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¿Es malo celebrar la Navidad?


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Por Ralph Orr

Algunos cristianos creen que la Navidad no debe celebrarse. Algunos objetan el comercialismo de esta festividad; otros objetan su origen. Para entender este tema, es beneficioso trazar algo de la historia de por qué algunos la han evitado, particularmente sus raíces en el puritanismo.

Los puritanos creyeron que la Iglesia primitiva del primer siglo ejercía un tipo de cristianismo que los cristianos modernos debían imitar. Ellos trataron de basar su fe y práctica sólo en el Nuevo Testamento, y su posición con respecto a la Navidad reflejó su compromiso a practicar una forma de cristianismo puro y bíblico. Los puritanos creyeron que Dios se reservó a sí mismo la determinación de todas las formas apropiadas de adoración, y que él desaprobó cualesquiera innovaciones humanas, aún las innovaciones que celebraban los grandes eventos de la salvación.

El nombre Navidad alejó a muchos puritanos. La Navidad, después de todo, quería decir "la misa de Cristo" (en inglés "mass" es misa y "Christ" es Cristo, y la combinación de "Christmas" viene a ser literalmente la misa de Cristo). La misa era despreciada como una institución católica romana que socavaba el concepto protestante del Cristo que se ofreció una vez para siempre. La apasionada aversión de los puritanos en cuanto a cualquier práctica que hacía cualquier referencia al papado romano les hizo ignorar el hecho de que en muchos países el nombre de este día nada tenía que ver con la misa católica, sino que su enfoque era en el nacimiento de Jesús. La misa no evolucionó en la forma aborrecida por los protestantes sino hasta mucho después de que la Navidad se observaba por todas partes. Las dos costumbres tienen historias separadas, aunque estan entrelazadas.

Los puritanos, quienes eran protestantes fervorosos, identificaron la aceptación del cristianismo por el emperador romano Constantino a principios de los años 300 como el inicio de la degeneración y corrupción de la Iglesia. Ellos creían que la corrupción de la Iglesia comenzó por la mezcla de la iglesia con el estado pagano romano.

Para los puritanos, la Navidad era impura debido a que había entrado a la iglesia romana durante este período. Nadie sabe el año exacto o bajo qué circunstancias los cristianos romanos comenzaron a celebrar el nacimiento de su Señor, pero para mediados de los años 300, la práctica ya estaba bien establecida. No existe evidencia de que los dirigentes cristianos que iniciaron esta práctica conscientemente querían transigir con el paganismo. Ellos quizá sólo querían celebrar la encarnación. Sin embargo, los eruditos modernos generalmente están de acuerdo en que la fecha que ellos escogieron para la Navidad fue influenciada por la celebración pagana en, o cerca de la misma fecha en que honraban al "Sol Invencible". Consecuentemente, muchas costumbres que no están relacionadas con el nacimiento de Cristo, que caracterizan comúnmente las celebraciones modernas de la Navidad, fueron también parte de las celebraciones paganas precristianas. El carácter sincretista de la mayoría de las formas de celebración de la Navidad fue suficiente para que los puritanos evitaran el día festivo como una conformación con la práctica pura de la fe cristiana.

Actualmente no existen iglesias que se llamen a sí mismas puritanas. Sin embargo, sus descendientes teológicos permanecen. Su preocupación acerca de la Navidad ha desaparecido, excepto entre sus descendientes más fundamentalistas. 

El asunto central con relación a la observancia de la Navidad es este: ¿Cuánta libertad tenemos los cristianos en el nuevo pacto, ya sea en lo individual o como iglesia, de expresar nuestra fe, adoración y agradecimiento hacia Cristo en formas que no se encuentran en la Biblia? ¿Tenemos libertad los cristianos para hacer innovaciones en la adoración? ¿Pueden los dirigentes de la iglesia establecer días especiales para celebrar los grandes actos de la salvación?

