"Dios me dijo…"
¿Cómo podemos saber si Dios nos está dirigiendo a una decisión particular, o si sólo es algo que queremos hacer por nuestras propias razones?Por Mike Feazell
Tom: “Dios me dijo que lleve mi familia a Arabia”.
Alex miró a su amigo Tom, preguntándose si él sólo estaba bromeando o si se había vuelto loco. Alex había conocido a Tom por más de 10 años. Había sido el padrino de honor en la boda de Tom, sin mencionar que también era el padrino de las hijas gemelas de Tom y Alicia. Y Alex sabía que Tom y Alicia estaban preparados para la vida misionera en Arabia, como lo estaban los sapos para una torta de huevo.
Alex: “Bueno Tom, esa es una decisión bastante grande. ¿Cómo sabes que esa es realmente la voluntad de Dios para ustedes?”
Tom: “Bueno, por un montón de cosas…”, mientras miraba profundamente su taza de café. “Porque el sermón de Mel hace unas semanas realmente me puso a pensar”. Entonces Tom miró a Alex y le dijo: “Nosotros estamos siendo bastante egoístas disfrutando de la buena vida aquí en los Estados Unidos mientras que la gente alrededor de todo el mundo necesita ayuda. He orado mucho y parece que Dios ha respondido que deberíamos ir”.
Alex asintió pensativamente, considerando cómo responderle. Le dijo: “¿Cómo te dio Dios esa respuesta?”
Tom: “Bueno, para empezar, estuve hablando con los Hogarths, tu sabes, los misioneros en Arabia. Ellos me dijeron que podrían usar nuestra ayuda”.
Alex: “¿Qué clase de ayuda?”
Tom: “Bueno, tu sabes, soy muy bueno con la carpintería, y ellos dijeron que eso era justo por lo que habían estado orando—por alguien bueno con la carpintería. Es como si Dios me estuviera diciendo: Esto es lo que quiero que hagas, Tom”.
Alex: “¿Qué piensa Alicia al respecto?”
Tom: “Oh, ella no está tan emocionada como yo, pero estoy orando para que lo esté”
Alex: “¿no está tan emocionada?”
Tom: “Bueno, de hecho ella está totalmente opuesta a ello. Algunas veces ella puede ser cabeza dura. Pero pienso que el Señor le mostrará a ella que esa es la cosa correcta que debemos hacer”.
Alex vació un paquetito de endulzante en polvo dentro de su café y dijo: “Hmm, ya veo. ¿Qué si el Señor no se lo muestra a ella?”
Tom: “Él lo hará, Alex. Confío en el Señor. Y tengo un buen presentimiento acerca de ésta decisión”.
Tom no es único. Todos los días, cristianos en alguna parte del mundo se están convenciendo a sí mismos de que Dios les está diciendo que se casen con cierta persona, que agarren cierto trabajo, que vayan a cierta universidad, o “que salgan al mundo” y que hagan algo realmente grande y significativo para Él.

¿Cómo podemos saber si Dios realmente nos está dirigiendo hacia una decisión grande en la vida, o si, sólo quizás, nosotros simplemente estamos aburridos y frustrados de nuestra situación actual y buscamos un cambio o una salida de ella? ¿Una salida con el nombre de Dios estampado en ella?
Aquí hay algunos pensamientos que Dios me pidió que los compartiera contigo respecto a la toma de decisiones. O quizás Él no lo hizo. Cualquiera que sea el caso, aquí están mis dos centavos de valor. Dos centavos de valor bíblicamente enraizados, por supuesto. Hazlos dos minas, o dos talentos, o dos millas, si así lo prefieres.
1.Cuando Dios le habló a las personas de la Biblia, no había duda alguna de que era un mensaje de Dios. Generalmente, era entregado en persona por un ángel, y generalmente, dejaba a la persona receptora totalmente asustada.
2.Cuando Dios tenía que decirle a las personas lo que Él quería que hicieran, era generalmente algo que ellas no querían hacer.
3.Algunas veces, nuestras oraciones por la bendición de Dios son realmente nuestras oraciones para conseguir nuestra forma de hacer las cosas, a pesar de lo que Dios piensa. Considera al rey Acab, cuando quería atacar al rey Aram, que estaba quitándole a Acab algunas de sus ciudades favoritas. Acab preguntó al profeta Micaías si saldría victorioso. Micaías dijo a Acab la verdad, aunque todos los demás “profetas” le habían dicho a Acab que ganaría con seguridad la batalla. Acab no estaba buscando la voluntad de Dios; él estaba buscando la afirmación de su propia voluntad. Estaba haciendo una necedad, pero también quería la bendición de Dios para cubrirse las espaldas.
