Si te hubieras arrepentido de verdad

EL PROGRESO DE UN PEREGRINO

Mike Feazell

Si te hubieras arrepentido de verdad, no lo hubieras hecho de nuevo” es una frase que muchas almas atormentadas han escuchado de predicadores con buenas intenciones. Se nos ha dicho que el arrepentimiento es “dar la vuelta y seguir en sentido opuesto” y se explica en el contexto de dar la espalda al pecado y volverse a una vida de obediencia a la ley de Dios.

Los cristianos se proponen con la mejor de las voluntades a cambiar sus hábitos. Algunos de éstos cambian, pero otros parecen estar adheridos con un pegamento muy resistente. Aún aquellos hábitos que parecen haber cambiado tienen una desagradable forma de salir de nuevo. Y justo cuando nos estamos sintiendo frustrados y deprimidos al fracasar en alcanzar los altos estándares de Dios, escuchamos otro sermón o leemos un artículo acerca de cómo el “verdadero arrepentimiento” resulta en darle completamente la espalda al pecado. Así que le damos cuerda al viejo motor del compromiso y aquí vamos otra vez, con los mismos, miserables y predecibles resultados. Y se profundizan nuestra frustración y desesperanza, porque nos damos cuenta que nuestro “dar la espalda al pecado” es todo menos algo que hayamos logrado.

Entonces asumimos que no nos hemos “arrepentido verdaderamente”. Nuestro arrepentimiento no fue “tan profundo”, sincero o “del corazón”. Y si no nos hemos arrepentido de verdad, entonces quizá no tenemos fe de verdad. Lo que significa que no tenemos el Espíritu Santo y por tanto, no somos salvos.

Finalmente, o nos acostumbramos a vivir así, o hacemos lo que muchos: tiramos la toalla.

Dos lados de una misma moneda

El arrepentimiento y la fe marcan el comienzo de nuestra nueva vida en el Reino de Dios. Pero no la marcan porque nosotros hayamos hecho “lo correcto”, la marcan porque es entonces cuando se caen las escamas de nuestros ojos y vemos en Jesucristo la gloriosa luz del evangelio. (2 Corintios 4:4)

Cualquier cosa que se haya necesitado hacer para el perdón y la salvación ya ha sido hecha a través de la muerte y resurrección del Hijo de Dios. (Romanos 5:10; Efesios 2:1-10) Hubo un tiempo donde nos encontrábamos en la oscuridad respecto a esto. Pero al volvernos a Dios en fe, todo esto cambia.

La fe y el arrepentimiento van de la mano. Cuando pones tú confianza en Dios, dos cosas suceden. Te das cuenta de que eres un pecador que necesita la misericordia de Dios, y decides confiar en Él para que salve y redima su vida. En otras palabras, cuando depositas tu confianza en Dios, también te has arrepentido.

El creer o la fe, involucra y es parte del arrepentimiento. En Hechos 2:38, Pedro le dijo a la multitud, “Arrepiéntanse y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Al decir “arrepiéntanse”, él estaba implicando “crean” o “confíen”.

Más tarde, en la historia, Pedro lo pone de esta manera: “Arrepentíos y convertíos…” (Hechos 3:19). Este volverse a Dios es dar la espalda a tí mismo. No significa que ahora serás moralmente perfecto. Significa que le has dado la espalda a la ambición egoísta como el propósito motivador en tu vida y en su lugar pones tu confianza en Cristo y tu esperanza está en su palabra, su evangelio, su declaración con su propia sangre de nuestra redención, perdón, resurrección y herencia eterna. Ahora empiezas a vivir por Él y comienzas a poner las necesidades de otros por encima de las propias (Filipenses 2:3-5)

Dile “¡Sí!” al “¡Sí!” de Dios

Dios ha declarado un todopoderoso y eterno “¡Si! para ti por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo. Arrepentirse es decirle “¡Si!” al “¡Si!” de Dios. Es volverse a Dios para aceptar su bendito regalo, su declaración de tu inocencia y salvación en Cristo.

Confiar en Dios en esta forma de redención es definitivamente un cambio de vida. Nos libera de la obediencia del corazón, obediencia fundamentada en el amor en lugar de obediencia fundamentada en el temor al castigo. Y cuando sea que nos equivoquemos, podemos descansar en su infinito amor y regresar a la carrera, sabiendo que él nunca nos dejará ir.

Dios está de nuestro lado; lo ha probado en Jesucristo. Y como está de nuestro lado, nada puede interponerse entre él y nosotros (Romanos 8:31-39). Confía en él. Esta es una buena noticia para todos. Él es la Palabra y él sabe de qué está hablando.◊

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