¿Dónde estás Señor?

Por Michael Houghton

 

CO-0704-20.gifEsta mañana tuve unas palabras con Dios.

No, no fueron las típicas palabras de siempre.  Fueron palabras francas y directas.

No me gustaba como se estaban desarrollando las cosas, y finalmente, tras varios años, tuve que preguntar a Dios si tenía en mente algún propósito para mí.

Me encontraba de pie en la bañera justo debajo de la ducha. No me encontraba nada bien. A duras pena pude cerrar los grifos sin caerme,  pero no estaba seguro si podría salir de la bañera y mantenerme erguido. Desde que me diagnosticaron la enfermedad de Parkinson hace unos años, he sufrido bastantes caídas, y parece que siempre estoy sufriendo de algún dolor de cuello, o rodilla u hombro magullado.

Miré a mi alrededor a todas las superficies duras del cuarto de baño – lavabo, cómoda, poyata, armarios, suelo. Sabía con toda seguridad que volvería a caerme, y sabía que me iba a doler. La frustración de alguien que vive con una enfermedad degenerativa de largo plazo brotó en mí como el Monte Santa Elena, y exploté.

No le pregunté a Dios por qué estaba enfermo. En cambio, grité: “¿Que gloria puede haber para ti en esto?”

Y esperé un rato, con la esperanza de que alguien me echara de menos y vendría a comprobar cómo estaba.

Entonces grité de nuevo “¿Pero qué plan puedes tener tú aquí?”

Casi al instante recordé la promesa que Jesús hizo cuando dijo “Nunca os dejaré ni os abandonaré.”

Sin siquiera pensar en la efectividad que un rayo puede tener si el blanco estuviera de pie en el agua y empapado, me escuche gritar “¿Cómo puedo saber que estás ahí?”

Supongo que es bastante raro ver al Señor con tus propios ojos, a no ser que seas uno de esos tipos que salen en la televisión. ¿Cuántas veces se te presenta Dios para darte algunas palabras de ánimo, o para tomarte del brazo y ayudarte a salir de la bañera? ¿Y cuándo fue la última vez que Jesús vino a tu casa con algo para comer en aquél día que estabas demasiado cansado para prepararte un bocadillo? ¿O te lavó la ropa cuando no tenías medios para acercarte a la lavandería o ni siquiera tenías las fuerzas para cargar la lavadora?  ¿O leía contigo las escrituras mientras te vencía el sueño?

¿Cómo podemos saber que Dios está ahí? ¿Cómo podemos saber que no estamos solos en nuestras tribulaciones?

Bueno,  conseguí salir de la bañera de alguna manera, pero la pregunta continuó obsesionándome durante la comida y hasta bien entrada la tarde. De repente, me vino a la mente que cuando Jesús dio de comer a los cinco mil, ahí había discípulos. Cuando resucitó a Lázaro, ahí había discípulos. Cuando sanó a los leprosos y bendijo a los niños, ahí había discípulos.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por mi nieta de cuatro años, quien se acercó a mi mecedora, puso su mejilla pegajosa sobre mi mano y con una amplia sonrisa me miró. Cuando sentí el afecto de su dulce roce, la miré y ella me dijo. “Abuelito, siento que estés enfermo.” Las lágrimas comenzaron a fluir de mis ojos, porque comprendí que Jesús acababa de responder a  mi pregunta. Por eso sé que él está ahí.

Él viaja con sus discípulos. Allá donde vayan ellos, ahí está él. La mano que envía la tarjeta es guiada por el Señor. Las manos que preparan un guiso y las que lo reparten son guiadas por el Señor. El amigo que te visita y se sienta contigo solo para escucharte desahogar, él o ella también es guiada por Jesús. Y cuando mi nieta sonríe, Jesús me está dando de su amor junto con el suyo.

Él también viaja contigo. Siempre que estreches un lazo a aquellos que te rodean, Jesús está ahí contigo, ministrando a aquellos que le necesitan. Y siempre que te echan una mano en cualquier circunstancia, Jesús está detrás de ello.

Pablo escribió en Gálatas 6:14,  “Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quién el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” Todos somos Cristo para los demás cuando nos encontramos en momentos de necesidad.

Sigo clamando a Dios a veces, y estoy seguro que no le importa. Pero ya no tengo por qué preocuparme de si está ahí.

Traducido por: Antonio Rodriguez

Iglesia de Dios Universal  /  Iglesia de Dios Mundial

Este artículo ha sido leído Hit Counter veces