Bueno, aparentemente Dios no está para cubrirle las espaldas a los necios. Acab atacó al rey Aram y fue herido con una flecha que atravesó su armadura. Aparentemente, Dios no nos detiene de tomar decisiones estúpidas cuando ya estamos decididos a tomarlas.
4.Dios es bastante claro acerca de lo que Él ‘’dice” que hagamos: “La ley entera se resume en un solo mandato: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’”. Y por el valor que el mandato tiene, no tenemos que ir al otro lado del mundo para encontrar a nuestros vecinos.
5.Una de las razones por las que deseamos hacer algo “grande” para Dios es que estamos inseguros de nuestra aceptación ante Dios, y estamos esperanzados de que si hacemos algo “grande” como el mudarnos a un lugar muy lejano de la tierra y ser misioneros, le agradaremos más a Dios y podremos sentirnos mejor acerca de nuestra relación con Él.
6.Eso no es pensar según el evangelio—eso es pensar religiosamente. Dios nos ama donde estamos, y hay una “gran” obra cristiana en ser nosotros mismos en Cristo y mostrar Su amor a las personas con las que nos encontramos todos los días.
7.Cambiar nuestra localización no nos cambia a nosotros. No podemos huir de nuestros problemas. Si yo soy una persona perezosa en los Estados Unidos., seré una persona perezosa en Bangladesh. Si fui una persona muy impaciente con mi primera esposa, es muy probable que lo seré también con la segunda, o la tercera, si es que la tuviera.
8.Si necesitáramos cambiar, necesitaríamos cambiarnos a nosotros mismos, y no sólo meramente cambiar nuestras circunstancias. Necesitaríamos orar para tener un corazón amoroso, limpio y piadoso, y entonces llevar ese corazón limpio adonde quiera que la vida nos lleve, no adonde pensemos que podría haber una mayor gloria espiritual.
9.La gloria espiritual es invisible, no lo olvides, y está presente en todo acto de bondad y amor autosacrificial. La geografía o las posesiones no tienen nada que ver con ella. Si yo quiero hacer “más”
10. Para Dios, haría bien el empezar a ser un mejor esposo y padre, o esposa y madre.
11. Algunas personas con ordenación ministerial dan pobres consejos. No pienses que cuando un pastor o misionero dice: “Hey, pienso que Dios te está llamando a tal y tal cosa”, que necesariamente sabe de lo que él está hablando. Dice el proverbio: “en la multitud de consejeros, hay seguridad”. No debemos tomar la opinión emocionada de una persona, como si fuera la sagrada palabra de Dios sólo porque eso es lo que queríamos oír.

’Dios me dijo…” es con frecuencia un eufemismo para “yo quiero y he decidido…”
No está mal querer hacer algo y decidir hacerlo. Pero, ¿por qué no ser honestos? Por qué no decir: “He decidido ir al África y trabajar en una clínica de salud. Por favor, ora por mi”. Eso sería honesto. Pero 99 veces de cada 100 (en mi opinión, por supuesto) cuando alguien dice: “Dios me dijo que vaya al África y trabaje en una clínica de salud”, está jugando a lo tonto con la honestidad.
Dios puede y nos bendice en nuestras decisiones sin Él tomarlas por nosotros. Dios nos da la habilidad de pesar los factores en nuestras vidas, conseguir consejos, hacer algo de investigación, analizar los asuntos implicados y tomar decisiones bien informadas y pensadas. Y debemos pedirle a Él que nos guíe.
Pero, ¿por qué no dejar que Dios nos guíe? Es decir, ¿por qué no dejar que Dios nos guíe, en vez de primero decidir lo que queremos hacer (por nuestras razones personales ya sea que lo admitamos o no), y pedir que nos otorgue Su aprobación (recuerda al rey Acab) y entonces anunciar “Dios me dijo”? ¡No! porque eso significaría jugar a evadir la responsabilidad personal de nuestras decisiones.
¿No sería bonito mejor disfrutar de la libertad piadosa para decir…?:
“Señor, tengo varios caminos ante mi, y en base a toda la información según la entiendo, aquí está lo que pienso que probablemente debería yo hacer. Por favor, ten misericordia de mí mientras me meto en esto, porque como Tú bien sabes, a menudo soy un necio. Sé que en mi necesidad, Tú siempre has estado ahí, y yo sé que Tú también me cuidarás a través de todo esto. Solamente no permitas que las dificultades sean demasiado duras ésta vez.
Si hay algo que no he considerado, ¿me lo mostrarías antes de que sea demasiado tarde? Y si no distingo la pauta, entonces lo digo otra vez, por favor, ten misericordia de mí, un pecador, y frecuentemente, un tonto. Y una cosa más, si ésta es la puerta a una trampa en vez de una puerta a la bendición, ¿te importaría no soltarme de la mano hasta que regrese a donde debo estar? Gracias.
