Por Alberto E. Sousa
La verdad es que nos interesa más el día libre, la comida en reunión familiar, lo niños saboreando los huevos de pascua (al igual que los adultos) y todo lo que ello brinda en su entorno. ¡Ojo, a mi también me encantan los huevos de pascua y los suculentos manjares! Sin embargo, hay algo más que deseo compartir con ustedes.
Todos los años a partir de esta fecha escucho infinidades de sermones por maestros de la oratoria y teología que exponen el evangelio con pasión y elocuencia. Lo hacen en los templos religiosos o por distintos medios a cualquiera que esté dispuesto a oírlos. No obstante a ello, siento la falta de algo más profundo ¡Algo que me satisfaga y me llene de alegría y gozo! No cabe duda que la resurrección fue un hecho histórico de gran magnitud fácilmente comprobado por la historia bíblica y secular. Aún así, ¿cuál es el verdadero motivo de la resurrección de Nuestro Señor? Después de todo si celebramos al Cristo resucitado, ¿qué es lo que celebramos? ¿Para qué y para quién resucitó Jesús?
En primer lugar: casi toda LA HUMANIDAD ESTÁ ESPIRITUALMENTE MUERTA Y NECESITA VIDA. San Agustín dijo: “Tú nos creaste para Ti mismo, o Dios, y nuestros corazones no tienen descanso hasta que lo encuentren en Ti.” Desde el punto de vista de Dios, el problema del hombre no es solo que es pecador y necesita perdón; sino que su mayor problema es que está muerto y necesita vida.
En Segundo lugar: LA SOLUCIÓN ES QUE DIOS HA PROVISTO VIDA POR MEDIO DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO JESÚS. ¡“Yo soy la resurrección y la vida! El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás ¿crees esto? (San Juan 11:25)”
Cristo resucitó de la tumba para darnos vida porque estábamos muertos espiritualmente. Por lo tanto, para el creyente, LA VIDA que tenemos no es la nuestra, sino la del CRISTO RESUCITADO que vive nuestra vida mediante el Espíritu Santo radicado en nuestros corazones por la fe. Cristo no solo resucitó porque tenía el poder para hacerlo y demostrar al mundo que era Dios encarnado, sino más bien por el profundo amor hacia nosotros a fin de que vivamos eternamente.
La muerte que heredamos como consecuencia de nuestros pecados ya fue resuelta en la cruz del calvario hace más de 2000 años atrás. Jesús tomó el lugar que nos correspondía. Pagó la pena de muerte por nosotros, y ahora mediante la resurrección, tenemos la esperanza de vivir eternamente en su presencia. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito, para que todo el que cree en El no se pierda, sino que tenga vida eternal. (San Juan 3:16)”
Felices Pascuas de Resurrección.
Alberto E. Sousa tiene un ministerio de evangelismo personal y asiste a la Iglesia Plymouth Congregational Church junto a su familia, en la ciudad de Whittier, EEUU.





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