El
liderazgo de la iglesia
Por Joseph Tkach
Hablemos del liderazgo de la iglesia, y dentro de la Iglesia de Dios Universal en particular. Ya que es cierto que cada cristiano tiene el Espíritu Santo, y este nos enseña a cada uno de nosotros, ¿hay necesidad de liderazgo dentro de la iglesia? ¿No sería más cristiano vernos como un grupo de personas iguales, todos capaces de desempeñar las mismas funciones?
Varios versículos en la Biblia, tales como 1 Juan 2:27, parecen apoyar esta
idea, pero solo si se toman fuera de contexto. Por ejemplo, cuando Juan escribió
que los cristianos no necesitaban a nadie que les enseñara, ¿quiso decir él
que no tenían que recibir enseñanza de él? ¿Dijo él, no presten atención a
lo que les digo, porque ustedes no necesitan que yo o que nadie les enseñe? Por
supuesto que esto no es lo que él quiso decir.
Juan escribió la carta porque esa gente necesitaba enseñanza. Estaba
advirtiendo a sus lectores contra el nosticismo, contra la idea de que la
salvación se encuentra en enseñanzas secretas. Él estaba diciendo que las
verdades del cristianismo ya eran conocidas por la iglesia. Los creyentes no
necesitaban ningún "conocimiento" secreto más allá de lo que el Espíritu
Santo le había dado a la comunidad.
Juan no estaba diciendo que los cristianos no necesitaban líderes ni maestros.
Cada cristiano tiene obligaciones individuales. Cada persona debe creer, tomar
decisiones acerca de cómo vivir y decidir qué creer. Pero el Nuevo Testamento
es claro en cuanto al hecho de que no somos individuos meramente, sino que somos
parte de un cuerpo. La iglesia es opcional en el mismo sentido en que las
obligaciones son opcionales. Dios nos permite escoger lo que debemos hacer, pero
eso no significa que todas las opciones son igualmente beneficiosas para
nosotros o que todas las opciones son iguales.
¿Necesitan los cristianos tener maestros? El Nuevo Testamento entero es
evidencia de que los necesitamos. La iglesia de Antioquía tenía
"maestros" como uno de sus posiciones de liderazgo (Hechos 13:1).
La habilidad de enseñar es uno de los dones que el Espíritu Santo le da a la
iglesia (1 Corintios 12:28; Efesios 4:11). Pablo se llamó a sí mismo maestro
(1 Timoteo 2:7; Tito 1:11). Aun después de muchos años en la fe, los creyentes
necesitaban maestros (Hebreos 5:12). Santiago les advirtió contra la idea de
que toda persona es un maestro (Santiago 3:1), pero sus comentarios todavía
indican que la iglesia normalmente tenía gente que enseñaba.
Los cristianos tenían necesidad de enseñanza bien fundada, de verdades de la
fe. Dios sabe que crecemos a diferente ritmo y tenemos diferentes habilidades.
Él sabe ya que Él es quien nos da esas habilidades en primer lugar, Él no les
da los mismos dones a diferentes personas (1 Corintios 12). Al contrario, Él
los distribuye para que podamos trabajar juntos para el bien común, ayudándonos
unos a otros, en vez de actuar solos haciendo lo que nos plazca (v. 7).
Algunos cristianos tienen más compasión, otros tienen más discernimiento,
otros son aptos para servicio físico, otros para la exhortación, otros para la
organización y otros para la enseñanza. Todos los cristianos son iguales en
valor, pero la igualdad no significa que son idénticos. A nosotros se nos dan
diferentes habilidades, y aunque todas son importantes, no son iguales. Como
hijos de Dios, como herederos de su salvación, somos iguales, pero no todos
desempeñamos las mismas funciones en la iglesia.
Dios coloca a las personas donde quiere y distribuye sus dones como mejor
quiere, no de acuerdo con lo que los humanos esperan.
Así que Dios pone a los maestros en la iglesia, gente que puede ayudar a otros
a aprender. Ahora bien, admito que nosotros, como organización humana, no
siempre seleccionamos a la gente más dotada, y admito que los maestros a veces
cometen errores.
Mas esto no invalida el claro testimonio del Nuevo Testamento de que la iglesia
de Dios tiene maestros, que este es un rol que debemos esperar ver en
comunidades de creyentes.
Aunque no todos tienen una posición específica para un "maestro", sí
esperamos que haya maestros dentro de la iglesia, y esperamos que nuestros
pastores tengan la habilidad de enseñar (1 Timoteo 3:2; 2 Timoteo 2:2). En
Efesios 4:11, Pablo agrupa a los pastores y a los maestros juntos, y los
estructura gramaticalmente como si esta función fuera una responsabilidad dual,
de pastorear y enseñar.
¿Una jerarquía?
