La iglesia de Éfeso
Apocalipsis 2:1-7

 

 

La iglesia perseverante

E

n la carta de apertura a la iglesia en Éfeso, Cristo se describe como el que  camina entre siete candelabros que representan las siete iglesias (1:20 -2:1). Esto nos dice que él es el líder de la iglesia y es su Salvador (Juan 10:28). Hay una alusión quizás aquí a Génesis 3:8, dónde el Señor está caminando en el Jardín del Edén con el hombre y la mujer que él había creado. Se nos da a entender en cada caso que el Señor busca una relación personal con su pueblo, y desea actuar recíprocamente con ellos y ser su guía.

La declaración acerca de Jesús que camina entre los candeleros evoca una promesa del Antiguo Testamento: "yo caminaré entre ustedes y seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo" (Levítico 26:12). Esta promesa al antiguo Israel se hace ahora a la iglesia, el nuevo Israel (Gálatas 6:2).

Cada carta empieza con una introducción de Jesús, "Yo conozco..." (2:2, 9, 13, 19; 3:1, 8, 15). A la iglesia se le hace entender que Cristo es absolutamente consciente de los dolores y persecuciones que los miembros de la iglesia pueden estar sufriendo. Él también sabe lo que ellos han logrado y donde han fallado en su fidelidad hacia él.

Las fortalezas de Éfeso (2:2-3)

La iglesia de Éfeso se había fortalecido en la fe (2:2, 4). Ellos habían sufrido por causa del nombre de Cristo y no se habían cansado espiritualmente. La iglesia también había sufrido el ataque de profetas falsos que intentaban introducir enseñanzas heréticas.

Se identifican los maestros falsos que intentaron infiltrarse en la iglesia de Éfeso bajo dos categorías. Ellos son "quienes claman ser apóstoles pero no lo son y los Nicolaítas (2:2, 6). Ninguna práctica o enseñanza de estos grupos se identifica específicamente. El último grupo se menciona de nuevo en la carta a la iglesia de Pérgamo (2:15).

La iglesia de Éfeso era al parecer diligente en eliminar la falsa enseñanza, antes y después de la época de Juan. Asumiendo la fecha tardía del libro de Apocalipsis, aproximadamente veinte años después de que el libro fue escrito, Ignacio alabó a la iglesia de Éfeso por rechazar a aquellos que promulgaron doctrinas heréticas (Ignacio, Efesios 9:1; cf. 6:2; 7:1; 8:1).

Problemas espirituales (2:4-6)

Irónicamente, la iglesia de Éfeso y sus líderes pudieron ir muy lejos en desarraigar las herejías. Había un problema espiritual en la iglesia descrita como el de alejarse del "primer amor" (2:4). Esto generalmente es tomado en el significado del amor de los miembros de la iglesia entre si.

Si esta interpretación es correcta, quizás el odio a las herejías había creado la sospecha e intolerancia entre ellos. La ortodoxia teológica y pruebas de lealtad pueden haber sustituido a la misericordia y compasión. Esto podría haber llevado a una preocupación indebida en estar en lo "correcto", resultando en el proverbial abuso de "colar el mosquito y tragarse el camello".

Ésta es una lección importante para todo cristiano. Mientras la pureza doctrinal es importante para la fe cristiana, esta puede llevar involuntariamente a una cacería de brujas y a un espíritu inquisitorio. Nosotros sólo podemos defender la fe si recordamos defender el amor entre si primero (Juan 13:34). Ya que el Dios Triuno es amor en su esencia, entonces los cristianos reflejarán ese amor cuando sean transformados espiritualmente por el Espíritu Santo que es una Persona de ese Dios.

La pérdida del amor fraternal de los efesios no era un asunto trivial. "Se trata como si estuviera involucrado a la caída de la vida cristiana", escribe G. E. Ladd, “Un comentario del Apocalipsis de Juan”, p.39. Si los Efesios no se arrepienten de su falta de amor, Cristo dijo que él quitaría de su lugar el candelabro (2:5). Esto implica que ellos dejarían de ser las personas espirituales de Dios, aunque pudieron haber ejecutado muchos trabajos poderosos en su nombre (Mateo 7:22-23). (Vea a 1 corintios 13:1-3.)

Escuchen al Espíritu (2:7)

La iglesia entera fue amonestada para escuchar lo que el Espíritu de Dios en Jesucristo había dicho a Éfeso (2:7). El hecho de oír en lugar de leer da énfasis a que esa revelación fue diseñada para ser leída en un culto público. Las iglesias estaban para escuchar a "lo que el Espíritu dice a las iglesias" (2:7). También, es el Cristo glorificado que es descrito como el que habla en estas cartas. Cristo y el Espíritu son claramente iguales. Cuando el Espíritu habla es Cristo quien habla.

Esto evoca las palabras de Pablo que dijo "El Señor es Espíritu" (2 Corintios 3:17). Eso no implica un modalismo herético dónde se señala que no hay ninguna distinción permanente entre las tres personas de la Trinidad. Las Personas de la Trinidad son distintas, como la revelación del Nuevo Testamento respecto a la naturaleza de Dios es clara, cada una de las tres personas tiene una relación interpersonal intrínseca en la trinidad. Así hay un Dios cuyas tres Personas están mancomunadamente envueltas en nuestra salvación.

Promesas a los efesios (2:7)

Como sucede en cada una de las cartas, a la iglesia de Éfeso se concluye con una nota de victoria y una promesa a aquellos que superan o conquistan. Los conquistadores en Cristo en estas iglesias no lo son por superar a un enemigo terrenal por fuerza humana o propia voluntad. Su esfuerzo es mucho más cósmico y personal (Efesios 6:12). Ellos vencen al mundo conquistándose asimismo en y a través de la victoria que realizó Cristo (Apocalipsis 2:26). La victoria de la iglesia es paralela a su victoria. La victoria eterna del Cordero de Dios que lo superó por vivir y morir en la fe (3:21).

Se promete a los vencedores de Éfeso el regalo de la vida eterna. El simbolismo de salvación para los efesios es "el derecho de comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios" (2:7).

Estos símbolos representan la vida eterna en el reino de Dios. El símbolo del árbol de la vida se usa de nuevo al final de Apocalipsis (22:2). Las raíces de ambos símbolos regresan al principio del Antiguo Testamento. Esto demuestra la unidad de los dos Testamentos en su presentación del mensaje del evangelio. El centro de mesa del Jardín del Edén era el árbol de la vida, un símbolo para la vida eterna (2:9).

Si Génesis 2-3 describe un Paraíso Perdido para Adán y Eva debido al pecado, entonces el libro de Apocalipsis promete un Paraíso recobrado a través de la sangre del Cordero. La iglesia resucitada a la vida (la Nueva Jerusalén) recibirá la salvación (coma el fruto del árbol de la vida) en el reino eterno del Cordero (el Jardín de Edén y Paraíso de Dios).

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