epístola de Judas también tenía una aceptación mixta, quizás porque Judas cita 1ª de Enoc, que raramente se consideraba autorizada.
Hubo algunos libros adicionales que se contaron ocasionalmente como autorizados: 3ª de Corintios, El pastor de Hermas, el Didache, la primera carta de Clemente de Roma, las cartas de Ignacio, Bernabé, el Apocalipsis de Pedro, los Hechos de Pablo, el Evangelio de Pedro y el Evangelio de Tomás. Algunos de estos forman parte de la colección llamada Los padres apostólicos, otros se consideran heréticos. Algunos de ellos fueron extensamente recomendados, y los límites del canon fueron de alguna forma difusos durante muchos años. Incluso en el siglo VI, el Códice Claromontanus no incluye Hebreos, pero incluye Bernabé, Hermas, los Hechos de Pablo y el Apocalipsis de Pedro.
Criterio
En general, los líderes de la iglesia primitiva miraron a tres criterios: 1) Antigüedad y apostolicidad: si un libro había sido escrito por un apóstol o alguien asociado con los apóstoles, tales como Marcos o Lucas. 2) Ortodoxia: si estaba escrito de acuerdo con las doctrinas tradicionales aceptadas desde el comienzo de la iglesia, y 3) Consenso: si muchas iglesias en diversos lugares estaban usando el libro. Aunque no había una fórmula para aplicar estos criterios a varios libros, estas eran la clase de normas o principios mencionados cuando un líder de la iglesia comentaba sobre si un libro particular debía de aceptarse o rechazarse.
A menudo, no se daba razón para que un libro fuese considerado autorizado en un sentido canónico, simplemente decían: “aceptamos este libro, pero no este otro”. Algunos libros fueron ampliamente aceptados porque muchas personas los encontraban útiles desde que fueron escritos y otros no. Los padres de la iglesia decían muy poco acerca de los factores determinantes, porque el canon se desarrolló gradualmente, en lugar de estar basado en la autoridad de una persona.
Sorprendentemente, la “inspiración” no fue un factor ya que esa era una categoría muy amplia e indefinida. Incluso los sermones eran considerados “inspirados”, el hecho de que un documento fuera inspirado no era prueba de que fuese también canónico.
Intentos de una lista de libros canónicos La primera lista de libros sin disputa procede de Eusebio, alrededor del año 320. “Aunque informó que algunas listas precedieron a la suya, incluyendo listas supuestamente de Clemente de Alejandría y Orígenes… estas listas, lo más probable, es que fueran invenciones que él construyó de sus propias tabulaciones de las referencias de las Escrituras del Nuevo Testamento que Clemente y Orígenes citaron” (Lee McDonald, Dictionary of the Later New Testament and Its Developments, Pág. 135).
Eusebio señaló que los siguientes libros estaban en disputa: Santiago, Judas, 2ª de Pedro, 2ª y 3ª de Juan, Hechos de Pablo, el Pastor de Hermas, Apocalipsis de Pedro, la epístola de Bernabé, Didache y posiblemente Apocalipsis. Eusebio escribió en el tiempo de Constantino y no dio ni una indicación de que este tuviera ninguna opinión sobre qué libros deberían de ser aceptados. Si Constantino trató de establecer la cuestión, no tuvo ningún éxito. Ninguna lista autorizada provino de él.
El canon de Cheltenham, probablemente a mediados del siglo IV, omitía a Santiago, Judas y Hebreos. El Códice Sinaítico, del siglo IV, incluye todo el canon actual más Bernabé y el Pastor de Hermas. El Concilio de Laodicea (363) omitía algunas de las epístolas generales y Apocalipsis. Atanasio de Alejandría, en el año 367, dio una lista idéntica al canon actual, pero no todos seguían su lista.
Listas del canon fueron parte del Concilio de Roma (382), del sínodo de Hippo (393) y de dos concilios en Cartago (397, 419), pero ninguno de estos concilios representó a la totalidad de la iglesia. El sínodo Trullan en Constantinopla en 691-2 ratificó las listas de varios concilios previos, incluso cuando se contradecían las unas a las otras. En Cartago se habían aceptado todas las epístolas generales y Apocalipsis, mientras que en Laodicea se habían rechazado algunas de ellas.