El Nuevo Testamento no muestra una jerarquía específica para la iglesia. La
iglesia de Jerusalén tenía apóstoles y ancianos. La iglesia de Antioquía tenía
profetas y maestros (Hechos 15:1; 13:1). Algunos versículos del Nuevo
Testamento llaman a los líderes "ancianos"; otros los llaman
"encargados" y "obispos"; algunos solo los llamaban "líderes"
(Hechos 14:23; Tito 1:6-7; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3:2; Hebreos 13:17). Estos
parecen ser diferentes términos para el mismo rol.
El Nuevo Testamento no describe una jerarquía elaborada de apóstoles sobre
evangelistas, sobre pastores, sobre ancianos, sobre diáconos, sobre miembros.
De todas maneras, el término "sobre" quizá no es el mejor término
para todos estos roles de servicio creados para ayudar a la iglesia. Pero el
Nuevo Testamento sí nos dice que obedezcamos a los líderes de la iglesia, que
cooperemos con su liderazgo (Hebreos 13:17). La obediencia ciega no es
apropiada, ni tampoco lo son el escepticismo y la resistencia. Pablo describe
una jerarquía sencilla cuando le dice a Timoteo que escoja a ancianos en las
iglesias. Como apóstol, plantador de iglesias y guía, Pablo tenía autoridad
sobre Timoteo, y Timoteo tenía autoridad para nombrar ancianos y diáconos.
Mas esta era una descripción de Éfeso, no una prescripción para toda
organización futura de la iglesia. No percibimos ningún esfuerzo de atar las
congregaciones a Jerusalén, Antioquía o Roma. Esto no hubiese sido práctico
en el primer siglo de todos modos.
Entonces, ¿qué podemos decir sobre la iglesia hoy? Podemos decir que Dios
espera que la iglesia tenga líderes, pero él no especifica cómo deben
llamarse o la estructura de la cual serían parte. Él ha dejado que estos
detalles se resuelvan en las circunstancias cambiantes en las cuales se
encontrará la iglesia. Debemos tener líderes en las congregaciones, pero no es
tan importante qué título se les dé: Pastor González, Anciano Juan, Ministro
Rodríguez o Siervo Esteban, todos estos títulos son aceptables.
En la Iglesia de Dios Universal, usamos lo que se podría llamar un modelo
episcopal (la palabra episcopal proviene del término griego episkopos, que
significa "supervisor", y a veces es traducido como
"obispo") por las circunstancias en que nos encontramos. Creemos que
esta es la mejor manera en que nuestras iglesias tendrán validez doctrinal y
estabilidad. Nuestro modelo episcopal tiene sus problemas, como es el caso de
los otros modelos, ya que utiliza a humanos falibles. Creemos que por nuestras
circunstancias históricas y geográficas, nuestro estilo episcopal de
organización puede servir a nuestros miembros mejor que el modelo de gobierno
eclesiástico congregacionalista o el presbiteriano.
(Tengamos en cuenta que todos los modelos de gobierno eclesiástico, ya sean
congregacionalistas, presbiterianos o episcopales, pueden tomar una variedad de
formas. Nuestra forma del modelo episcopal es radicalmente diferente al de las
iglesias ortodoxas orientales, anglicanas, episcopales, católicas o luteranas.
Por ejemplo, nosotros no tenemos sacerdotes, vestiduras especiales o un servicio
litúrgico regular.)
La cabeza de la iglesia es Jesucristo, y todos los líderes de la iglesia deben
buscar su voluntad en todas las cosas, en sus propias vidas así como en el
funcionamiento de sus congregaciones. Los líderes deben ser como Cristo en su
liderazgo, lo cual significa que deben tratar de ayudar a otros, no beneficiarse
a sí mismos.
La congregación no es un equipo de trabajadores que ayudan al pastor a hacer su
trabajo. Al contrario, el pastor es alguien que ayuda a los miembros a hacer su
trabajo, la obra del evangelio, la obra que Jesucristo quiere que hagan.
Los ancianos y los líderes
ministerialesPablo compara a la iglesia con un cuerpo de muchas partes
diferentes. Su unidad no es uniformidad, pero trabajan juntos para un Señor y
propósito comunes. Los miembros tienen diferentes habilidades, y debemos
utilizarlas para el bien común (1 Corintios 12:7).
Como parte de la diversidad dentro de la iglesia, ordenamos ancianos, diáconos
y diaconisas, y nombramos líderes ministeriales. No tenemos definiciones
precisas para estos roles.
Algunos ancianos dan sermones; otros no. Algunos ancianos tienen la habilidad de organizar; otros no. Algunos sirven más en sabiduría que en trabajo. Algunos diáconos dan sermones; la mayoría no lo hace. Algunos trabajan en formas visibles; algunos trabajan entre bastidores. Esto se aplica también a las diaconisas. Cada uno sirve de acuerdo con su habilidad, todos bajo la guía del pastor (el supervisor, o episkopos de la congregación).
Los líderes ministeriales son aún más diversos, cada uno sirve (esperamos) de
acuerdo con su habilidad, de acuerdo con las necesidades de la congregación.
El pastor puede nombrar a líderes ministeriales para asignaciones temporales o
por períodos indefinidos.
