Viviendo y Compartiendo el Evangelio

¿Viviremos otra vez?

 

¿Viviremos otra vez?

Un estudio de 1ª Corintios 15:1-23

 


 

Michael Morrison
 
 
            Pablo escribió su carta a la iglesia de Corinto para referirse a varios problemas y preguntas que tenían los miembros. En el capítulo 15, él responde a la idea de que nadie resucitará de los muertos.
            Pablo empieza con una enseñanza que la gente ya había aceptado:
            “Quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano” (versos 1-2).
            Él describe los puntos principales del evangelio:
            “…que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras” (vv. 3-4).
            Somos salvados por la muerte y la resurrección de Jesucristo.
Tenemos esperanza de una vida futura y ella reposa sobre la resurrección de Jesucristo
            Ya que Pablo se está enfocando en la resurrección, él cataloga la evidencia de los testigos oculares:
            “se apareció a Pedro y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto. Luego se apareció a Jacobo, más tarde a todos los apóstoles, y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí” (vv. 5-8).
            Todos lo hemos visto, está diciendo Pablo, y pueden ustedes mismos verificar eso porque la mayoría de esos testigos están todavía vivos. En los versos 9-10 él se desvía del tema para hablar de su llamado como apóstol; y entonces concluye:
            “esto es lo que predicamos, y esto es lo que ustedes han creído” (v. 11).
¿Todo en vano?
            Con este fundamento, Pablo empieza a razonar:
            “Ahora bien, si se predica que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección? Si no hay resurrección, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes” (vv. 12-14).
            Los apóstoles son testigos del hecho que Jesús fue resucitado de los muertos. Por tanto, no tiene ningún sentido que alguien que cree en el evangelio, enseñe que no hay resurrección, porque ya ha aceptado un mensaje que proclama la resurrección. Si el mensaje está defectuoso en su base, no tiene sentido predicarlo, y todos deberían abandonarlo y olvidarse de él.
            Y si el mensaje está equivocado, los apóstoles son mentirosos:
            “Aun más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si en verdad los muertos no resucitan” (v. 15).
            Pero el problema se hace aun mayor que eso. Pablo señala otra consecuencia lógica:
            “Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados” (v. 17).
            El mensaje del evangelio proclama que Jesús murió por nuestros pecados—pero si el mensaje del evangelio está errado acerca de Su resurrección, no tenemos razón para creer la otra parte del mensaje, que Su muerte se hizo cargo de nuestros pecados. El mensaje de la resurrección está conectado lógicamente con el mensaje de la crucifixión. Si uno es falso, el otro también lo es.
            Y si la gente muere sin ningún perdón, sin ninguna esperanza de vivir otra vez, entonces no tenía sentido que ellos aceptaran el evangelio:
            “En este caso, también están perdidos los que murieron en Cristo. Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales” (vv. 18-19).
            En esta vida, corremos el riesgo de ser perseguidos por seguir a Cristo. Renunciamos a nuestros tesoros temporales y placeres en este mundo, pero si esta vida es todo lo que tenemos, ¿por qué deberíamos renunciar a todo? Si renunciamos a todo por un mensaje que ni siquiera era verdadero, seríamos justamente ridiculizados.
Jesús, el primero de muchos
            Pero el evangelio dice que en Cristo tenemos esperanza de una vida futura, y ella reposa en la resurrección de Jesús. La Resurrección conmemora no sólo el hecho de que Jesús volvió a la vida—se convierte en una promesa para nosotros de que también volveremos a la vida. Si Él no se levantó otra vez, no tenemos esperanza, ni en esta vida ni en la siguiente. Pero Él sí se levantó, y por lo tanto, sí tenemos esperanza.
            Pablo reafirma la buena noticia: “Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron” (v. 20).
            La palabra primicias es altamente significativa. En el antiguo Israel, los primeros granos en ser cosechados cada año eran cuidadosamente cortados y ofrecidos en adoración a Dios. Sólo entonces podía ser comido el resto de los granos (Lev. 23:10-14). Cuando ellos ofrecían las primicias, estaban reconociendo que todos sus granos eran un don de Dios; la ofrenda de las primicias representaba toda la cosecha.
            Cuando Pablo llama a Jesús las primicias, él está diciendo que Jesús es la promesa de una cosecha mucho más grande aun por venir. Él es el primero en ser resucitado, pero Él representa a muchos más que también serán resucitados. Nuestro futuro depende de Su resurrección. No sólo lo seguimos a Él en Sus sufrimientos, también lo seguimos a Él en Su gloria (Romanos 8:17).
            Pablo no nos ve como individuos aislados—Él nos ve como perteneciendo a un grupo. Pero, ¿cuál grupo? ¿Seremos personas que seguimos a Adán, o que seguimos a Jesús?
“Ya que la muerte vino por medio de un hombre”, dice Pablo, de la misma manera, “también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir” (vv. 21-22).
            Adán fue las primicias de la muerte; Jesús fue las primicias de la resurrección. Si estamos en Adán, compartimos su muerte. Si estamos en Cristo, compartimos Su resurrección. El evangelio dice que todos los creyentes serán vivificados en Cristo. Este no es un beneficio temporal en esta vida—es algo que disfrutaremos en la eternidad.
            “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen” (v. 23).
            Tan seguro como que Jesús se levantó de la tumba, nosotros también nos levantaremos, a una nueva e increíblemente mejor vida. ¡Regocíjate! Cristo ha resucitado, ¡y nosotros también resucitaremos! ■

 

Preguntas para diálogo
§        Todos los que vieron al Cristo resucitado ya están muertos. ¿Es el testimonio ocular de ellos todavía bueno? (vv. 5-8)
§        ¿Por qué querría alguien predicar que no hay resurrección? (v. 12)
§        ¿Tiene algún valor la fe cristiana, para la vida antes de la muerte? (v. 19)
§        ¿Es justo que Adán determine el destino de todos sus descendientes? (v. 22)

 

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