Roma no dictaminó sobre el canon oficialmente hasta el Concilio de Florencia (1439-43. El Concilio de Trento (1546) hizo de la lista actual de libros en el Nuevo Testamento un artículo de fe, pero solo por una votación en minoría, 24 a favor, 15 en contra y 16 abstenciones. La Iglesia Ortodoxa Griega no hay duda de que no recibió su canon de la autoridad romana.
Ningún concilio hizo que un libro fuese canónico, el concilio solo podía afirmar que un libro había estado en uso desde el inicio de la historia de la iglesia y que podía continuar, de hecho, siendo usado.
Algunos de los reformadores cuestionaron el canon, y “el valor inferior que Lutero dio a cuatro libros del Nuevo Testamento se muestra en su Tabla de Contenidos, donde a cada uno de los veintitrés primeros libros, desde Mateo a 3ª de Juan, les asigna un número, mientras que después de un espacio en blanco, la columna de títulos, sin números, continua con Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis” (Bruce Metzger, El Canon del Nuevo Testamento, 242).
No más que estos
¿Qué motivó a los líderes a hacer una lista de los libros considerados con autoridad para la fe? Dos factores pudieron jugar un importante papel: 1) heréticos tales como Marcion tenían su propia lista de libros, y 2) los perseguidores del siglo IV querían quemar los escritos sagrados de los cristianos, mientras que los cristianos trataban de esconderlos. Pero exactamente ¿qué libros iban a esconder?
Marcion había creado su propia lista condensada de libros de entre aquellos aceptados por la iglesia en general como autorizados. En efecto, él eligió sus favoritos de una lista ya existente de Evangelios y Epístolas. La iglesia respondió al canon abreviado de Marcion con un “No, más que esos”. Pero a los gnósticos y Montanistas, que querían añadir nuevos libros, la iglesia respondió con un “No más que estos”. El hecho de que Marcion se sintiera compelido a crear una lista reducida, o canon, muestra el hecho de que ciertos libros eran ya considerados con autoridad por la iglesia, incluso en aquella fecha tan temprana, bastante antes de Constantino.
Cuando Constantino aceptó el cristianismo, dio instrucciones de hacer 50 copias de alta calidad de las Escrituras, para que fuesen distribuidas, con el fin de asegurar la uniformidad de la enseñanza a lo largo de su imperio. Pero aparentemente no dijo nada sobre que libros incluir en aquellas copias. Incluso bastante después de Constantino, Anfiloquio de Iconio, en Asia Menor, rechazó 2ª de Pedro, 2ª y 3ª de Juan, Judas y Apocalipsis. Si Constantino trató de establecer el canon, fracasó.
Juan Crisóstomo (c.400) tenía 11,000 citas del Nuevo Testamento, pero ninguna de 2ª de Pedro, 2ª o 3ª de Juan, de Judas o de Apocalipsis. Aunque podía haber visto una lista diciendo que esos libros eran canónicos, la lista no pudo hacer que los usara.
En Occidente, las cosas eran más estables ya que había una autoridad central diciéndole a todos que aceptaran la traducción Vulgata, que contiene todos los libros del Nuevo Testamento aceptados hoy. Incluso así, más de 100 manuscritos, de los 8,000 de la Vulgata, incluyen la epístola espuria a los Laodicenses.
La autoridad hoy
¿Es el canon una lista de libros con autoridad, o una lista autorizada de libros? ¿Procede de sí mismo la autoridad de cada libro, o del hecho de que está incluido en la lista? ¿Es el canon independiente de la autoridad de la iglesia, o depende de la autoridad de la misma? Probablemente la mejor respuesta es un poco de ambas.
Muchos de los libros fueron reconocidos con autoridad intrínseca; los líderes de la iglesia primitiva reconocieron que los libros tenían autoridad incluso antes de que alguien votara al respecto. Estaban meramente ratificando lo que ya se daba por sentado. Ese fue el caso con los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, el Libro de Hechos y las epístolas de Pablo, la inmensa mayoría del Nuevo Testamento. Por otro lado, algunos de los libros discutidos eventualmente ganaron una amplia aceptación, no tanto por ellos mismos, sino porque fueron incluidos en una lista por varios líderes de la iglesia y concilios.