¿Cuál es la diferencia entre "ordenar" y "nombrar"? En
general, una ordenación es más pública y permanente; un nombramiento podría
hacerse en privado así como en público, y podría ser revocado fácilmente.
Las ordenaciones son aprobadas por los líderes de la denominación, y son válidas
en todas las congregaciones. Es decir, una mujer ordenada diaconisa en una
congregación es considerada diaconisa aun si se muda y asiste a una congregación
diferente. Pero los nombramientos ministeriales no son transferibles automáticamente.
Es necesario renombrar a la persona si se muda, y por supuesto, esto se basa en
las necesidades de la nueva congregación y la decisión del pastor. Una
ordenación también puede ser revocada, pero se hace solo en circunstancias
excepcionales.
El pastor debe ser el maestro principal, y debe guiar a la congregación hacia
Cristo. El pastor tiene la autoridad sobre el horario de sermones, el calendario
de la iglesia, la organización estructural y los ministerios locales.
Cada congregación también debe tener un comité asesor y un comité para el
presupuesto para proveer consejo y dar ideas al pastor y ayudarlo a tomar
decisiones que beneficien a todos, pero no formalizamos la manera en que se
escoge cada consejo, o comité, ni cómo debe funcionar.
Sí decimos que las congregaciones deben ser informadas (por lo menos) cada tres
meses sobre las finanzas de la congregación, el presupuesto, los gastos y el
dinero disponible.
Ya que hemos exhortado a los miembros a participar en los ministerios, tenemos más
posiciones de liderazgo en la congregación que antes. Tenemos personas
encargadas de pequeños grupos de oración y estudio, líderes de música de
adoración, líderes de servicio a la comunidad y otros. Muchos de estos están
haciendo un trabajo considerable y con entusiasmo considerable.
Muchos de ellos demuestran dedicación y madurez espiritual sinónimas con las
de los diáconos y ancianos. Pero no siempre decidimos ordenar a estas personas,
y existe gran inconsistencia de una congregación a otra en cuanto a qué tipo
de servicio se presta para qué tipo de reconocimiento y nombramiento.
Estas inconsistencias son un problema para algunos, pero yo no veo la forma de
evitarlas. Queremos dar honor a los que merecen honor, pero también espero que
ninguno esté sirviendo con el propósito de recibir honor. Como dijo una vez
una persona famosa: Su recompensa está en el cielo.
En resumen, la estructura de cada congregación es flexible. No imponemos una
estructura particular sobre las iglesias no importa el tamaño o la situación.
Nombramos un pastor (o equipo pastoral) para cada congregación, pero la mayor
parte de los demás detalles estructurales es flexible. En raros casos, la
persona que sirve como pastor no es ordenada. Algunas congregaciones no tienen
ancianos; otras tienen varios. Algunas congregaciones tienen muchos diáconos;
otras no tienen ninguno. Algunas tienen más diaconisas que diáconos; otras no.
Hay mucha variedad porque las circunstancias de nuestras congregaciones son
diferentes y estas tienen diferentes dones.
Los pastores son algo así como conductores de orquesta. No pueden forzar a
nadie a guardar el compás, pero pueden proveer guía y coordinación, y el
grupo como tal trabajará mucho mejor cuando los participantes toman las
exhortaciones que se les dan.
En la Iglesia de Dios Universal, los miembros no pueden despedir al pastor. Los
pastores se escogen y se despiden en el ámbito regional, lo que en los Estados
Unidos significa la Administración de la Iglesia en coordinación con los
superintendentes de distrito.
¿Qué si un miembro piensa que un pastor es incompetente, o que está
dirigiendo a la congregación por mal camino? Ahí es cuando se aplica la
estructura episcopal. Los problemas de doctrina o de estilo de liderazgo se
deben discutir con el pastor primero, por supuesto, y entonces con el
superintendente de distrito (el supervisor, o episkopos, del pastor en el
distrito). A propósito, no me envíen tales quejas a mí. Yo no puedo
supervisar 900 congregaciones. Yo le envío tales quejas a la Administración de
la Iglesia, quien se las enviará al superintendente apropiado.
La sede sirve como un supervisor de los supervisores (supervisores, o episkopos,
de los superintendentes). Así como las congregaciones necesitan líderes
locales y maestros, los pastores también necesitan líderes y maestros. Es por
eso que creemos que la sede de la iglesia tiene un rol importante en el servicio
de nuestras congregaciones. Tratamos de ser una fuente de entrenamiento, de
ideas, de ánimo, de supervisión, de cooperación. Ciertamente, no somos
perfectos, pero este es el llamado que vemos delante de nosotros, y eso es lo
que tratamos de hacer.
Hermanos y hermanas, gracias por su labor en el Señor. Los últimos 10 años
han sido difíciles, y les doy las gracias por permanecer firmes. Nuestros ojos
deben enfocarse en Jesús. Él tiene trabajo para nosotros, y mucho trabajo ya
se ha hecho. Adorémoslo por su paciencia, por sus dones, y por la obra que nos
ayuda a crecer.