Los cristianos devotos en ocasiones confunden las formas antiguas con la sustancia moderna. "Una vez pagano, siempre pagano" es la manera como en una ocasión la Iglesia de Dios Universal razonó. Aunque siempre hemos admitido el poder transformador de Cristo en las personas, lo negábamos en las costumbres y tradiciones. Aun muchas de las prácticas que Dios aprobó para la antigua Israel habían existido previamente en el paganismo. Los templos, los sacerdotes, los festivales de las cosechas, la música en la adoración, la circuncisión y el diezmo tenían duplicados en el paganismo antiguo. Dios transformó estas prácticas en una forma de adoración devota a él. Dios usó el sol para simbolizar un aspecto de Cristo (Malaquías 4:2), aunque éste se adoraba universalmente en las culturas paganas.

Jesús enseñó: "No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio" (Juan 7:24). Con frecuencia la crítica puritana sobre la Navidad se basaba en las apariencias externas y una fuerte perspectiva anticatólica.

Cuando Israel añadió la fiesta de la Dedicación y Purim a su calendario religioso, eventos que celebraban los actos salvadores de Dios en la historia judía, éstos fueron aceptables a Dios. También lo fue así la adición de la sinagoga y sus tradiciones. Ejemplos como éstos han llevado a muchos cristianos a concluir que la Iglesia también tiene la libertad de añadir a su calendario festivales que celebran la intervención de Dios en los asuntos humanos, como lo fueron el nacimiento y la resurrección de Jesús.

A menos que concluyamos que la celebración de la venida de Cristo como Dios en la carne es una cosa detestable, su celebración en el que fuera una vez un día festivo pagano es inaplicable. Los cristianos que observan la Navidad no son paganos. No adoran ni reconocen a los dioses paganos. Ellos honran a Cristo como Señor y Salvador.

Es verdad que muchos practican ciertas costumbres relacionadas con el 25 de diciembre en un espíritu pagano, pero una verdadera observancia cristiana de la Navidad no incluye borrachera, fornicación, juerga o cualquiera otra conducta indigna de los santos.

Desde luego que nadie sabe la fecha exacta del nacimiento de Jesús, pero esta falta de conocimiento no disminuye el valor de la celebración de su nacimiento. 

La posición de la Iglesia de Dios Universal es que no es malo celebrar el nacimiento de Jesucristo. Después de todo, su entrada en el mundo fue una causa de gran regocijo y de celebración, porque hizo posible la reconciliación humana con Dios. Al tiempo de su nacimiento, personas que amaban a Dios se regocijaron en alabanza y hasta los ángeles cantaron de gozo (Lucas 1:46-55, 68-79; 2:8-14, 28-32, 38).

Lo que motiva a los cristianos a celebrar la Navidad es el amor. Aman a su Salvador y aman a sus familias. La Navidad les proporciona una oportunidad para expresar ambos sentimientos. Juzgar ásperamente a quienes escogen practicar su fe en este espíritu de devoción está en conflicto con muchos principios del Nuevo Testamento. El hecho de que los que no son cristianos y aún algunos que lo son celebran la Navidad como un día de fiesta secular o en una manera profana, no es una razón para evitar la Navidad, como tampoco es una razón para evitar otras fiestas cristianas el hecho de que algunas personas se ocupan en actos irreligiosos durante éstas.

Todos los cristianos, celebren o no la Navidad, son bienvenidos en la Iglesia de Dios Universal. La decisión de observar la Navidad, y si se observa, cómo observarla, es un asunto personal. Tenemos libertad de celebrar o de no celebrar la Navidad.

No obstante, la Iglesia de Dios Universal tiene miembros alrededor del mundo, y en algunos países muchas prácticas relacionadas con la Navidad incluyen idolatría y otras formas de conducta no decentes para un cristiano. Les enseñamos a los cristianos a eliminar dichas prácticas de su observancia si deciden celebrar la Navidad. La Iglesia espera que tanto los cristianos que celebren la Navidad y aquellos que no la celebren, estén buscando honrar a Jesucristo (Romanos 14:5-6). Si usted escoge celebrar la Navidad con su familia, le exhortamos a que haga a Cristo el centro de su celebración.


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