El canon fue determinado por la firme y continuada tradición cristiana, una tradición que había tomado forma por medio de esos mismos libros. Prácticamente hablando, no podemos añadir ni quitar más libros de nuestro canon del Nuevo Testamento; la inmensa mayoría de la iglesia resistiría cualquiera de esos cambios. Básicamente tenemos que confiar que Dios ha guiado a su pueblo de tal forma que lo que tenemos, presenta un testimonio fiel del evangelio y es un registro preciso de la revelación de Dios a la humanidad.
Como puedes ver, El Código Da Vinci no tiene nada que ver con los hechos de la historia. Constantino no tuvo nada que ver con decidir qué libros estarían en nuestra Biblia. Para la inmensa mayoría de libros del Nuevo Testamento, las iglesias habían tomado ya la decisión más de un siglo antes, basadas en la tradición de su uso durante un largo periodo de tiempo. Y Constantino no estableció nada con respecto al resto. ■



AMIGO DAVID AGREDA,DIOS TE BENDIGA…AMEN.
PERMITEME DISCREPAR CONTIGO,SI QUIZA TU HAS QUERIDO DECIR QUE NO SON TODOS LOS LIBROS VERDADEROS ,LOS QUE ESTAN EN LA BIBLIA?.
SABEMOS QUE LA BIBLIA FUE ESCRITA POR HOMBRES INSPIRADOS POR EL ESPIRITU SANTO,POR LO TANTO DECIR QUE LOS LIBROS NO SON VERDADEROS,O QUE NO ESTAN TODOS ES PECADO…AMEN.
LO DECIMOS CON TOTAL RESPETO POR LA SABIDURIA QUE TU HAS DESARROLLADO EN EL TRANSCURSO DE TU VIDA CRISTIANA,PERO NO ESTAMOS DE ACUERDO CON ESTE CONCEPTO,REPETIMOS ,SI ES QUE TU HAS QUERIDO DECIR ESTAS COSAS…AMEN.
HAY DOCTRINAS Y CONOCEMOS MUCHAS,QUE DICEN QUE LIBROS COMO EL LIBRO DE LOS HABREOS ES FALSO,TAMBIEN HABLAN ASI DEL LIBRO APOCALIPTICO,O DEL LIBRO DE DANIEL.
ESTO ES UNA MENTIRA,SI TENEMOS EL CONTEXTO BIBLICO QUE CRISTO NOS DA,VEREMOS QUE LA BIBLIA EN NINGUN MOMENTO SE CONTRADICE,COMO MUCHOS EXPERTOS BIBLICOS TERMINAN DICIENDO DESCONOCIENDO,EL DESARROLLO QUE ESTE CONTEXTO TIENE Y SU DURACION DENTRO DE LA FORMACION DOCTRINAL,QUE TIENE SU FIN EN EL LIBRO APOCALIPTICO,CONFIRMACION QUE ENCONTRAMOS EN ESTE,EN LOS CAP.22-VER-18-Y-19-….AMEN.
FIJATE QUE EN EL LIBRO DE JUDAS SE EXPLICA QUE EN LA LUCHA DEL ARCANGEL MIGUEL CONTRA SATANAS,POR EL CUERPO DE MOISES,ESTE NI SIQUIERA SE ANIMO A REPRENDERLE,SINO QUE DIJO,QUE EL SEÑOR TE REPRENDA…..HOY ENCONTRAMOS PASTORES QUE ATAN Y REPRENDEN EN UNA ACTITUD DIABOLICA,DEBEMOS DECIRLO POR MAS QUE SE OFENDAN PUES CRISTO ES MUCHO MAS QUE ESTOS SEUDOS CRISTIANOS HIPOCRITAS Y MENTIROSOS…AMEN.
DIOS TE BENDIGA VICTOR HUGO MENDEZ
satanas quito del canon al apocalipsis de pedro pues no le convino que supiera la gente lo tormentoso del infierno es una pena que no sea canonino.
Gracias es muy fortificante poder conocer sobre la voluntad de nuestro querido y amado Padre y su Hijo